ABC: La eterna lucha de la hermana coraje vasca. Blanca Martínez lleva 13 años investigando la muerte de su hermano Miguel Ángel en Suecia.

Adrián Mateos 21/10/2018

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«Mi hermano murió en Suecia, sea o no el hombre que está enterrado. Algo le pasaba, algo muy malo. La última llamada que hizo al consulado fue para decir que quería irse cuanto antes de allí. Intentó sacar efectivo, pero no pudo. Lo que dicen los suecos es que se negó a irse del Nordea Bank hasta recibir el dinero. Que no estaba documentado, y que se lo llevaron a una comisaría. Que fue identificado a través de una fotocopia que mandó a la Policía española, la misma que apareció cuando encontraron el cadáver. Hasta la segunda autopsia, la que le hicieron en Londres, no descubrieron que a ese cuerpo le faltaba el corazón y la mayor parte del hígado».

Miguel Ángel Martínez Santamaría nació en 1960 en el municipio vizcaíno de Erandio. Su familia lo vio por última el 28 de abril de 2005, cuando abandonó su tierra para recorrer Europa en tren. Tenía 44 años y cerca de 12.000 euros en su cuenta bancaria. Además, percibía una pensión mensual de 618 euros por una esquizofrenia paranoide. El 29 de septiembre de ese mismo año, la Policía de Bilbao informó a su madre de la aparición de un cadáver en aguas de Lidingö, a escasos kilómetros de Estocolmo, con la documentación del ciudadano vasco en un bolsillo.

Su hermana, Blanca Martínez, ha sacrificado los últimos 13 años de su vida para esclarecer la muerte de Miguel Ángel. Decenas de cartas, documentos, faxes y otros escritos avalan la investigación de la vizcaína, que denuncia que ni la versión de las autoridades suecas ni la de las españolas logran sustentar un caso lleno de irregularidades. El Ministerio de Justicia Británico ha autorizado ahora la exhumación del cuerpo, operación que podría resultar clave para despejar las incógnitas.

           La Justicia británica ha autorizado la exhumación

Pese a este giro de los acontecimientos, Blanca todavía se siente «desprotegida» por las autoridades españolas y europeas: «Nadie me ha llamado nunca, nadie me ha escuchado. Las fiscalías no han hecho nada aquí ni allí, no he tenido derecho ni a un abogado», lamenta la que fuera delegada de SOS Desaparecidos en Euskadi, que reconoce que ha vivido con «rabia acumulada» durante todos estos años: «Sé que lo que me han contado es mentira —afirma—. Lo que más me duele es que hay gente que sí sabe lo que ha pasado, pero no me lo dicen».

Contradicciones

Lo que las autoridades suecas contaron a Blanca fue que su hermano entró a sacar dinero a una sucursal del Nordea Bank de la que se negó a marcharse hasta completar la transacción. Aunque tenía 12.000 euros en su cuenta, parece ser que tuvo problemas con su tarjeta de crédito: «No soy un indigente», le espetó a una empleada de la embajada española cuando se puso en contacto con ella para intentar solucionar el problema. Blanca MartínezMiguel Ángel, que no portaba documentación, fue presuntamente detenido y enviado a una comisaría de Estocolmo de la que salió en libertad sin cargos. Para reconocerle, España había enviado una fotocopia de su DNI que llegó a las siete y doce minutos de la tarde, tres horas después de que el ciudadano vasco quedara libre. Resulta inconcebible, por ello, que dicho documento apareciera prácticamente intacto en el bolsillo del cadáver hallado un mes después en un fiordo de Lidingö.

«El cadáver que apareció se encontraba en tan mal estado que no se podía saber la causa, la fecha y las circunstancias de la muerte, pero la fotocopia del DNI estaba intacta. Y me dijeron: “Le mandamos enterrar como un sin nombre, pero tenéis una suerte terrible porque en el departamento hay una enfermera de origen español que dijo que, por la cara, parecía tener aspecto de español”». Se trata de Isabella Franco Cereceda, que casualmente se encontraba en la morgue el día que llevaron el cuerpo. «En fin», suspira Blanca, que reconoce que al conocer la noticia entró en estado de «shock».

El cadáver se encontraba en estado de descomposición, pero la documentación apareció intacta

No hubo autoridades judiciales ni forenses en el levantamiento del cadáver, del cual tampoco se realizaron fotografías. A la familia se le impidió ver el cuerpo a pesar de que de dos primos de Miguel Ángel se desplazaron inmediatamente hasta Suecia para encargarse de los trámites. Desde un primer momento, y en base a las elucubraciones de la forense Petra Rästen-Almqvist, la Policía apuntó al suicidio, aunque en el propio informe se subraya que la causa de la muerte es «poco clara».

Fueron estas apenas algunas de las irregularidades de un caso del que el propio policía encargado de la investigación, Tommy Pettersson, desconocía buena parte de los detalles. De hecho, ni siquiera sabía el lugar exacto en el que fue hallado el cadáver. Por otro lado, unos informes aseguran que lo identificaron con el dedo índice izquierdo y otros con el derecho cuando, supuestamente, el cuerpo fue hallado sin la mano derecha. La familia de Miguel Ángel tampoco logró hallar a la ciudadana británica que supuestamente encontró el cuerpo en el fiordo sueco: «Denúncianos», asegura Blanca que le dijo una vez el jefe de la Comisaría de Estocolmo, que «no daba crédito» a lo sucedido.

Nueva autopsia

La experiencia fue dantesca, pero la pesadilla de la familia de Miguel Ángel solo acababa de empezar. Él mismo había dejado por escrito que quería ser enterrado en Londres, donde había trabajando algunos y años y donde estaba enterrada una mujer a la que apreciaba y a la que cuidó hasta el día de su fallecimiento. Dado que no habían quedado acreditadas las circunstancias de la muerte, los británicos se negaron a enterrar el cuerpo y ordenaron realizar una segunda autopsia.

El 17 de noviembre de 2005, el forense Peter Witkins confirmó que al supuesto cuerpo de Miguel Ángel Martínez le faltaban tanto el corazón como tres quintas partes del hígado. La autopsia reveló también que los pulmones no mostraban signos de ahogamiento y que las heridas que presentaba el cadáver no se correspondían con las que se pudo haber producido saltando desde un ferry o un puente, lo cual echaba por tierra la teoría del suicidio. Sin embargo, años después la forense Rästen-Almqvist ratificaría que dichos órganos se encontraban en el cadáver cuando lo analizaron en Estocolmo.

«Después de 13 años, todavía no sé ni si es el cadáver de Miguel Ángel —lamenta Blanca—. Todo está patas arriba, es un despropósito. Si el muerto es mi hermano, quedan por hacer un montón de preguntas. Si al final no lo es, es para escribir una novela». En este sentido, subraya que «no hay palabras» para explicar lo que ha padecido durante un tiempo en el que «nadie» la ha escuchado: «La sensación de abandono es terrible, tengo rabia acumulada y he educado a mis hijos en la rabia. Mi madre me educó en el amor y yo estoy educando desde la rabia. ¿Cómo se soluciona eso?».

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¿Considera la Comisión del Parlamento Europeo que las autoridades suecas, inglesas y españolas vulneraron los derechos de Miguel Angel Martínez Santamaría?

El 3 de septiembre de 2018 los eurodiputados Xabier Benito Ziluaga (GUE/NGL), Bodil Valero (Verts/ALE), Izaskun Bilbao Barandica (ALDE), Julie Ward (S&D) y Maite Pagazaurtundúa Ruiz (ALDE) han presentado en el Parlamento europeo 3 preguntas con solicitud de respuesta escrita a la Comisión.

1.- Pregunta  E-004473/2018 

Asunto:  Ciudadano vasco desaparecido y fallecido en Suecia: identificación, causas de la muerte y trato a la familia

El 22 de septiembre de 2005 apareció un cadáver en el río Lidingö que portaba una fotocopia de DNI. Con solo esa identificación por parte de las autoridades suecas y la embajada española, se avisó a la familia, a la que se le impidió ver o identificar el cadáver.

Posteriormente, a petición de la familia, los restos mortales se trasladaron a Londres sin salvoconducto mortuorio. Según las autoridades británicas faltaban órganos, cómo el corazón, y no se podía identificar el cadáver. A pesar de ello, el cuerpo fue enterrado como Miguel Ángel Martínez Santamaría.

La familia interpuso una denuncia por posible tráfico de órganos (N.º 0201-K27741-14 con fecha de 3 de enero de 2014). A día de hoy las autoridades suecas no han contactado con ellos ni les han tomado declaración. La denuncia telefónica fue en inglés, y la denuncia por escrito, en sueco.

¿Considera la Comisión que se está vulnerando la Directiva 2011/36/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 5 abril de 2011, relativa a la prevención y lucha contra la trata de seres humanos y a la protección de las víctimas al no dar acceso inmediato al asesoramiento jurídico?

E-004473-18

http://www.europarl.europa.eu/doceo/document/E-8-2018-004473_ES.html

2.- Pregunta  E-004474/2018 

Asunto:  Ciudadano vasco desaparecido y hallado muerto en Suecia. Reconocimiento e identificación de restos mortales y trato a la familia

El caso de Miguel Ángel Martínez Santamaría, desaparecido en extrañas circunstancias en Suecia, está lleno de irregularidades.

Las autoridades suecas realizaron una autopsia. La Sección Consular de la Embajada de España en Estocolmo procedió, con fecha de 11 de octubre de 2005, a practicar la inscripción de la defunción del Sr. Martínez Santamaría.

Sin embargo, no consta que la Embajada documentara de ningún modo el reconocimiento del Sr. Miguel Ángel Martínez Santamaría. La inscripción se realizó de oficio a resultas de la comunicación hecha por las autoridades suecas.

Además, a día de hoy,  ni la policía de Estocolmo ni el consulado español les ha entregado ningún documento oficial de la inscripción en Suecia.

1)   ¿Considera la Comisión que las autoridades españolas vulneraron la legislación al no realizar una copia testimoniada del documento por el cual reconocían el cadáver hallado como el de Miguel Ángel Martínez Santamaría?

2)  ¿Considera la Comisión que las autoridades suecas hubieran debido expedir un documento oficial de inscripción del fallecido en el registro civil?

3)   ¿Opina la Comisión que se ha podido vulnerar la Directiva 2012/29/UE en el trato recibido por el difunto y su familia, a la que no dejaron ni tan siquiera ver los restos mortales?

E-004474-18

http://www.europarl.europa.eu/doceo/document/E-8-2018-004474_ES.html

 

3.- Pregunta  E-004475/2018

Asunto:  Ciudadano vasco desaparecido y muerto en Suecia. Traslado de restos mortales

El 22 de septiembre de 2005 apareció un cadáver en el río Lidingö que portaba una fotocopia de un DNI. Con solo esa prueba para la identificación por parte de las autoridades suecas y la embajada española, se identificó al sujeto como Miguel Ángel Martínez Santamaría. Tras ello, por petición de la familia, sus restos mortales fueron trasladados a Londres, pero sin salvoconducto mortuorio y sin causa de fallecimiento.

Según el Convenio del Consejo de Europa de 26 de octubre de 1973, todo cadáver habrá de ir provisto, durante el traslado, de un documento especial denominado salvoconducto mortuorio, expedido por la autoridad competente del Estado de partida. Si no se indica la causa del fallecimiento por motivos de secreto profesional, un certificado que indique dicha causa, en sobre sellado, acompañará al cadáver en el curso del traslado y deberá presentarse a la autoridad competente en el Estado de destino.

1) ¿Considera la Comisión que las autoridades suecas y españolas vulneraron el Convenio del Consejo de Europa de 26 de octubre de 1973?

2) ¿Opina la Comisión que las autoridades inglesas vulneraron la ley al enterrar al cuerpo sin determinar la causa de fallecimiento y sin identificación?

E-004475-18

http://www.europarl.europa.eu/doceo/document/E-8-2018-004475_ES.html?redirect

 

 

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El misterio del cadáver sin corazón ni hígado: ¿fue Miguel Angel víctima del tráfico de órganos?

Andros Lozano
  • El cadáver del vasco Miguel Ángel Martínez fue hallado en 2005 en la orilla de un fiordo de Lidingö, un caro barrio residencial de Estocolmo.
  • El cuerpo llegó a Londres intacto, donde el hombre quería ser enterrado, pero un análisis posterior reveló que no tenía corazón ni el 60% del hígado.

Hay historias que parecen surgidas de la imaginación de un escritor de novela policíaca. La de Miguel Ángel Martínez Santamaría, nacido el 18 de agosto de 1960 en Erandio (Vizcaya), bien podría ser una de ellas. Aunque, por desgracia, la suya es real. Cuando le restaban cuatro meses para cumplir los 45 años, partió en tren desde su pueblo con casi 11.000 euros en la cartilla del banco y un deseo en la cabeza: recorrer Europa sin prisas. Fue el 28 de abril de 2005. Nunca más volvió.

Se sabe que en junio de ese mismo año Miguel Ángel se registró en el consulado español en Estocolmo (Suecia), donde informó a los funcionarios de que tenía problemas con su tarjeta de crédito. Sin documentación personal encima, le había sido imposible sacar dinero del banco pese al montante que tenía ahorrado y a la pensión mensual de 618 euros que recibía del Estado por la esquizofrenia paranoide que sufría. Miguel Ángel era un hombre tranquilo, nada violento y capaz de desenvolverse por sí solo.

Tres meses después, a las ocho de la tarde del 29 de septiembre de 2005, sonó el teléfono en la casa de María Isabel Santamaría. La policía de la comisaría de Bilbao le informó a la madre de Miguel Ángel de que el cadáver de su hijo -o de alguien que llevaba una fotocopia de su DNI en el bolsillo- había aparecido en la orilla de un fiordo de Lidingö, un caro barrio residencial de Estocolmo unido con la capital sueca a través de un puente. Según el dictamen de la forense Petra Rästen-Almqvist, al que ha tenido acceso este periódico, murió por ahogamiento.

La explicación que le dieron a la familia de cómo ocurrió todo fue la siguiente: lo más probable, les dijeron, es que se hubiera suicidado al lanzarse al mar desde uno de los ferris que unen Helsinki con Estocolmo, y que lo debió hacer unas semanas antes del 22 de septiembre de 2005. Ese día, Sara Evans, una ciudadana británica, halló el cadáver de Miguel Ángel flotando en el agua junto al puente que conecta Estocolmo con Lidingö.

Inmediatamente, dos primos de Miguel Ángel se desplazaron hasta Estocolmo para repatriar el cadáver y conocer más detalles de lo sucedido. En ningún momento se les permitió ver el cuerpo sin vida del finado por su avanzado estado de descomposición.

Como Miguel Ángel quería que lo enterraran en Londres, donde había vivido durante dos años y medio y porque allí estaba enterrada una antigua novia, la familia inició las gestiones para su traslado a Inglaterra.

El cadáver de Miguel Ángel fue hallado flotando en el agua junto al puente que conecta Estocolmo con Lidingö.

El cadáver de Miguel Ángel fue hallado flotando en el agua junto al puente que conecta Estocolmo con Lidingö.E. E.

El 4 de noviembre de 2005 llegó al aeropuerto de Heathrow, donde permaneció cinco días en sus cámaras frigoríficas dado que las autoridades británicas se negaron a autorizar su enterramiento. Desde Suecia no habían enviado el salvoconducto mortuorio ni otros documentos legales necesarios para casos como este que tenían que resolver en Reino Unido.

Como no se podía acreditar la causa de la muerte del cadáver enviado desde Estocolmo hasta Londres a través de una funeraria, el responsable de la oficina forense de Westminter, Terry Lovegrove, ordenó efectuar una segunda autopsia al cuerpo sin vida hallado en septiembre de ese mismo año en la orilla de un fiordo de la capital sueca.

La segunda autopsia al cadáver del vasco Miguel Ángel Martínez se practicó el 17 de noviembre de 2005. El caso de su muerte se tornó aún más intrigante al conocerse los resultados. El informe forense redactado por el galeno Peter Witkins reveló que el finado no presentaba el corazón ni tampoco el 60% del hígado. También que los pulmones no mostraban signos de ahogamiento ni de encharcamiento. Las autoridades suecas, sorprendidas, dijeron que, cuando el cadáver partió desde Estocolmo, estaba entero, con todos sus órganos intactos.

Finalmente, la familia de Miguel Ángel decidió enterrar el cadáver en el cementerio londinense de Gunnesbury, como era su deseo. Sin embargo, durante los últimos 13 años no han dejado de hacerse preguntas. ¿Y si hemos enterrado el cuerpo sin vida de alguien que no era Miguel Ángel? Y si era él, ¿pudo ser víctima de alguna banda dedicada al tráfico ilegal de órganos? ¿Mienten las autoridades suecas? ¿Murió de otro modo y luego fue lanzado al mar?

Miguel Ángel, de pequeño con sus padres: Ángel Martínez Saracho e Isabel Santamaría Bereincua.Miguel Ángel, de pequeño con sus padres: Ángel Martínez Saracho e Isabel Santamaría Bereincua. E. E.

Pronto se podrán dar respuestas a algunas de estas cuestiones. Las autoridades británicas autorizaron hace unos días la exhumación del cadáver de Miguel Ángel Martínez para que se le pueda realizar una tercera autopsia y la familia pueda obtener muestras de ADN que puedan ser cotejadas con las de otros miembros.

Así lo hizo público este lunes en su blog la hermana de Miguel Ángel, Blanca Martínez, que en una página de internet que lleva por título el nombre de su hermano se encarga de dar a conocer las últimas novedades del caso y explica con todo detalle qué le ocurrió a Miguel Ángel o la lucha de su familia por conocer la verdad.

El permiso para la exhumación ha sido concedido a título personal a Blanca Martínez, por lo que será la familia la encargada de asumir los altos costes de las pruebas. La Audiencia Nacional y la Fiscalía vasca habían realizado esta petición hasta en cuatro ocasiones, pero siempre de forma errónea. Se dirigían al Ministerior del Interior británico, del que no depende la competencia, y por eso nunca se recibía respuesta. La potestad estaba en mano de la cartera de Justicia británica.

Incidente en el banco: la fotocopia del DNI

El 1 de agosto de 2005, algunas semanas antes de su muerte, Miguel Ángel se personó en una oficina del Nordea Bank de la localidad de Karlstad para realizar una transferencia de dinero desde su cuenta del BBK a la del banco sueco. Según el atestado policial, como carecía de documentación, el director de la entidad desatendió su petición. Fue entonces cuando Miguel Ángel se negó a marcharse y el empleado llamó a la policía local.

Los policías se llevaron a Miguel Ángel a comisaría, donde permaneció desde las 10.25 de la mañana de aquel primero de agosto hasta las 4.20 horas de la tarde. Como no portaba DNI o pasaporte, la policía sueca se puso en contacto con las autoridades españolas para aligerar su identificación.

Miguel Ángel, en una foto recogida en un documental de la ETB.

Miguel Ángel, en una foto recogida en un documental de la ETB.

España envió la fotocopia del DNI a las 19.12 horas de aquel día. O lo que es lo mismo: casi tres horas después de que los suecos lo dejasen en libertad sin cargos. Semanas después, cuando el cuerpo sin vida de Miguel Ángel estaba en el depósito de cadáveres, una enfermera con raíces españolas, Isabela Franco Cereceda, encontró la fotocopia del DNI del fallecido en uno de los bolsillos de su pantalón, sin que se le hubiera corrido la tinta ni que el papel se hubiera deshecho. ¿Cómo era posible, si cuando salió de comisaría restaban tres horas para que llegara la fotocopia?

La defensa de la forense: un corazón de 261 gramos

Una semana después del incidente en el banco, el 8 de agosto, Miguel Ángel llamó desde Mariestad, a 300 kilómetros de Estocolmo, a la embajada de España en la capital sueca. Hasta que se encontró el cadáver, ésta fue la última vez que hubo constancia de Miguel Ángel en el país escandinavo.

En el informe forense se especificó que Miguel Ángel había muerto por ahogamiento. El cadáver del vasco presentaba hematomas en la zona costal y en la cápsula suprarrenal derecha. Pero también una herida en la ceja derecha, algo que pasó por alto la forense sueca, como explica Blanca Martínez.

 

Examen post mortem de Miguel Ángel.

 

El análisis tras la muerte de Miguel Ángel Martínez se practicó cinco días después del hallazgo del cadáver. Como no incluía fotos de la autopsia, la familia nunca ha visto el cadáver. Cuando la familia le planteó todas sus dudas a la forense Rästen, la doctora respondió que, cuando ella realizó la autopsia, el corazón de Miguel Ángel pesaba 261 gramos, que tomó un pequeño pedazo para analizarlo y que luego fue devuelto.

Ahora, con la autorización británica, la familia de Miguel Ángel alberga la esperanza de, al menos, aproximarse a la verdad. Durante todo este tiempo siempre han pensado que el primer hijo, el primer nieto y el primer sobrino nacido entre los suyos fue víctima de alguna banda que le quitó los órganos y que, más tarde, lo lanzó al mar.

Por eso Blanca Martínez suele recordar que en los últimos años, según un estudio del hospital Karolinska de Estocolmo, una treintena de suecos han pagado dinero para comprar un órgano en en países extranjeros.

Una vez se realice la exhumación del cadáver y se coteje el ADN del finado con el de los familiares directos de Miguel Ángel, en caso de que dé positivo se le practicará una nueva autopsia. Aunque no se podrá saber si el cuerpo ya llegó a Inglaterra sin órganos, el análisis de sus huesos podrá explicar si murió ahogado o por otra razón. Si fuera así, la historia de Miguel Ángel Martínez volverá a sufrir otro nuevo giro de guión.

 

https://www.elespanol.com/reportajes/20180725/misterio-cadaver-sin-corazon-miguel-victima-trafico/324968469_0.html

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A mi hermano Miguel Angel Martínez Santamaría le mataron y pudo ser víctima de tráfico de órganos en Suecia pero NADIE ha investigado

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SVT Nyheter: Brittisk polis utreder mystiskt likfynd på Lidingö för 13 år sedan

Kroppen, som flöt iland på Lidingö 2005, ska grävas upp ur graven på Gunnersbury cemetery i London. Foto: Alexey Komarov/Googlemaps

Londons rättsläkare har utfärdat en order att undersöka kvarlevorna efter en 44-årig man som hittades död vid Lidingö utanför Stockholm 2005. Det finns misstankar kring hans död eftersom hjärtat och en del av levern saknas i kroppen, enligt brittiska The Times.

I september 2005 fick en spanjors föräldrar ett telefonsamtal om att deras 44-årige son var död.

Sonens kropp hade spolats i land på Lidingö, enligt The Times.

Efter obduktionen hade svenska myndigheter slagit fast att den troliga dödsorsaken var självmord. Teorin var att mannen ska ha hoppat från en färja och drunknat.

– Så vitt vi vet i region Stockholm avskrevs det som ett självmord 2005, och vi vet inget mer, säger poliskommissarie Fredrik Wallén som är kommunpolis på Lidingö till SVT Nyheter.

Hjärtat försvann

Kvarlevorna transporterades till London två månader senare. Men någonstans på vägen försvann mannens hjärta och en del av levern.

Misstankarna kring hans död väcktes när hans kvarlevor anlände till Storbritannien. Det saknades ett dokument och därför gjordes ytterligare en obduktion som visade att organen saknades.

Nu har Londons coroner, rättsläkaren, som kopplas in vid oklara dödsfall, utfärdat en order om att kvarlevorna ska tas upp från kyrkogården i Gunnersbury och inleda en ny undersökning av omständigheterna kring hans död, skriver The Times.

Tvivel

Vid den tidigare obuktionen i Storbritannien uttryckte rättsläkaren även tvivel om huruvida mannen drunknat, eftersom det inte fanns spår av vatten i lungorna, uppger både The Times och The Local.

Kvarlevorna transporterades till Storbritannien, eftersom mannen uttryckt sin vilja att bli begravd invid sin tidigare flickvän som hade dött ung.

Mannen hade bott i Storbritannien i två år och arbetat på ett lasarett, men i samband med dödsfallet hade han lämnat sitt hem nära Bilbao för att tågluffa genom Europa, enligt The Times.

Fem månader efter avresan från Spanien spolades hans kropp upp på Lidingö.

”Ingen redogör för någonting”

I mer än ett decennium har hans anhöriga sökt svar på frågor om sonens död. De önskar en ny utredning, vilket nu sker.

– Vi vet inte om han blev dödad, vem som dödade honom, vem som stympade honom. Ingen redogör för någonting, sade hans syster till El País, enligt The Times.

Svenska myndigheter har tidigare insisterat på att hjärtat var på plats när kvarlevorna lämnade Sverige och menade att det hade kollapsat, medan andra experter tvivlade på det, enligt The Times.

Den svenska polisens internationella enhet uppger att det inte inkommit någon fråga nyligen från Storbritannien angående fallet.

The Times uppger att mannen hade psykiska problem och sågs sista gången den 1 augusti 2005, efter att han blivit förhörd av polisen om ett gräl på en bank i Karlstad.

 

https://www.svt.se/nyheter/inrikes/brittiska-myndigheter-loser-mysterium-med-lik-utan-hjarta-vid-lidingo

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El Correo «Solo quiero saber si mi hermano es el muerto que enterramos»

Miguel Ángel Martínez, que trabajó dos años como celador en un hospital de Londres/E. C.
Miguel Ángel Martínez, que trabajó dos años como celador en un hospital de Londres / E. C.

Londres exhumará el cadáver de Miguel Ángel, el vecino de Algorta (Getxo) que apareció en un fiordo en Estocolmo sin corazón ni parte del hígado

EIDER BURGOS  

Hace 13 años, Miguel Ángel Martínez fue enterrado en el cementerio londinese de Gunnesbury, tal y como había pedido. En abril de 2005, este vecino de Erandio de 45 años emprendió un viaje desde Irún que le llevaría por toda Europa. El 22 de septiembre, su cuerpo apareció en la orilla de un fiordo en Estocolmo. Una forense sueca dictaminó que se había suicidado lanzándose al agua desde un ferry. Cuando fue trasladado a Inglaterra, sin embargo, una segunda autopsia dio un grotesco vuelco al caso: no se encontró agua en los pulmones y además le faltaban el corazón y tres quintas partes del hígado. Su familia ni siquiera está segura de que a quien dieron sepultura era Miguel Ángel.

Después de más de una década de «lucha» con diversas autoridades y embajadas, al fin Londres les ha concedido el permiso para exhumar el cadáver. El objetivo, que se le someta a una tercera autopsia con la que determinar no solo cómo murió, también si realmente es él: «Quiero saber si mi hermano es el muerto que enterramos», clama Blanca Martínez, hermana menor del fallecido.

Según denuncia, «la policía sueca nunca llegó a identificarle». De hecho, iba a ser enterrado «sin nombre» hasta que una enfermera encontró fortuitamente una fotocopia del DNI de Miguel Ángel en uno de sus bolsillos cuando ya estaba en la morgue. Más tarde se les informó de que le habían identificado por las huellas de la mano izquierda, «aunque la Policía Nacional solo les remitió las de la derecha». No podía contrastarlas, porque al cuerpo le faltaba precisamente esa mano. Lo de que su hermano saltó de un ferry, Blanca tampoco se lo cree: «Un agente sueco nos dijo que era imposible que fuera en ese barco sin que le tomaran los datos primero, y su nombre no aparece en ningún registro».

En su contexto
2005
fue el año en el que desapareció Miguel Ángel Martínez. En abril, tomó un tren desde Irún para emprender un viaje por Europa. En septiembre, su cuerpo apareció en un fiordo en Estocolmo.
Autopsias dispares
La primera determinó que se había suicidado saltando de un ferry, pero la segunda no halló agua en los pulmones. Le faltaban el corazón y parte del hígado. Además, el barco desde el que supuestamente se lanzó registra a todos sus pasajeros, y el nombre de Miguel Ángel no aparece en las listas. Al cuerpo le faltaba la mano derecha.

 

Sobre la muerte de Miguel Ángel siempre ha volado la sospecha del tráfico de órganos, aunque Blanca prefiere ser cauta: «No voy a decir que fue víctima de ello, pero tengo mi teoría». Lo que sí denuncia sin tapujos son las muchas «irregularidades» cometidas. También por las autoridades vascas y españolas, que se han limitando a «mantener el caso en un cajón». «Nadie nos ha llamado. A mí, que soy la víctima, me ha tocado ser investigadora, abogada, criminalista… Hay gente que no tiene categoría», denuncia.

Ante la próxima exhumación, espera que al fin respondan, aunque no conoce siquiera quién deberá correr con los gastos del proceso. Para llevar a cabo la tercera autopsia les han dado un año. Uno más en los trece que acumulan de calvario: «Mis aitas tienen ya 85 y 87 años y, no sé cómo explicarlo…», suspira Blanca. «A mí esto me ha destrozado la vida». Pero no se rinde: «Voy a hacer justicia, por mi hermano. Nadie se merece morir así».

https://www.elcorreo.com/bizkaia/solo-quiero-saber-20180725221717-nt.html

 

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THE LOCAL se: Organ trafficking? Exhumation ordered in bid to solve 13-year mystery of Spaniard’s death in Sweden

 

Organ trafficking? Exhumation ordered in bid to solve 13-year mystery of Spaniard’s death in Sweden
The body will be exhumed from its grave in Gunnersbury Cemetery. Photo: stevekeiretsu/CC/Flickr
fiona.govan@thelocal.com
30 July 2018

A coroner has ordered the exhumation of a Spaniard from a cemetery in west London in a bid to finally resolve a 13-year mystery.

In September 2005 the parents of Miguel Ángel Martínez received the phone call informing them of their son’s death.

They were told that their 44-year-old son, who had left his home town in the Basque Country six months earlier with €11,000 in his bank account and a plan to go Inter-railing around Europe, had been found dead.

His body had washed up in the Lidingö neighbourhood in Stockholm and the police report concluded that he had committed suicide by jumping from a ferry several weeks earlier, subsequently drowning.

Within two months his corpse was transported to London where Martinéz had expressed the wish to be buried alongside the love of his life; a girlfriend who had died young.

But once there, British pathologists reported that his body had been mutilated. His heart was missing, as was three quarters of his liver. Moreover, the British autopsy concluded that the deceased’s lungs showed none of the signs associated with drowning.

For more than a decade, the family has been battling for answers, for a proper investigation to clear up the contradictions and inconsistencies and discover what really happened to Martínez.

Now, after more than a decade of lobbying from the family, a London coroner has issued an order to exhume his remains from the cemetery in Gunnersbury and launch an investigation into his death.

“We don’t know if he was killed, who killed him, why they mutilated him,” his sister Blanca told El Pais, suggesting that he may have been a victim of organ trafficking.  “It’s hard to imagine a crueller hell.”

https://www.thelocal.se/20180730/organ-trafficking-exhumation-ordered-in-bid-to-solve-13-yr-mystery-of-spaniards-death-in-sweden

 

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THE TIMES: Corpse without a heart exhumed to end mystery

Miguel Ángel Martínez’s family have been fighting for an investigation for 13 years

Miguel Ángel Martínez’s family have been fighting for an investigation for 13 years

 

In his will, a lovelorn tourist who is said to have thrown himself to his death in the Stockholm archipelago asked to be buried in London beside his former girlfriend.

However, when the body of Miguel Ángel Martínez arrived in the UK there was one problem; his heart was missing. Much of his liver was also gone and there was no sign of water in his lungs to suggest he had drowned.

Now, after 13 years, the Spaniard’s family have been given permission to have his body exhumed from Gunnersbury Cemetery.

Blanca Martínez Santamaría, his sister, believes that Mr Martinez, 45, was killed and his heart was removed. There is speculation that his killers were organ traffickers or that his heart was stolen after he died.

Ms Martínez Santamaría has campaigned since his death for a full investigation. Last week she said that it had been “13 years of fighting, terrible fighting and institutional inaction”.

“We do not know if they killed him, who killed him, why they mutilated him, nobody clarifies anything, it’s hard to imagine a crueller hell,” she told El País.

Mr Martínez, who had lived in the UK for two years and worked at the Royal Brompton Hospital in Chelsea, left his home near Bilbao in April 2005 to travel across Europe by train. Five months later his body washed up on the island of Lidingo.

After a post-mortem examination it was concluded that he had thrown himself from a ferry and drowned. As instructed in his will, Mr Martínez’s body was brought to the UK.

It was only due to a mix-up of paperwork when the body arrived two months later that inconsistencies in the account of his death were raised. Because documents were missing a second post-mortem examination was ordered. According to a report for Westminster coroner’s court, the body “had been previously eviscerated” and “both lungs were present and had been dissected and showed no signs of changes other than changes of decomposition”.

The report concluded: “At the time of the post-mortem examination, it was not possible to identify a specific cause of death due to the absence of the heart.”

The Swedish authorities have insisted that Mr Martínez’s heart was in situ when it left their custody and suggested that it might have putrefied, but other experts doubted that.

The last sighting of Mr Martínez, who had mental health problems, was on August 1, 2005, after he was interviewed by police about an altercation at a bank in Karlstad.

“I have never said that it was the police who killed my brother but I know that something happened at that police station,” his sister said. “And I am sure that some police officers know things that they hid. Whoever killed my brother to remove his organs never counted on me.”

https://www.thetimes.co.uk/article/corpse-without-a-heart-exhumed-to-end-mystery-pdb23gcwb

 

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Londres autoriza la exhumación del vasco cuyos órganos robaron en Suecia

La hermana del fallecido dispone de un año para practicar una nueva autopsia que ayude a determinar si Miguel Ángel Martínez fue víctima de tráfico de órganos.

tumba londresTumba de Miguel Ángel Santamaría, en el cementerio de Gunnesbury. Foto familiar
23/07/2018 FERRAN BARBER  @ferranbarber

El Ministerio de Justicia inglés autorizó este viernes a exhumar el cadáver del vasco Miguel Ángel Martínez Santamaría con el fin de permitir que su familia realice una tercera autopsia que pueda contribuir a aclarar por qué motivo su cuerpo fue enviado en 2005 a Inglaterra desde Estocolmo sin su corazón y tres quintas partes de su hígado. El permiso ha sido expedido por el Equipo de Forenses, Enterramientos, Cremaciones y Pesquisas gracias a las diligencias llevadas a cabo, a título personal, por la hermana del difunto, Blanca Martínez.

La familia dispone ahora de un año para desenterrar a Miguel Ángel y realizarle las pruebas oportunas, de acuerdo a la normativa británica. Su principal prioridad es llevar a cabo un test de ADN a los restos mortales que yacen sepultados en el cementerio londinense de Gunnersbury, para cotejar sus resultados con los que se obtuvieron tras practicar pruebas similares, hace ahora trece años, a los padres del difunto. La familia ni siquiera está segura de que quien yace en Inglaterra sea Miguel Ángel Martínez Santamaría. “No quiero ni pensar cómo reaccionaríamos si se diera el caso de que no fuera así”, asegura su hermana.

Una vez se despeje esa incertidumbre, y si la identificación es positiva, los restos de Miguel Ángel se someterían a una nuevo examen post-mortem. Dado el tiempo transcurrido desde su fallecimiento y el hecho cierto de que sus tejidos blandos se hallarán descompuestos, no será posible confirmar si, en efecto, sus restos mortales fueron enviados a Inglaterra sin parte de sus órganos, pero tal y como indica Blanca Martínez, existen, no obstante, otros fiables procedimientos científicos de Medicina Forense que permitirán arrojar alguna luz sobre la verdadera causa de su muerte, mediante el análisis de sus huesos. “Es posible incluso confirmar si en verdad no murió ahogado, tal y como insinuaba la forense sueca, contradiciendo los datos de su propia autopsia”, apunta.

Tal y como explicaba este diario el pasado mes de febrero, la truculenta historia de Miguel Ángel Martinez acaeció en 2005, pero no fue dada a conocer públicamente hasta hace cerca de tres años por reporteros españoles. De acuerdo a las averiguaciones realizadas por la hermana del difunto, Miguel Ángel Martínez (Erandio, 1960) abandonó en tren el País Vasco en abril de 2005 con más de 10.000 euros en su cuenta y el deseo de viajar por toda Europa. Su familia ya no volvió a saber de él hasta el 29 de septiembre de ese mismo año, fecha en la que recibió una llamada de una comisaría de Bilbao en la que se les comunicaba que Miguel Ángel había aparecido flotando muerto en avanzado estado de putrefacción junto a la orilla del fiordo de Lidingö, un barrio residencial de clase alta situado en la periferia de Estocolmo.

DSC_1386La hermana del joven, Blanca Martínez intenta resolver qué le ocurrió a su hermano.

Dos días después de la llamada, tuvieron constancia de que la policía sueca atribuía la muerte a un suicidio y, un año y medio después, se les remitió la autopsia definitiva donde se enunciaba la versión que, con variantes, vienen manteniendo las autoridades escandinavas desde entonces. Lo que básicamente afirman, a través de diferentes documentos llenos de contradicciones, es que Miguel Ángel se arrojó desde uno de los buques que efectuaban el trayecto entre Helsinki y Estocolmo semanas antes del día (22 de septiembre de 2005) en que una ciudadana del Reino Unido de la que jamás después se supo, Sara Evans, encontrara su cadáver en los aledaños del barrio de Lidingö. Con arreglo al examen post mortem llevado a cabo por la sueca Petra Rästen-Almqvist, el vasco murió por ahogamiento.

En verdad, tal hubiera sido la versión dada por buena entre los allegados del difunto de no haber concurrido una disparatada circunstancia fortuita adicional. Miguel Ángel hizo constar entre sus voluntades finales el deseo de ser sepultado junto a una antigua novia en la capital británica, ciudad en la que trabajó durante dos años y medio. En cumplimiento de su voluntad, su cadáver fue trasladado por una compañía funeraria el 4 de noviembre de 2005 al aeropuerto de Heathrow, en Londres. Pero los británicos se negaron a autorizar su inhumación aduciendo que los suecos no habían remitido la documentación precisa. Las dudas que todas esas irregularidades despertaron entre los ingleses aconsejaron realizar una segunda autopsia al responsable de la oficina forense de Westminster el 17 de noviembre de ese mismo año.

Las conclusiones del forense Peter Witkins dejaron perpleja a la familia del fallecido. Según el documento que elaboró, el cadáver enviado por los suecos carecía de corazón y de la mitad del hígado. El informe señalaba textualmente: “Ambos pulmones han sido diseccionados y no presentan cambios patológicos específicos diferentes a los de la descomposición (…). Fueron identificados 600 gramos de un hígado parcialmente seccionado. (…) El corazón no fue identificado”. O dicho de otro modo, del cuerpo de Miguel Ángel Martínez -si es que en verdad ese era su cadáver, circunstancia que en breve se determinará- había desaparecido el corazón y tres quintas partes del hígado, cuyo peso en el caso de un adulto acostumbra a alcanzar los 1.500 gramos.

Confrontada con esta nueva autopsia, la forense Rästen-Almqvist, volvió a insistir en que “el cuerpo partió hacia Londres con el corazón. Este pesaba 261 gramos y tenía la forma y los tamaño habituales”. Contradiciendo las conclusiones de la forense sueca, la autopsia británica reveló también que los pulmones no mostraban signos de ahogamiento ni de encharcamiento.

¿Fue víctima este vasco de tráfico de órganos mientras se hallaba en Suecia?

Cuanto se sabe con certeza es que la última vez que se le vio con vida se hallaba en compañía de los agentes de policía que le arrestaron en la ciudad de Karlstad, tras protagonizar un incidente en una oficina bancaria. La cadena de contradicciones y “chapuzas” en las que han incurrido las versiones oficiales son tan obvias que la familia no se encuentra ya segura ni de la verdadera identidad del fallecido sepultado en Gunnersbury.

Dadas las incertidumbres que rodeaban a este caso, y completamente persuadida de que la policía y las autoridades suecas han mentido deliberadamente para ocultar, en el mejor de los casos, sus negligencias, la hermana del fallecido ha pasado los últimos años luchando de forma denodada para que, en primer lugar, se reabra el caso y, en segundo lugar, vuelva a exhumarse el cadáver para someterle a una tercera autopsia. Blanca es de la opinión de que su hermano pudo ser asesinado para utilizar sus órganos poco después de ser arrestado por la policía sueca.

Se da la circunstancia de que, gracias a sus gestiones, las autoridades españoles habían cursado hasta la fecha cuatro comisiones rogatorias al Ministerio británico del Interior solicitando la exhumación del cadáver. Las peticiones fueron emitidas por el fiscal superior del País Vasco y por la Audiencia Nacional desde 2014 a 2017 en demanda de que se sometiera al cuerpo en Inglaterra a una nueva autopsia. Se daba por sentado hasta el momento que todos los requerimientos habían sido desoídos por los británicos. Ahora se sabe, según Blanca Martínez, que las autoridades judiciales sumaron más torpezas a la cadena anterior de negligencias. “Nos ha tomado exactamente ocho días conseguir que los británicos nos autorizaran a exhumar el cadáver de mi hermano, mientras que las instituciones españolas habían cursado varias peticiones y llevaban años sin ser oídas. ¿Qué pasó? Que en realidad, no era al Ministerio británico del Interior a quien le correspondía tomar tal decisión, sino a un equipo de forenses dependiente de Justicia. Dirigieron las comisiones al lugar equivocado”, añade.

El asunto no es baladí porque, de haberse obtenido la autorización a través de los canales oficiales, sería a las administraciones a quienes les correspondería cubrir con los onerosos gastos de la exhumación y de la práctica de las pruebas pertinentes. Dadas las incomprensibles torpezas cometidas por la Justicia española, ahora la autorización ha sido expedida a título privado, y la hermana del difunto se verá nuevamente obligada a librar una nueva batalla burocrática para conseguir que la Administración “haga sus deberes”. Martínez asegura que tiene pensado dirigirse inicialmente al Ministerio de Asuntos Exteriores, “que fue quien expidió el certificado de defunción de Miguel Ángel pese a que no hubo una identificación visual del cadáver y pese a todas las irregularidades y chapuzas burocráticas que rodearon al caso”.

“Me gustaría que quede claro que todas estas peticiones de que nos ayuden a identificar a Miguel Ángel no son de anteayer”, añade la hermana del fallecido. “Ya el 15 de noviembre mandé una carta al Ministerio de Asuntos Exteriores donde rogaba que se identificara el cadáver. Un año después, lo solicité a la comisaría de policía de Bilbao y tampoco hicieron absolutamente nada al respecto. Interpuse una queja ante el Defensor del Pueblo sueco y las autoridades escandinavas aseguraron que no había irregularidad alguna en el proceso de identificación. Si en verdad no la había, ¿por qué volvieron a identificarlo años después, supuestamente, mediante las huellas dactilares que tenían en un molde?”.

Yo no puedo hacer frente a los costes de la exhumación, ni puedo pagar las pruebas de ADN ni esa tercera autopsia, pero entiendo que la Fiscalía debe actuar de oficio, dado que al admitir a trámite mi denuncia, asumen que hay razones fundadas para sospechar de un posible delito. Y es a ellos a quienes les corresponde investigarlo”, precisa Blanca Martínez.

“Hasta hace años, daba por hecho que el que yacía enterrado en Londres era mi hermano. Ahora ya no estoy segura. Pero, ¿sabe usted?, al final, lo más horrible que nos ha sucedido no ha sido tanto la muerte de mi hermano como la respuesta de las instituciones, especialmente las españolas. Mi padre tiene ahora 87 años y mi madre, 85. La única llamada que han recibido en todos estos años fue la de la policía que les comunicó que su hijo estaba muerto. Son gente muy mayor, pero les tengo al corriente de todo lo que sucede y sienten, al igual que yo, una enorme rabia. Es un duelo que no se ha cerrado porque no ha habido justicia, ni culpables, ni una investigación que merezca tal nombre. Sólo un caso en un cajón de instituciones como la Audiencia Nacional”, apunta Blanca Martínez.

“Este abandono y esta dejación de sus funciones comenzó ya por la embajada y por el cónsul Juan José Sanz Aparicio, quien en su día no hizo nada. El Ministerio de Asuntos Exteriores se lavó las manos desde el primer momento aduciendo que no había indicios de delito y cuando el senador vasco Jon Iñarritu se interesó por el asunto, Rubalcaba respondió que se trataba de un lamentable accidente. Y eso, a pesar de que las autoridades británicas habían calificado el caso de “abierto” u “open verdict”, dado que según el patólogo se desconocían las causas de la muerte. ¿Cómo no voy a sentir rabia?”, concluye Martínez.

https://www.publico.es/sociedad/sanidad/londres-autoriza-exhumacion-vasco-cuyos-organos-robaron-suecia.html

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Homicidio, tráfico de órganos, mentiras policiales, abandonó institucional…. SOY UN DON NADIE para las Instituciones

“Le llamo de la Comisaría de Policía de Bilbao. Hemos recibido un fax de la Policía sueca informándonos de que ha aparecido un cadáver flotando en aguas de Estocolmo en avanzado estado de descomposición. En el bolsillo del pantalón tenía la FOTOCOPIA del DNI de su hermano Miguel Angel. Parece ser que le han matado, le han cortado la mano derecha para no ser identificado…….” Esta llamada telefónica cambió mi vida y la de mi familia el 22 de setiembre de 2005 a las 20.00 horas.

Casi 13 años después desconocemos la causa, fecha y circunstancias de su muerte pero lo que es peor, no tenemos la certeza de que el cadáver que hemos enterrado sea Miguel Angel. No existen fotografías del cadáver, no existe un certificado de identificación, no nos permitieron ver el cadáver, el policía de Estocolmo que llevó la “investigación” desconocía el lugar donde había aparecido el cadáver, es más, toda la documentación del caso está plagada de contradicciones y mentiras.

En todos estos años ninguna institución española, sueca, inglesa, europea ha hecho absolutamente por mi hermano Miguel Angel, a pesar de que pudo ser víctima de un delito de homicidio y/o de tráfico de órganos. 4 años lleva en el cajón de Fiscalia de la Audiencia Nacional, Gran Bretaña no responde a los requerimientos de España para exhumar el cadáver y realizar una prueba de ADN,

Ninguna Institución española, sueca, inglesa, europea ha tenido en cuenta la tortura de estos años, 12 años, 9 meses, y 26 días , 4683 días, sin saber sí la persona que enterramos es realmente mi hermano Miguel Angel. ¿Y sí enterramos el cadáver de otra persona?

Esta es la respuesta del Gobierno español al respecto que me gustaría matizar:

gobierno españa

  1. El informe preliminar del 27.09.2005 (corroborado el 13.01.2006) es del departamento forense, no de la Policía sueca. La policía sueca remitió el 13.01.2006 2 hojas del documento de Autopsia relativas al Dictamen sin constar ninguna descripción externa, vestimenta,…. El muerto podía ser cualquiera. El Dictamen tampoco aportaba mucho: “presumiblemente los pulmones con señales de haber muerto ahogado. Se sospecha que se tiró al agua de un buque de procedente de Helsinki (no existía un billete, testigos, ni estaba en la lista de pasajeros tal como es obligatorio en este recorrido). El cuadro global parece indicar que ha fallecido ahogado. Las circunstancias podrían indicar que se haya podido suicidar” . La forense describe unos golpes y hematomas zona derecha (según la policía sueca “debido a causas naturales”). La causa de la muerte era suicidio pero en el documento de la Policía sueca que firmamos a la entrega de objetos personales consta como causa de muerte ACCIDENTE DE TRÁFICO.
  2. La Embajada de España en Estocolmo registró el fallecimiento el 11 de octubre de 2005 sin una prueba fechaciente de la identidad del cadáver (prueba de identificación policial, fotografías, identificación visual ya que varios funcionarios de la Embajada conocían a Miguel Angel y en Suecia es obligatorio el reconocimiento visual). De haber solicitado a la Policía de Estocolmo el Certificado de identificación hubiesen descubierto que en los archivos policiales constan varias fechas diferentes de la identificación y que constaba “Persona identificada a través del dedo índice IZQUIERDO” (únicamente tenían huella del índice derecho).
  3. Una funcionaria de la Embajada de España acompañó a los familiares en sus trámites con la policía y funeraria, cierto, con cargo de auxiliar administrativa. El caso ni mi familia merecía un acompañamiento por parte del Cónsul o Embajador que hubiese podido defender nuestros derechos en la Comisaría de Policía, por ejemplo, cuando el Policía encargado de la investigación nos negó el derecho (obligatorio en Suecia) a identificar el cadáver.
  4. Mes y medio tardó la Policía sueca en entregarnos el cadáver. En esta respuesta del Senado afirman que la Embajada de España en Estocolmo realizó las gestiones oportunas para trasladar el cuerpo a Londres (ciudad donde fue enterrado por expreso deseo de Miguel Angel), pues bien, el féretro estuvo 5 días en las cámaras frigoríficas del aeropuerto de Heathrow por falta de documentación.
  5. Por si existe alguna duda, la familia sufragamos todos los costos funerarios.
  6. Al ser una muerte violenta, en Londres se le realizó un examen postmortem descubriendo que los pulmones eran normales (no había muerto ahogado), los golpes no eran compatibles con el lanzamiento desde una altura al agua y lo peor de todo, no se pudo determinar la causa de fallecimiento por ausencia del corazón (así como otros órganos). El Coroner de Westminster en un principio desautorizó la sepultura, es más se pospuso un día realizándose el entierro un sábado y abrió una investigación. La Oficina del Coroner contactó con el Consulado de España en Londres para pedir información a Suecia sobre el caso. Tal y como marca la ley en Gran Bretaña, el 22 de marzo de 2006 se cerró la investigación como “open veredict” al no haber recibido información adicional de Suecia.
  7. Efectivamente la Embajada de España en Estocolmo nos entregó en octubre de 2005  el Certificado de Defunción expedido por la Embajada de España en Estocolmo, así como copia debidamente traducidas de “parte” de la documentación (autopsia preliminar y 2 hojas de la policía) y la FOTOCOPIA del DNI que encontraron en el Departamento Forense (la policía no miró en sus bolsillos y mandó enterrarlo como un “sin nombre”).No tradujeron el Atestado policial (1 hoja) ni el documento donde detallan los objetos que nos entrega la Policía de Estocolmo donde consta “INVENTARIO: dinero en metálico, objetos de valor, documentos identificativos, medicamentos y otros objetos relativos con la muerte/ACCIDENTE DE TRÁFICO,  el día 22.09.05.                                                                                                                                                                                                                                           copia dniEste papel dice la Policía sueca permaneció aproximadamente mes y medio en agua
  8. En cuanto a la factura de la Funeraria, a pesar de haberlo solicitado, no nos fue remitida. La Embajada de España en Estocolmo nos envió copia de un abonaré, devolución de parte del fondo que habíamos adelantado a la funeraria. En el abonaré consta el nombre de mi hermano, el de una funcionaria de la Embajada y la dirección de la Embajada de España en Estocolmo. 
  9. Por supuesto que la familia agradecimos en un principio la labor de la Embajada. Sin embargo, tras el shock de lo ocurrido, empezamos a vivir la peor de las pesadillas y de repente nos convertimos en protagonistas de una novela negra sueca, pedimos ayuda institucional y la respuesta fue el silencio y la inacción.
  10. Según certifica el Ararteko (Defensor del Pueblo del País Vasco) , mi familia hemos sufrido una doble, triple,… victimización, lo que se conoce como victimización secundaria afirmando “Lo que tengo muy claro es que ha habido cuando menos actuaciones incorrectas e incluso irregulares por parte de la policía sueca, de la Administración de aquel país y también por parte de las autoridades españolas que han intervenido (Embajadas, Ministerio de Asuntos Exteriores, Ministerio de Interior). Los familiares de Miguel Ángel no habéis recibido el trato y la atención debida, y por tanto aprecio, sin género de duda, la existencia de mala praxis administrativa”.    
  11. Para acabar, dicen que la hermana acudió a Fiscalia del País Vasco alegando una incorrecta identificación, pues bien, la hermana llevaba años denunciando que no había habido una correcta identificación, es más, así consta en mi escrito al Ministerio de Asuntos Exteriores el 15 de noviembre de 2005, en la reunión que tuvimos en el Ministerio de Asuntos Exteriores el 17 de febrero de 2009, en mi escrito a la Policía Nacional de Bilbao el 8 de junio de 2006, en la queja que formulé en el Ararteko (Defensor del Pueblo Vasco) el 17 de mayo de 2006, en la queja que puse en el Parlamento Europeo el 5 de noviembre de 2007, en el escrito para el Ministerio de Interior del 25 de julio de 2009,………etc.MAE IÑAURRITU
  12. La documentación entregada por la Policia sueca demuestra que no existió una correcta identificación. Es más, la Policía de Estocolmo en setiembre de 2017 tras leer la documentación tramitó una denuncia donde consta “la hermana del DESAPARECIDO“. Ah, solicité acompañamiento a la Comisaria al Consul de España en Estocolmo y su respuesta fue NO. Paradojicamente el Jefe de la Comisaria de Estocolmo me dijo “¿Donde están las Autoridades españolas? ¿Por qué NADIE ha pedido explicaciones a Suecia¿4683 días?”
  13. Después de 4683 días tenemos: un cadáver SIN IDENTIFICAR y sin corazón; un certificado de defunción de la Embajada de España en Estocolmo y una denuncia de la Policía de Estocolmo donde consta DESAPARECIDO. ¿Qué es mi hermano, un muerto, vivo o desaparecido?. Para las Instituciones no es nada ni nadie.
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DIAS EXTRAÑOS con Santiago Camacho: ¿Un español víctima del tráfico de órganos? Entrevista a Blanca Martínez y Ferran Barber

https://www.ivoox.com/un-espanol-victima-del-trafico-organos-entrevista-audios-mp3_rf_25217959_1.html

MIGUEL ANGEL

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“Yo me he sentido (y me siento) super sola y abandonada por las Instituciones” Onda Vasca 05/05/2018

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Un cadáver sin corazón, mentiras policiales y tráfico de órganos… ¿Quién mató a Mikel en Suecia?

Blanca trata de aclarar la muerte de su hermano 12 años después; Suecia calla y la Audiencia Nacional ha pedido cuatro veces exhumar su cadáver, que está enterrado en Londres

 

Foto: Miguel Ángel Santamaría junto a su hermana Blanca en una foto de archivo cedida por la familia.Miguel Ángel Santamaría junto a su hermana Blanca en una foto de archivo cedida por la familia.

ROBERTO R. BALLESTEROS

02.05.2018 – 05:00 H.

Ya va camino de cumplirse 13 años desde que Blanca recibiera la peor llamada de su vida. El 29 de septiembre de 2005, un policía nacional de la comisaría de Bilbao marcó su número. Ella descolgó el terminal. “Ha aparecido un cadáver en el agua en avanzado estado de descomposición, con la mano derecha cortada, que podría corresponder al de su hermano Miguel Ángel”, le indicó el agente a la mujer, que llevaba cinco meses sin saber nada del chico. En concreto, desde abril de ese año, cuando el muchacho emprendió el último viaje de su vida, un Interrail que acabaría presuntamente en las gélidas aguas de Estocolmo.

Tras recibir la fatídica llamada, Blanca -que era la pequeña de los cuatro hermanos que encabezaba Miguel Ángel- fue con su madre a la comisaría de Bilbao. Ya no estaba el policía que les había llamado y tuvieron que regresar al día siguiente. Un nuevo funcionario les atendió. Les mostró un fax que había llegado de la capital sueca y que daba cuenta del hallazgo del cadáver, del mal estado en el que se encontraba así como de la imposibilidad de identificarlo por la ausencia de la mencionada extremidad superior. En el mismo escrito, de hecho, las autoridades nórdicas solicitaron las huellas dactilares de la mano izquierda y los datos dentales para poder determinar la filiación del hombre con certeza, ya que de momento solo podían atestiguar que era él por una fotocopia del DNI que el joven portaba en un bolsillo a nombre de Miguel Ángel Santamaría.

En el fax, los agentes suecos relataban también que el chico había protagonizado dos meses atrás un llamativo episodio en una sucursal bancaria de Estocolmo. En concreto, el 1 de agosto de aquel 2005, detallaban, el ciudadano español fue a esta entidad para efectuar una transferencia desde su cuenta de la BBK, donde tenía 12.000 euros. Explicó que se le había rayado la tarjeta, que no podía sacar dinero y que necesitaba un traspaso de efectivo. Sin embargo, según el fax, como el vizcaíno no tenía documento de identificación, el director del banco se negó a hacerle la transferencia y el chico dijo que no se movía de allí hasta recibir los fondos. Ante este último anuncio, el responsable de la entidad llamó a la policía, que hizo acto de presencia a los pocos minutos y detuvo a Miguel Ángel.

Los funcionarios se llevaron al español a comisaría, donde estuvo desde las 10 de la mañana hasta las cuatro de la tarde, según dijeron los agentes suecos a Blanca vía consulado. La hermana pequeña del desaparecido, sin embargo, supo luego que había estado más tiempo, ya que la Policía Nacional le reveló posteriormente que sus homólogos suecos les habían confesado que le identificaron a las 19 horas. “Pusieron menos tiempo porque a las seis horas tienen que llamar al abogado del detenido”, entiende hoy la mujer, que recuerda aquello como la primera mentira que pilló a las autoridades nórdicas.

Miguel Ángel Santamaría. (Foto cedida por la familia)
Miguel Ángel Santamaría. (Foto cedida por la familia)

El fax constaba de diez páginas y siete de ellas estaban dedicadas a relatar el episodio del banco. Las otras tres, según explica hoy Blanca, que leyó el documento aquella mañana del 30 de septiembre junto a una amiga, detallaban que la Policía sueca había encontrado el cadáver en aguas de Estocolmo en las condiciones antes descritas tras sufrir una muerte violenta. “Los dos sucesos estaban relacionados, seguro, por eso los contaron juntos“, reflexiona la hermana del fallecido, quien añade que durante 12 años la Interpol de Suecia ha sostenido que aquel día en la sucursal bancaria el visitante no tenía documentación. En enero de 2018, sin embargo, cambió la versión. “La Policía de Estocolmo me remitió un informe en el que asegura que ese 1 de agosto de 2005 Miguel Ángel sí portaba documentación”, subraya Blanca.

Tras leer el fax, la mujer le pidió a sus padres que se hicieran la prueba de ADN. Esa misma tarde, ambos se sacaron muestras con el fin de que las autoridades suecas pudieran identificar a su hijo con certeza científica. Sin embargo, los policías españoles paralizaron la gestión porque habían recibido nuevas noticias de sus homólogos nórdicos. En concreto, estos últimos dijeron que ya no hacía falta la prueba de ADN porque habían conseguido “limpiar el dedo índice con alcohol, hacer un molde y comprobar” que este correspondía con la huella del ciudadano español que mandó la Policía Nacional. “No nos dijeron ni siquiera si era el dedo de la mano izquierda”, recuerda Blanca todavía sorprendida.

¿Suicidio, asesinato o ahogamiento?

Por la vía diplomática las respuestas también eran extrañas. El cónsul le pidió inicialmente a Blanca tiempo para enterarse de lo que había ocurrido cuando esta llamó por primera vez el mismo 30 de septiembre. Dos días después, al ver que el diplomático no respondía, la hermana del fallecido insistió. El cónsul le explicó que le había costado hablar con el jefe de la Policía sueca, pero que al final lo había conseguido y que este le había contado lo mismo que relataron sus agentes en el fax, aunque también le había añadido que el caso estaba bajo secreto de sumario. Tampoco esto último resultaría ser cierto.

La familia pidió -vía diplomática también- viajar a Suecia para ver el cuerpo de Miguel Ángel. La respuesta, sin embargo, fue que el joven había fallecido de “muerte natural”, que había sido un “suicidio” y que los responsables policiales no estarían disponibles durante esos días. “A la semana siguiente viajamos a Suecia, pedimos ver el cadáver, pero no nos dejan; solicitamos ir al sitio donde había aparecido para depositar flores, pero sorprendentemente nos dicen que no saben dónde había emergido“, cuenta Blanca. Tras insistir, continúa, el policía trata de localizar el sitio sobre un mapa de Google. “Primero nos lleva a un lugar, nos dice que no, que se ha equivocado; luego nos lleva a otro, pero tampoco allí había elemento alguno que hiciera pensar que había parecido ahí”, recuerda aún asombrada.

Copia del DNI de Miguel Ángel Santamaría encontrada supuestamente en su bolsillo.Copia del DNI de Miguel Ángel Santamaría encontrada supuestamente en su bolsillo.

A continuación, rememora, los familiares fueron a recoger algunos enseres del fallecido. “Nos dieron un reloj de mi hermano, varios billetes que tenía en el bolsillo, una cadena, la fotocopia de su DNI y un documento en el que pone que la muerte se ha producido por un accidente de tráfico“, relata Blanca, a quien ya le habían dado cuatro causas diferentes de la desaparición de su hermano: el suicidio, el accidente, la muerte violenta y el ahogamiento. No podía ser todo a la vez y ella lo sabía. “Ni los billetes ni el papel con su DNI tenían signos de haber estado un mes y medio bajo el agua”, concluye hoy.

Ni siquiera el trabajo forense ayudaba a arrojar luz. “A los cinco meses de recibir la primera llamada, me entregan dos papeles en los que pone que posiblemente es Miguel Ángel, que posiblemente fue un suicidio lo que acabó con su vida y que posiblemente fue por ahogamiento“, relata Blanca sobre esos primeros ‘aperitivos’ de la autopsia, que no llegó completa hasta marzo de 2007. Mientras esta venía, la familia quiso enterrar el cadáver para poner fin a la pesadilla. “Yo tenía tres hijos y mis padres estaban ya mayores; solo pensábamos en enterrarle y queríamos hacerlo en Londres“, añade la mujer, que recuerda que ese era el deseo de su hermano, que justo antes de salir en Interrail vivía en la casa familiar de Algorta (Bizkaia), pero que previamente había estado trabajando durante tres años como celador en un hospital de la City y como ‘housekeeper’ en diferentes hoteles de la capital británica.

La familia comenzó entonces los trámites para remitir el cadáver a Londres. Una vez en suelo inglés, sin embargo, las cosas volvieron a complicarse. El Reino Unido no permite enterrar a nadie sin conocer antes las causas de la muerte, por lo que el Coroner de Westminster, oficina forense para las muertes violentas competente en la zona, abrió una investigación en noviembre de 2005. Los familiares, sin embargo, no podían esperar más para enterrar al fallecido, por lo que fueron al consulado español en Londres para acabar con la angustia. “Por fin lo hacemos en noviembre de 2005”, afirma con tristeza Blanca, quien admite sin embargo que tampoco ahí pudo ver el cadáver de su hermano.

Miguel Ángel Santamaría. (Foto cedida por la familia)
Miguel Ángel Santamaría. (Foto cedida por la familia)

Yo pedí verlo, pero la funeraria me dijo que en ese mes y medio que el cuerpo había permanecido custodiado por las autoridades suecas se había deteriorado aún más y que ahora sí que no se podía ver”, explica Blanca, que 12 años después reconoce que ni ella ni nadie de su familia llegó a ver a Miguel Ángel sin vida. También admite que “hoy por hoy” no tiene “ninguna prueba fehaciente” de que su hermano sea el que enterraron. “Tampoco sé si realmente apareció flotando, porque no existe ningún documento que lo atestigüe”, argumenta la mujer, que tras el entierro decidió acudir al Ministerio de Asuntos Exteriores para pedir “un certificado de identificación”. El ministerio se dirige a la Policía de Estocolmo, pero esta le responde de malos modos que el caso está cerrado y que no van a contestar más preguntas sobre este tema.

En marzo de 2006, Blanca recibe el examen ‘postmortem’ efectuado por el Coroner de Westminster, que concluye que el estado de los pulmones era normal y que, por lo tanto, el chico no había muerto por ahogamiento. Señalaba además que los golpes que el joven tenía en la espalda “no son compatibles” con ese supuesto suicidio y que “no se podía determinar la muerte por la ausencia del corazón“.

Este nuevo sobresalto provocó que Blanca volviera a contener la respiración antes de pedir explicaciones. La hermana del fallecido escribió directamente a la autora de la autopsia, Petra Rasten, que curiosamente era la jefa del departamento forense del Instituto Karolinska, que entrega anualmente los Premios Nobel de Medicina, para preguntarle qué pasaba con el corazón, que no podía haberse desintegrado. La especialista, sin embargo, respondió a su interlocutora que el corazón lo tenía, que pesaba 200 gramos y que estaba “todo normal”. No podía haber, por lo tanto, más despropósitos en tan poco tiempo.

La Audiencia Nacional pide exhumar el cadáver

Blanca fue entonces a la Policía Nacional para que esta reclamara a sus homólogos toda la documentación y les trasladara una serie de preguntas con el fin de aclarar qué estaba pasando. Pero los agentes españoles no satisficieron la demanda de la vizcaína porque, respondieron, “la superioridad” no se lo permitía. “Todos aquellos con los que hablaba veían lo mismo que yo, muchas cosas raras, pero nadie hacía nada para ayudarnos”, se queja hoy Blanca, quien durante estos 12 años se ha reunido con representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores, del Gobierno Vasco, de la Policía Nacional y de los partidos políticos en el Senado. Además, ha escrito al Parlamento Europeo -que le respondió que entendía su caso pero que no podía hacer nada-, a Interpol o al Defensor del Pueblo, que le respondió que tanto ella como su familia habían sufrido una doble victimización.

Este último organismo se refería al hecho que sus padres y ella padecieron la muerte de Miguel Ángel, primero, y la impotencia de no poder hacer nada por aclarar las circunstancias del fallecimiento, después. “Solo hemos recibido humillaciones e insultos, porque muchos me han dicho que cómo iba a denunciar sin documentación y otros ni me respondían”, relata. “¿Pero cómo voy a presentar papeles que no me dan en Suecia?”, se pregunta Blanca, quien aún recuerda la carta que le mandó Alfredo Pérez Rubalcaba cuando era ministro del Interior. “Me dijo que lo de mi hermano había sido un accidente lamentable; le pregunté qué tipo de accidente, pero nunca me contestó”, se lamenta.

“Solo me escuchó el fiscal Juan Calparsoro“, apunta en referencia al que fuera jefe de la Fiscalía del País Vasco, quien pidió toda la documentación a las diferentes embajadas, a Exteriores y a las autoridades suecas. “Me dijo que para seguir investigando había que exhumar el cadáver y así lo reclamó, pero la Audiencia Nacional le quitó el caso y, según me dicen, ya han pedido cuatro veces al Ministerio del Interior de Londres la extracción del cuerpo”, relata Blanca, quien censura sin embargo lo que a su juicio es un mal proceder por parte del tribunal. “Me dicen en la Audiencia Nacional que no les contestan, pero claro, es que no hay que hacer la petición al Ministerio del Interior, sino al Coroner”, critica la mujer, que también se queja de que no le dejan personarse en la causa para conocer los detalles a pesar de que la ley de víctimas la ampara.

https://www.elconfidencial.com/espana/2018-05-02/muerte-mikel-cadaver-corazon-trafico-organos-mentiras-policiales_1547369/

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Público: BAJO LA SOMBRA DE STIEG LARSSON: Las 15 claves de la “chapuza” policial del caso del joven vasco al que robaron el corazón

La oficina del forense de Westminster, donde se realizó la segunda autopsia del joven, envió una carta a la familia del difunto dándoles a entender que la exhumación que solicitan podría acelerarse si la pagasen de su bolsillo

Tumba de Miguel Ángel Santamaría, en el cementerio de Gunnesbury. Foto familiar.Cementerio de Gunnesbury en Londres

Si hay algo incuestionable, a juicio de la familia de la víctima, es que una autopsia realizada por las autoridades inglesas apunta a que al vasco Miguel Ángel Martínez Santamaría le quitaron el corazón y la mitad del hígado durante un viaje a Suecia. Claro que en torno a ese suceso truculento del que Público se hacía eco recientemente, han surgido en parejo decenas de dudas paralelas que nadie, hasta la fecha, ha logrado resolver. Nunca, antes, en los anales de la Justicia europea, se ha registrado una chapuza policial de envergadura semejante. Es de factura sueca, aunque con ramificaciones en España y en el Reino Unido.

Por situar los hechos, Martínez (Erandio, 1960) dejó Euskadi a finales de abril de 2005 con el propósito de conocer Escandinavia. Su familia ya no volvió a tener noticias suyas hasta el 29 de septiembre de ese mismo año, fecha en la que un funcionario español de la comisaría de Bilbao comunicó a su madre que había aparecido muerto en los aledaños de Estocolmo. La Policía sueca atribuyó la muerte de Santamaría a un suicidio y, amparándose en las conjeturas de la forense Petra Rästen Almqvist, terminó cerrando el caso sobre las siguientes conclusiones: Miguel Ángel se quitó deliberadamente la vida lanzándose desde un ferry. El examen forense realizado por Rästen atribuía su muerte a un ahogamiento.

Nadie hubiera puesto en entredicho esta versión sueca oficial si Miguel Ángel no hubiera consignado entre sus voluntades últimas el deseo de ser enterrado en la capital británica. En cumplimiento de su deseo, su cadáver fue trasladado el 4 de noviembre de 2005 al aeropuerto de Heathrow, en Londres. Claro que los ingleses no sólo decidieron no enterrar de inmediato al vasco, sino que le practicaron una segunda autopsia que contradecía a la primera y apuntaba de manera inequívoca a que el cadáver enviado por los suecos carecía de corazón y de la mitad del hígado.

Más de doce años ha dedicado desde entonces la hermana de la víctima, Blanca Martínez Santamaría, a reunir información sobre todas las zonas oscuras que rodean este caso. A pesar de que las pruebas de irregularidades reunidas por la familia son abrumadoras, los tribunales suecos de Justicia a los que han acudido en demanda de amparo no aprecian nada en el proceso que aconseje reabrir el caso. Stieg Larsson no lo hubiera hecho mejor. He aquí un listado de las contradicciones que, según Blanca Martínez, demuestran el “chapucero” proceder de la Policía y de todas las instancias oficiales implicadas. Todas y cada una de las afirmaciones aquí realizadas se hallan respaldadas por pruebas documentales. “Cuanto más tratan de encubrir sus negligencias, en más contradicciones incurren”, dice la hermana de Miguel Ángel.

Miguel Ángel Santamaría. Foto cedida por la Familia.Miguel Ángel Santamaría

1. Datos falseados en comisaría. La última vez que Martínez fue visto con vida fue en compañía de la Policía sueca, quien lo trasladó a comisaría para su identificación después de que este protagonizara un pequeño incidente sin transcendencia en una sucursal del Nordea Bank de la ciudad de Karlstad, el 1 de agosto de 2005. Con arreglo a la versión oficial de los escandinavos transmitida por la oficina de Europol (Sirene), los agentes suecos se lo llevaron en custodia desde las 10.25 AM hasta las 4.20 PM. En vista de que, supuestamente, Miguel Ángel carecía de DNI o de pasaporte, los policías se pusieron en contacto con las autoridades españolas para que éstas les ayudaran a identificarlo. De acuerdo al registro de salida, la Policía española envió la requerida copia de su DNI a las 7.12 de la tarde de ese mismo día. Es decir, casi tres horas después de que, según los suecos, abandonara sin cargos la comisaría.

2. No hurgaron en sus bolsillos. Semanas después del mencionado arresto, tras el supuesto hallazgo de su cadáver sobre las aguas de un fiordo de una barriada de Estocolmo, el 22 de septiembre de 2005, el cuerpo de Miguel Ángel fue enviado a La Morgue como un “muerto sin identificar”. Fue la enfermera de origen español Isabela Franco Cereceda -hermana de un destacado médico del departamento de cirugía cardiovascular del hospital Karolinska de Estocolmo- la que halló esa misma fotocopia remitida desde España. Franco se encontraba esa noche de guardia en el depósito de cadáveres y según indicó en Estocolmo a este equipo de reporteros, encontró “el papel en uno de sus bolsillos”.

3. Contradicciones policiales. En efecto, Miguel Ángel fue finalmente identificado debido a una serie de disparatadas circunstancias fortuitas por una enfermera que se hallaba de guardia en el depósito de cadáveres. Tras dar con ella en Estocolmo, la hispano-sueca nos explicó que sintió curiosidad al descubrir la sábana que cubría su rostro porque le pareció apreciar que tenía inequívoco aspecto de español. Fue después de ver sus facciones cuando decidió registrar entre sus ropas. Isabela Franco Cereceda identificó al muerto gracias a esa misma fotocopia del DNI remitida por Sirene a la comisaría de Karlstad, algunos meses antes. ¿Cómo es posible que la fotocopia se hallara en los bolsillos de Miguel Ángel si este, supuestamente, había abandonado la comisaría de Karlstad tres horas antes de que la remitiera la Policía española?

Orilla del fiordo de Lidingo, donde supuestamente apareció el cadáver del vasco. Ferran BarberOrilla del fiordo de Lidingo, donde supuestamente apareció el cadáver del vasco. Ferran Barber

4. Sin noticias de “Sara Adams”. Con arreglo a esa primera versión de la Policía escandinava, el cadáver del vasco fue hallado flotando en avanzado estado de putrefacción junto a la orilla del puente que conecta Estocolmo con Lidingö, un barrio residencial de clase alta situado en la periferia de la capital sueca (el lugar puede verse en la fotografía tomada por los periodistas, y que Público reproduce en este reportaje). La Policía sueca atribuyó el hallazgo a una ciudadana británica a la que identificó como Sara Adams, equivalente británico de, digamos, “Pepa Pérez”. Ni hizo constar en el sumario su dirección, ni cualquier otra seña que permitiera dar con ella posteriormente (ver documento adjunto en el reportaje). Jamás se supo de ella. ¿Es ese, en verdad, el protocolo estándar con el que los suecos toman nota de los autores de hallazgos de muertes violentas?

5. Pereza policial. Dos días después de que las autoridades españolas comunicaran la muerte del vasco a la familia, la Policía sueca informó de que las circunstancias de su fallecimiento apuntaban a que Miguel Ángel se había suicidado. Un año y medio más tarde, Blanca Martínez recibió la versión definitiva sueca de los hechos, a través de la autopsia que firma Petra Rästen Almqvist. La forense atribuía la muerte a un “ahogamiento” y, literalmente, especulaba con la posibilidad de que el español se hubiera suicidado lanzándose desde uno de los ferris que realizan el trayecto entre Helsinki y Estocolmo, semanas antes del día (22 de septiembre de 2005) en que Sara Adams halló su cuerpo. Se da la circunstancia de que todos los pasajeros de esos barcos deben ser identificados al adquirir un billete desde que, en 1999, se produjo un hundimiento de un buque con fatales consecuencias. Asimismo, entre sus pertenencias nunca se halló un billete ni ninguna otra prueba de que hubiera viajado en ferry. Los investigadores suecos, sin embargo, no llegaron nunca a comprobar si Miguel Ángel figuraba entre los pasajeros de uno de esos buques.

6. Semanas en el agua, y completamente secos. De acuerdo a la versión policial de los hechos, el vasco llevaba varias semanas flotando en el agua cuando su cadáver fue hallado. No obstante, ni los billetes suecos que la Policía encontró entre sus pertenencias, ni la copia del DNI que no halló porque nadie hurgó en los bolsillos de sus pantalones, estaban completamente secos y no mostraban signo alguno de haber permanecido dentro del agua.

Este es el aspecto que presentaba la copia del DNI de la victima, tras pasar supuestamente varias semanas sumergida en el agua

 Este es el aspecto que presentaba la copia del DNI de la victima, tras pasar supuestamente varias semanas sumergida en el agua.

7. Ceguera de la forense. En su informe, la forense Petra Rästen Almqvist señalaba que el cuerpo del vasco presentaba hematomas en la zona costal y en la cápsula suprarrenal derecha, que, en su opinión, podían deberse a un golpe violento causado por el impacto contra el agua al caer de cierta altura desde uno de los ferris. De acuerdo a los forenses y peritos independientes consultados por este diario, no es descartable en ningún caso que su muerte estuviera relacionada con los golpes contundentes que dejaron mella en su espalda. A juzgar por su apariencia fueron producidos por un objeto metálico y hubieran bastado, por sí solos, para ser mortales de necesidad. Ni la Policía sueca, ni la médico consideraron jamás esta posibilidad. Pero aún hay algo más, la autopsia de la forense Petra Rästen omitió un dato que sí hicieron constar los policías que se personaron en Lidingö: Miguel Ángel presentaba una herida en la ceja derecha.

8. Para ahorrarles un disgusto. A dos familiares del vasco que viajaron a la capital sueca para interesarse por lo sucedido se les impidió ver el cadáver de su primo “debido a su avanzado estado de putrefacción”. ¿Forma también parte del protocolo sueco de investigación de un crimen impedir la identificación de la víctima a sus familiares y no identificar al muerto mediante fotografía, prueba dactilar o test de ADN, para ahorrarles “un mal trago”?

9. Encharcamiento sin agua. La autopsia de Petra Rästen Almqvist -experta también en cirugía cardiovascular, además de médico forense- apunta a que Miguel Ángel Martínez murió por ahogamiento, amparándose en el hecho de que su cadáver presentaba signos de “encharcamiento pulmonar”. En otras palabras, cuando uno muere ahogado se hallan rastros de agua en el interior de los pulmones. El segundo examen post-mortem hecho a iniciativa de la Policía británica apunta, literalmente, en sentido contrario y precisa que los pulmones no presentaban otros cambios diferentes a los propios del proceso de descomposición. Y si, en efecto, esos órganos no presentaban signos de ahogamiento, la familia se pregunta las razones por las que la Policía escandinava no llegó siguiera a considerar la posibilidad de que el cuerpo de Miguel Ángel, si es que en verdad es él quien yace en Londres, fuera arrojado muerto al agua.

En este cementerio británico, Gunnesbuy, yace Santamaria, de acuerdo a sus deseos de ser enterrado en Londres

 En este cementerio británico, Gunnersbury,  de acuerdo a sus deseos de ser enterrado en Londres

10. No ven irregularidades. Santamaría consignó entre sus últimas voluntades que deseaba ser sepultado en la capital británica. Allí trabajó dos años, en el hospital de Brompton, y allí yace también la que fue su novia. Cinco días permaneció su cuerpo inerte en una cámara frigorífica del aeropuerto de Heathrow tras ser trasladado en avión desde Estocolmo, antes de que las autoridades inglesas resolvieran que no iban a darle sepultura. Según los funcionarios británicos, los suecos no habían remitido ni el salvoconducto mortuorio ni todos los preceptivos documentos legales. En vista de ello, el entonces responsable de la oficina forense de Westminster, Terry Lovegrove, ordenó llevar a cabo una segunda autopsia, el 17 de noviembre de ese mismo año de 2005. El documento que rubrica el médico forense Peter Witkins echa por los suelos el examen médico post-mortem de la sueca Rästen Almqvist y señala, literalmente: “Ambos pulmones han sido diseccionados y no presentan cambios patológicos específicos diferentes a los de la descomposición (…). Fueron identificados 600 gramos de un hígado parcialmente seccionado. (…) El corazón no fue identificado. En el momento del examen no fue posible conocer la causa de la muerte debido a la ausencia del corazón…” De prestarse crédito a esa segunda autopsia efectuada por los ingleses, del cuerpo de Miguel Ángel desaparecieron, en algún momento, el corazón y tres quintas partes del hígado, cuyo peso acostumbra a alcanzar los 1.500 gramos entre los adultos. Hay que aclarar, a este respecto, que en los casos de trasplante se utiliza a menudo una parte de ese órgano, y no necesariamente su totalidad. 

Fragmento de la autopsia británica donde se dio a conocer que su cadáver carecia de corazón y parte del hígado

 Fragmento de la autopsia británica donde se dio a conocer que su cadáver carecía de corazón y parte del hígado.

11. El corazón se pudrió de camino a Inglaterra. Confrontada con esta segunda autopsia y consultada acerca de las razones por las que, a su juicio, podrían haber desaparecido el corazón y parte del hígado, Petra Rästen Almqvist insistió en que el cuerpo partió entero de Estocolmo hacia Inglaterra, “pesaba 261 gramos y tenía la forma y los tamaños habituales”. Para justificar lo sucedido, la forense sueca insinuó en una carta dirigida a la familia que el corazón podría haberse reducido, hasta resultar prácticamente indetectable, debido al proceso de putrefacción. Se sabe, sin embargo, que el corazón es justamente uno de los órganos que más tiempo tardan en corromperse. Forenses españoles consultados por este diario aseguran, en relación a ello, que su descomposición natural no podía finalmente conducir a su “total evaporación”. ¿Cabe la posibilidad de que la médico sueca retirara esos órganos para realizar la autopsia y olvidara incorporarlos nuevamente al cadáver del vasco? Lo habitual, en los procedimientos forenses, es que se sirvan de un pedazo de tejido, y no de la totalidad del órgano. El protocolo obliga, asimismo, a dejar constancia de todas y cada una de las acciones llevadas a cabo. De hecho, la propia Rästen precisó que únicamente tomó un pedazo de 2 x 2 cm para realizar las pruebas pertinentes, y al concluir su trabajo, devolvió el tejido al cuerpo. La forense sostiene igualmente que fue la descomposición del cuerpo lo que impidió que ella apreciara la herida sobre la ceja que los policías que levantaron el cadáver describieron. Un ayudante sueco de Rästen Almqvist consultado en Estocolmo por este equipo de periodistas durante una visita al centro de Medicina Forense realizada en ausencia de su jefa, aseguró literalmente, tras conocer los detalles de este caso, que se sentía “perplejo”. La familia, en este caso, se pregunta por qué se desvaneció selectivamente un corazón y más de la mitad de un hígado, retirado del cadáver mediante un limpio corte quirúrgico, que son justamente dos de los órganos más requeridos para los trasplantes. 

12. Un molde de sus huellas dactilares. Hace ahora una semana, el Ministerio de Asuntos Exteriores español informó de que no certificaría la muerte de un miliciano orensano, Samuel Prada, fallecido mientras combatía contra los turcos en la defensa de la ciudad siria de Afrin si las autoridades kurdas en cuyas filas prestaba servicio el gallego no remitían la correspondiente documentación identificatoria. Casi de forma inmediata, la hermana del vasco, Blanca Martínez, replicaba que hubiera deseado que los funcionarios de la legación diplomática española en Estocolmo hubieran puesto el mismo celo en exigir a los suecos pruebas de que, en efecto, la persona identificada por una fotocopia de un DNI era, en verdad, su hermano. Para respaldar sus tesis, Martínez recordó que el examen post mortem sueco se realizó cinco días más tarde de que se encontrara el cadáver, “lo cual comprometió sus conclusiones inevitablemente”. Entre los documentos remitidos por los suecos no había, incomprensiblemente, fotos de la autopsia, donde tampoco se especifican los cambios cadavéricos -fundamentales para establecer la fecha de la muerte- ni mención alguna a los hongos, las algas o las lesiones secundarias causadas habitualmente por organismos acuáticos. Ahora, los suecos aseguran que han sometido a una segunda identificación al cadáver recurriendo a un molde de su dedo índice que tomaron en su día, hace trece años. Blanca Martínez, sin embargo, se resiste a creer que las autoridades escandinavas “tomaran un molde de su dedo, cuando ni siquiera se molestaron en hurgar en sus bolsillos”.

13. “El pito del sereno”. Blanca Martínez tiene claro que a su hermano lo mataron para quitarle sus órganos porque pensaron que era un indigente de quien nadie iba a ocuparse. “Los suecos asumieron que era un inmigrante sin recursos y lo trataron como tal, como a basura. Con lo que no contaban era conmigo, de manera que todo lo que después ha sucedido es una cadena de chapuzas aún mayores llamadas a ocultar todas esas irregularidades. Que se nieguen siquiera a investigar lo ocurrido ante tal apabullante cantidad de pruebas da una idea de lo que digo”, cuenta. Entre tanto, la Justicia española ha enviado a la británica cuatro comisiones rogatorias en las que se solicita que se exhume el cuerpo de su hermano para una nueva identificación. Las peticiones fueron emitidas por el fiscal superior del País Vasco y por la Audiencia Nacional desde 2014 a 2017. Lo que Blanca desea es que se someta al cuerpo de Miguel Ángel a una segunda autopsia y a unas pruebas de identificación mediante técnicas de ADN para que sus resultados sean luego cotejados con los de las pruebas practicadas a sus padres.

14. Pagar la investigación de su bolsillo. Quienes sí han respondido a la familia de la víctima son los empleados de la oficina del forense de Westminster donde se realizó la segunda autopsia. La carta les llegó el pasado día 28, miércoles, tan sólo horas después de que Público se hiciera eco en una información de la negativa del Ministerio de Interior británico a responder a la petición de exhumación del cadáver cursada desde la Audiencia Nacional. Literalmente, se afirmaba: “El forense [cuyo auxilio usted solicitó] es ahora lo que se conoce como functus officio y ya no puede ayudar porque carece de competencias. Sin embargo, me ha pedido que le informe de que puede […] usted dirigirse a los responsables de los crematorios funerarios y preguntarles sobre la exhumación [de su hermano]. Ellos le asesorarán sobre el proceso. Entiendo que el entierro tuvo lugar fuera de la jurisdicción de este tribunal. En cuanto al costo, no podría decirlo. Para recabar esa información, puede usted dirigirse a los directores de las funerarias”. En otras palabras, la carta del forense inglés no sustituye a la que, en verdad, deberían haber remitido las autoridades británicas en respuesta a las comisiones rogatorias de la Audiencia Nacional, pero viene a sugerirle a la familia del difunto que paguen de su bolsillo la exhumación, para acelerar ese proceso. 

15. Suecia es un buen mercado para los traficantes de órganos. Una de las razones que más comúnmente se aducen a la hora de descartar, casi a priori, la posibilidad de que un suceso de esas características sea digno de ser investigado en Suecia, se basa esencialmente en un prejuicio positivo de nula validez jurídica -como cualquier otro prejuicio-, que puede resumirse de este modo: “Algo así no puede suceder en Suecia”. ¿Es posible que haya suecos dispuestos a pagar por adquirir un órgano ilegalmente incluso a costa de la muerte de un extranjero o un sin techo?, se pregunta la familia. La respuesta es que sí. Un estudio hecho público en 2011, firmado por la profesora sueca Susanne Lundin, del hospital Karolinska de Estocolmo, demostraba con datos que no menos de treinta suecos han llegado a pagar hasta 80.000 dólares durante los últimos años para adquirir un órgano en el extranjero, con o sin el beneplácito del donante. Mucho más recientemente, a finales del pasado año, se mencionaba a Suecia como el país de origen de parte de la clientela que recurría a una mafia egipcia para adquirir riñones de inmigrantes. Los desesperados refugiados que renunciaban a un riñón percibían a menudo unos pocos cientos de dólares por el órgano. Blanca ignora qué le pasó a su hermano, pero tiene muy claro que quien quiera que le robó su corazón y lo arrojó a las aguas de un fiordo como un cubo de basura, jamás contó con ella.

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DESAPARECIDOS 11 Tve1

 

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The corpse of this Basque traveler was sent to England without heart and without liver

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Ferran Barber

The National High Court of Spain has issued four “rogatory commissions” to the British authorities asking for the exhumation of the corpse of a Basque traveler, Miguel Ángel Martínez, whose body was supposedly sent in 2005 for burial from Sweden to London without a heart and without part of his liver after his alleged suicide. According to a post-mortem medical exam made thirteen years ago by the forensic office of Westminster, both his heart and three fifth parts of his liver were removed from the Martinez’s body by a clean surgical cut before his corpse was sent to England from Stockolm.

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DEIA 18.03.2018 “Necesitamos saber sí el cuerpo sin corazón enterrado es el de mi hermano”

EN EL CEMENTERIO LONDINENSE DE GUNNERSBURY

Una familia vizcaina pide exhumar un cadáver para identificar mediante el ADN si pertenece a Miguel Ángel Martínez

Sandra Atutxa  – Domingo, 18 de Marzo de 2018

Blanca Martínez Santamaría, con un informe.

Blanca Martínez Santamaría, con un informe. (Oskar M. Bernal)

BILBAO– Una lápida sin nombre se asoma entre las miles de tumbas en el cementerio londinense de Gunnersbury. Hace más de una década fueron enterrados los restos de quien podría ser Miguel Ángel Santamaría (Erandio, 1960). Sin embargo, a día de hoy no existe ninguna prueba fehaciente que lo acredite;su familia sigue solicitando respuestas que nunca llegan. “Es una historia truculenta… Cuando la lea voy a pensar que no es la nuestra”, confiesa Blanca Martínez Santamaría, hermana del desaparecido.

El caso del niño almeriense, Gabriel Cruz ha removido las entrañadas de esta familia que solo desea que nadie pase por el mismo calvario. “Mi aita me ha dicho alguna vez: Blanca, no has conseguido nada. Es duro.Ahora continuo en solitario y ayudo a familias de personas desaparecidas”.

Lo único que saben con certeza es que Miguel Ángel abandonó la casa familiar en Getxo el 28 de abril de 2005 para iniciar un viaje por Europa. Nunca volvió. Desde hace más de cuatro años están intentado que la autoridad central jurídica del Reino Unido cumplimente la comisión rogatoria solicitada por la Fiscalía de la Audiencia Nacional y se proceda a la exhumación de un cadáver para que, mediante las pruebas de ADN, pueda confirmarse que pertenecen a Miguel Ángel Martínez.

“Todo se hizo mal desde el principio; a mis padres les tomaron muestras de ADN, pero llegaron ocho meses después

Blanca es quien capitanea desde hace años una batalla en la que, según explica ha recibido “buenas palabras, palmaditas en la espalda, pero no la ayuda esperada”. Las sombras que arrojan esta muerte y los deficientes trámites administrativos le hicieron dudar desde el primer momento de que el cadáver -en avanzado estado de descomposición- fuera correctamente identificado. La aparición del cuerpo tuvo lugar el 22 de septiembre de 2005, flotando en una zona residencial de Estocolmo.

La hermana del fallecido afirma que el hallazgo y posterior levantamiento del cadáver fueron las primeras piezas de una cadena de despropósitos y errores que nunca se han reconocido. “No se presentó ninguna autoridad judicial ni forense para proceder al levantamiento del cadáver, no se hicieron fotografías de ese acto ni de la autopsia y no se permitió a la familia identificarlo visualmente. Dicen que todo está correcto y el caso lo cierran”, denuncia Blanca Martínez. Dos archivadores repletos de documentos le acompañan en el encuentro con DEIA. “En casa tengo mucho más”, aclara. En una de las hojas plastificadas afloran fotos de su hermano y el informe de autopsia practicada en Suecia. Se resume en apenas seis líneas: Hombre no identificado, posiblemente se trata de Miguel Ángel Martínez Santamaría. “Todo se hizo mal desde el principio. A mis padres les tomaron muestras de ADN para enviarlas a Suecia, pero se quedaron en un cajón”, cuenta Blanca. En un primer momento la policía dijo que el hallazgo del cadáver correspondía a un acto criminal; después pasó a ser un suicidio y, finalmente, un accidente de tráfico. “Se creyeron que la persona no tenía familia y que nadie le iba a reclamar”, lamenta. Cinco días después, la forense sueca Petra Rästen-Almqvist le realizó la autopsia. El cuerpo presentaba una retención de agua y órganos internos bastante normales, aunque en estado cadavérico. Se le realiza un estudio odontológico que nunca es entregado a la familia. Fue a ese cadáver a quien se le atribuyó la identidad de Miguel Ángel Martínez al encontrarse una fotocopia de su DNI “mojada y doblada” en un bolsillo del pantalón. “La Policía y la Fiscalía me han dicho que si esta fotocopia hubiera estado en el agua, habría estado más destrozada”.

FUNERAL EN LONDRES Miguel Ángel deseaba, en caso de morir, ser enterrado en el nicho donde reposaban los restos de su novia en un cementerio de Londres, donde vivió. El cadáver fue trasladado sin salvoconducto mortuorio y sin que, en el certificado de defunción, se detallara el motivo de la muerte. Según recoge la ley no se puede repatriar un cadáver sin que se conozca la causa de la muerte. “En la inscripción de la defunción de la Embajada de España en Suecia, esa casilla aparece vacía”, dice Blanca. Pero la historia no termina ahí. La investigación abierta por un juez de Londres para determinar la identificación y la causa de la muerte, -obligatorios en el Reino Unido- se cerró el 22 de marzo de 2006 con una conclusión sorprendente: sus pulmones eran normales, pero no se pudo concretar de qué murió porque no tenía corazón. La familia interpuso una denuncia en Suecia por tráfico de órganos, pero desconocen si se han investigado. “Necesitamos saber si el cuerpo sin corazón que enterramos es el de mi hermano”, reclama.

Los restos del que fue identificado como su hermano descansan en el camposanto de Gunnersbury. “Le hicimos el funeral que siempre quiso. La familia estuvo allí”. Pasa el tiempo y la lápida continúa vacía. “Mi hermano está muerto, pero no sabemos si es quien está enterrado allí”. Blanca es una mujer fuerte que ha aprendido a contener el dolor, pero los sentimientos afloran y en un momento se rompe: “Esta es la historia de mi familia. La que nos ha cambiado la vida para siempre”.

http://www.deia.eus/2018/03/18/bizkaia/necesitamos-saber-si-el-cuerpo-sin-corazon-enterrado-es-el-de-mi-hermano

DEIA

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El País “La extraordinaria historia de un cadáver menguante”

La familia del bilbaino Miguel Ángel Martínez denuncia 12 años de silencio institucional en torno a su extraña muerte y mutilación en 2005

Blanca Martínez, con la documentación sobre el caso de su hermano, Miguel Ángel. Blanca Martínez, con la documentación sobre el caso de su hermano, Miguel Ángel.                        FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

El 29 de septiembre de 2005, María Isabel Santamaría, la madre de Miguel Ángel Martinez, recibió una llamada de la comisaría de la Policía de la calle Gordóniz, en Bilbao: “El cadáver de su hijo ha aparecido flotando en aguas de Lidingo, Estocolmo, con la mano derecha cortada”. El mundo se le vino abajo. Sospechaba que a su hijo de 44 años le había pasado algo, pero no imaginaba, ni por asombro, que 12 años después no tendría en sus manos una identificación del cadáver mínimamente seria, ni sabría la causa del fallecimiento.

Nadie en su sano juicio hubiera podido imaginar entonces que la policía sueca no había hecho fotos del levantamiento del cadáver, o que el certificado de defunción había sido fabricado sin una identificación definitiva. Pero lo que estaba a años luz incluso, de las mentes más novelescas, era que 12 años después toda su familia se iba a estar torturando con la imagen de un cadáver que no les han dejado ver pero que es imposible no recrear cuando cierran los ojos: según una segunda autopsia realizada en Londres varios meses después de morir en Estocolmo, Miguel Ángel no tenía ni corazón ni el 75% de su hígado.

La extraordinaria historia de un cadáver menguante

“Esta es una historia que nadie quiere oír”, lamenta Blanca Martínez, su hermana, “pero quienes menos queremos escucharla somos nosotros”, explica con dos carpetas de papeles oficiales que ha ido recopilando luchando con uñas y dientes ante la insolidaridad, la incomprensión y el oscurantismo de las mismas instituciones que los emitieron. Blanca, sus padres, y también algunos especialistas relacionados con la medicina forense, con la judicatura y con la policía española creen que, detrás de los documentos oficiales que apuntan a un suicidio de Miguel Ángel –primero se pudo tirar de un puente, luego de un barco- se esconde una gran mentira: “La verdad es que creemos que fue asesinado”.

El viaje de Miguel Ángel comenzó el 28 de abril de 2005, fecha en la que salió del País Vasco, pero todavía nadie puede certificar, a ciencia cierta, que terminó en aquel lago. Cogió una mochila, -unos 11.000 euros en su cuenta-, una tarjeta de crédito y su documentación para viajar en tren, con Interrail por Europa, y, el 22 de septiembre, casi cinco meses después, un policía judicial de Bilbao telefoneó a su madre para comunicarle su muerte.

copia dniFotocopia del DNI presuntamente sumergida durante varias semanas.

La última persona que escuchó su voz fue un funcionario de la embajada de España en Estocolmo al que solicitaba ayuda para comunicar con el director de una sucursal de la antigua Bilbao Bizkaia Kutxa, para que le transfiriera fondos. Quedó en volver a llamar , pero esa llamada nunca se produjo. Al parecer tenía problemas con su tarjeta. De hecho, una semana antes se apostó en una sucursal de Nordea Bank, en una localidad próxima a la capital, y dijo que de allí no se movía si no le gestionaban fondos de su cuenta.

Se lo llevó la policía sueca a una comisaría donde estuvo retenido un número indeterminado de horas. Los agentes fueron los últimos –que se pueda documentar- que le vieron con vida. Curiosamente el DNI que apareció en el pantalón trasero del cadáver fue el que, remitido desde España, permitió su identificación. Sin embargo, ese documento llegó a la comisaría sueca en la que estaba retenido Miguel Ángel tres horas después de que según el registro policial fuera liberado. “¿Cómo es posible que los policías que localizaron a Miguel Ángel en el lago no lo detectaran en su bolsillo y que, después, en la morgue, lo encontrara una persona que temporalmente ayudaba en el servicio forense”, se cuestiona Blanca. ¿Cómo es posible?, se pregunta, que después de tanto tiempo en el agua la fotocopia de papel de su DNI esté perfecta cuando llevaba en el agua varias semanas.

Los agentes de la policía sueca fueron los últimos que le vieron

En el informe forense preliminar comunicado el 27 de septiembre, cinco días después de aparecer el cadáver, -aunque en la fecha de emisión figura el 27/8/2005- la médica certifica que el cadáver presentaba hematomas “posiblemente por la caída/salto desde un lugar elevado, pero por lo demás, los órganos internos bastante normales aunque en estado cadavérico”, debido a que había estado en el agua muchas semanas. Ese informe es ampliado y comunicado a la familia a través del Ministerio de Asuntos Exteriores en febrero de 2006 confirma: “Hombre no identificado, posiblemente Miguel Ángel Martínez”… “se sospecha se tiró al agua desde un buque que hace la línea Estocolmo Helsinki. Presumiblemente los pulmones con señales de haber muerto ahogado. Las circunstancias podrían indicar que se haya podido suicidar , pero las investigaciones forenses no han podido determinar las causas concretas. La causa del fallecimiento es poco clara”.

La extraordinaria historia de un cadáver menguante

Cuando los familiares de Miguel Ángel se trasladaron a Estocolmo, el 12 de octubre, la policía no les permitió reconocer el cadáver. No había fotografías para poder identificarlo. Desde que le despidieron en 2005 en la estación del tren, no le han vuelto a ver. Las sospechas de que extraordinario estaba pasando empezaron a tomar cuerpo. No creían de ninguna manera en la tesis del suicidio pese a que sufría una esquizofrenia paranoide controlada que nunca le había impedido trabajar. De hecho, estuvo dos años trabajando como bedel en el hospital Brompton de Londres. Allí convivió con la que fue su novia hasta que falleció. Dejó escrito en sus últimas voluntades que quería ser enterrado en Londres, junto a ella.

Esa previsión acabó siendo clave para enturbiar más el asunto. Cuando el cadáver viajó a Londres en noviembre de ese año, el juez de instrucción de la oficina forense de Westminster abrió una investigación para corregir, si fuera posible, las imprecisiones del informe forense sueco. El shock fue monumental. “No es posible identificar la causa de la muerte por ausencia del corazón. Ambos pulmones sin otros cambios patológicos distintos de la descomposición –no aprecia muestras de encharcamiento o muerte por ahogamiento-. 600 gramos de hígado (faltan 743) de 1343”, dejó escrito el forense Peter Witkins. Le faltaban dos órganos.

Hombre no identificado, posiblemente Miguel Ángel Martínez”

La forense sueca ratificó años después que los órganos estaban en Suecia en el cadáver de Miguel Ángel. Pero la identificación seguía sin ser fiable. Los informes a veces dicen que lo identificaron con el dedo índice derecho (que no existía) y otras con el entre el dedo índice izquierdo. ¿A quién creer? se pregunta Blanca. Varios expertos en medicina forense les dijeron que las lesiones no son compatibles con alguien que se tira de un barco o un puente. No tenía ningún hueso roto, pero sí eran compatibles con los que produce una barra o porra. El corte en una ceja que apreciaron los policías que le encontraron tampoco aparece en el informe sueco.

“Nos animaron a denunciar”, y es lo que estamos haciendo desde entonces. Presentaron una denuncia en Estocolmo por homicidio y tráfico de órganos, y desde entonces lo han denunciado en todas las instancias posibles, desde el Parlamento Europeo al vasco pasando por los defensores del pueblo. Incluso la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha solicitado documentación adicional a Gran Bretaña y la posibilidad de exhumar el cadáver para identificarlo. Nada de nada. “El Ararteko (Defensor del Pueblo Vasco) me reconoció que ha habido, cuando menos actuaciones incorrectas e incluso irregulares por parte de la policía sueca, de la administración de aquel país,  y también por parte de las autoridades españolas (Ministerio de Asuntos Exteriores) que han intervenido.

“Mis padres tienen 85 y 87 años. Se van a morir sin saber qué ha sido de su hijo. Si lo mataron, o quien lo mató, por qué lo mutilaron. Nadie aclara nada. Es difícil imaginarse un infierno más cruel”, lamenta Blanca.

https://politica.elpais.com/politica/2018/03/03/diario_de_espana/1520062941_138497.html

 

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Público: El misterioso caso del cadáver del joven vasco al que le robaron el corazón

Las autoridades británicas han desoído cuatro comisiones rogatorias cursadas por la Justicia española con el fin de que se exhume para una nueva identificación el cadáver de Miguel Ángel Martínez Santamaría, un viajero vasco enterrado en Londres cuyo cuerpo fue a Inglaterra desde Suecia sin corazón y sin parte de su hígado tras su supuesto suicidio.

BARCELONA 27/02/2018 17:05 Actualizado: 28/02/2018 07:00

FERRAN BARBER @diasporasmagaz

La historia grotesca y truculenta del joven vasco Miguel Ángel Martinez acaeció en 2005 y fue dada por primera vez a conocer hace ahora dos años por reporteros españoles a partir de las pesquisas llevadas a cabo por la hermana del vasco. Los hechos pueden resumirse de este modo: Miguel Ángel Martínez (Erandio, 1960) abandonó en tren el País Vasco en abril de 2005 con más de 10.000 euros en su cuenta y el deseo de viajar por toda Europa. Su familia ya no volvió a saber de él hasta el 29 de septiembre de ese mismo año, fecha en la que recibió una llamada de una comisaría de Bilbao en la que se les comunicaba que Miguel Ángel había aparecido flotando muerto en avanzado estado de putrefacción junto a la orilla del fiordo de Lidingö, un barrio residencial de clase alta situado en la periferia de Estocolmo.

Dos días después de la llamada, supieron que la policía sueca atribuía la muerte a un suicidio y, un año y medio después, les remitieron la autopsia definitiva donde se enunciaba la versión que, con variantes, vienen manteniendo las autoridades escandinavas desde entonces. Lo que esencialmente sostienen, a través de diferentes documentos cuajados de contradicciones, es que Miguel Ángel se arrojó desde uno de los buques que efectuaban el trayecto entre Helsinki y Estocolmo semanas antes del día (22 de septiembre de 2005) en que una ciudadana del Reino Unido de la que jamás después se supo, Sara Evans, encontrara su cadáver en los aledaños del barrio de Lidingö. Con arreglo al examen post mortem firmado por Petra Rästen-Almqvist, el vasco murió por ahogamiento.

Pese a las contradicciones de los suecos y al disparatado procedimiento que se siguió para su identificación y para la investigación del fallecimiento, esa hubiera sido, de hecho, la versión dada por buena entre los allegados del difunto de no haber concurrido una circunstancia fortuita adicional. Miguel Ángel hizo constar entre sus voluntades finales el deseo de ser sepultado junto a una antigua novia en la capital británica, ciudad en la que trabajó durante dos años y medio. Atendiendo su deseo, su cadáver fue trasladado por una compañía funeraria el 4 de noviembre de 2005 al aeropuerto de Heathrow, en Londres. Sin embargo, los británicos se negaron a autorizar su inhumación aduciendo que los suecos no habían remitido la documentación precisa. Las dudas que semejantes irregularidades suscitaron entre los ingleses aconsejaron realizar una segunda autopsia al responsable de la oficina forense de Westminster el 17 de noviembre de ese mismo año.

Las conclusiones que en ella recoge el forense Peter Witkins no dejan lugar a dudas. El cadáver enviado por los suecos carecía de corazón y de la mitad del hígado. Literalmente, el documento señalaba: “Ambos pulmones han sido diseccionados y no presentan cambios patológicos específicos diferentes a los de la descomposición (…). Fueron identificados 600 gramos de un hígado parcialmente seccionado. (…) El corazón no fue identificado”. En otras palabras, del cuerpo de Miguel Ángel Martínez -si es que en verdad ese era su cadáver- había desaparecido el corazón y tres quintas partes del hígado, cuyo peso en el caso de un adulto acostumbra a alcanzar los 1.500 gramos. Confrontada con esta nueva autopsia, la forense Rästen-Almqvist, se limitó a insistir en que “el cuerpo partió hacia Londres con el corazón. Este pesaba 261 gramos y tenía la forma y los tamaño habituales”. La credibilidad de esta versión ha sido puesta en duda incluso por uno de los colegas que trabajaban bajo las órdenes de esta funcionaria, consultado por Público en el instituto forense de Estocolmo. “Que el corazón desapareciera de camino a Londres es simplemente imposible”, nos aseguró en la capital de Suecia. Contradiciendo las conclusiones de la forense sueca, la autopsia británica reveló también que los pulmones no mostraban signos de ahogamiento ni de encharcamiento.

¿Qué le sucedió a este vasco desde que abandonó su tierra hasta su muerte? En realidad, lo único que se sabe a ciencia cierta es que la última vez que se le vio con vida se hallaba en compañía de los agentes de policía que le arrestaron en la ciudad de Karlstad, tras protagonizar un incidente en una oficina bancaria. Las “chapuzas” realizadas para identificar a Miguel Ángel y las contradicciones que contienen las versiones oficiales resultan, en verdad, tan evidentes, que el caso revestiría la apariencia de un sainete de no implicar la muerte de un humano. En verdad, la familia no se encuentra ya segura ni de la verdadera identidad del muerto al que se dio sepultura en la capital británica.

Blanca Martínez, hermana del joven, se aferra ahora a dos opciones: denunciar a las fuerzas de seguridad suecas ante la fiscalía de su país y/o conseguir que algún medio de comunicación escandinavo se haga eco de su historia para recabar, de esa forma, la colaboración ciudadana. Quizá alguien, en algún lugar, fuera testigo de algo, pero para solicitar la ayuda popular es preciso divulgar los hechos y, por sorprendente que parezca, ni un sólo diario sueco ha juzgado hasta ahora pertinente informar de lo ocurrido pese a que Martínez respalda sus acusaciones con documentos lo suficientemente contundentes como para que la propia Audiencia Nacional haya terciado en el asunto.

Por otro lado, nuevas averiguaciones realizadas por Blanca Martínez desde entonces confirman, en su opinión, que los funcionarios escandinavos que se ocuparon del asunto han tratado de levantar deliberadamente una cortina de desdén y de humo para enmascarar los procedimientos chapuceros que emplearon para investigar la muerte de Miguel Ángel y atribuirla falsamente a un suicidio. La hermana sostenía entonces y se reafirma ahora en que su hermano pudo ser asesinado para utilizar sus órganos poco después de ser arrestado por la policía sueca.

Puente junto al que supuestamente se halló el cadáver del joven vasco

Las autoridades británicas han desoído cuatro comisiones rogatorias cursadas por la Justicia española para que se exhume para una nueva identificación. Las peticiones fueron emitidas por el fiscal superior del País Vasco y por la Audiencia Nacional desde 2014 a 2017 en demanda de que se sometiera al cuerpo a una segunda autopsia y a unas pruebas de identificación mediante técnicas de Adn, cuyos resultados pretendían ser cotejados con los de las pruebas practicadas anteriormente a sus padres. Según la hermana de la víctima, Blanca Martínez Santamaría, el Reino Unido ni siquiera ha respondido a estas peticiones. Claro que ni la falta de colaboración de los ingleses ni la negativa de la policía de Estocolmo a reabrir el caso para investigar lo sucedido han logrado persuadirla para que deje de indagar en la suerte de su hermano.

Han pasado cerca de tres años desde que dimos a conocer públicamente por primera vez el caso de su hermano y sigue sin saber la suerte que corrió. ¿Han aparecido nuevos datos que puedan ayudar a esclarecer lo sucedido? -le preguntamos a la hermana del difunto.

Lo que han aparecido son nuevas evidencias de que la versión de la forense se sostiene sobre falsedades. La propia policía sueca me aseguró durante una visita a Estocolmo que mi hermano no pudo lanzarse desde ningún ferry porque desde 1999, y a raíz del hundimiento de un buque, se identifica a todos los pasajeros, y jamás se reunieron pruebas de que Miguel Ángel viajara en alguno de esos barcos. También hemos hallado nuevas contradicciones en las fechas de los hechos que se detallan y, en general, en todo el procedimiento que la policía siguió tanto para identificar a mi hermano como para determinar la causa de su muerte. Por ponerle un ejemplo, en el libro que mandó la policía se dice que mi hermano estaba identificado el 26 de septiembre; la forense sostenía que el día 4 en la autopsia y en el papel que la policía le manda a la forense, consta el día 5 de octubre. Hágase usted cargo del celo que pusieron en investigar la causa de la muerte de mi hermano. En 2014, volvieron a identificar nuevamente a mi hermano, sirviéndose, según afirman, de un molde que sacaron de su dedo índice. Vaya usted a saber…

Supuestamente, el joven se suicidó lanzándose de uno de los ferries que hacen la línea a Finlandia.

Y definitivamente, usted cree que la policía sueca pudo estar detrás de ello…
No, yo no digo que fuera la policía, sino que la historia de mi hermano comenzó un 1 de agosto en una comisaria de policía, tras unos incidentes que protagonizó en una oficina bancaria y que condujeron a su arresto. Estoy convencida de que en aquella comisaria sucedió algo y de que la policía -algunos agentes de policía- conocían cosas que ocultaron. Ahora, hemos sabido también que entre sus cosas se hallaron pastillas, cuando mi hermano se resistía por sistema a tomar cualquier clase de medicación, hasta el punto de que cuando le ingresaban en algún hospital se veían obligados a inyectarle la medicación. [La última vez que se supo de él fue a raíz de una llamada que supuestamente hizo a la embajada de España en Estocolmo desde un centro sanitario u hospital].

Usted está también convencida de que a su hermano lo mataron para servirse de sus órganos, bien es verdad que existen evidencias que apuntan en tal sentido y, entre otras, una autopsia británica digna de todo el crédito.

Sí, en efecto, eso es lo que creo, que a Miguel Ángel lo mataron para robarle el corazón. De hecho, en 2014 llegué a presentar una denuncia por tráfico de órganos que fue rechazada por el fiscal de Malmoe. Me dijeron que el caso había prescrito, cuando en realidad este tipo de delitos no prescriben jamás. Posteriormente, traté de denunciar a la policía sueca por maltrato a mi familia, por ocultación de documentación y por dejación de funciones en su deber de investigar un crimen, pero mi denuncia fue automáticamente rechazada. Curiosamente, presenté una nueva denuncia en Estocolmo en el que el policía, tras evaluar los datos de los que le hice entrega, se refería a mi hermano como “desaparecido”. Mi única alternativa ahora es acudir a la Fiscalía.

¿Y no es extraño que no se hayan dado nuevos casos de ello?
Verá, de lo que sí se han dado casos es de desapariciones de personas sin recursos que nadie jamás ha investigado. La muerte de mi hermano hubiera sido el crimen perfecto si no hubiera aparecido yo en escena. Lo que falló fui yo. Estoy convencida de que algunas de esas desapariciones guardan relación con el mismo tipo de crímenes, personas sin recursos, inmigrantes o indigentes secuestrados y asesinados para privarles de sus órganos de los que nadie sabe nada. Como usted sabe, mi hermano hubiera terminado casi con certeza enterrado de manera anónima de no haber concurrido una serie de excepcionales coincidencias. [Según dijeron inicialmente los suecos, lo mandaron a la Morgue como un difunto anónimo, fue la enfermera que estaba de guardia quien halló en su bolsillo una copia de su DNI]. Un forense español cuyo nombre no puedo mencionar me llegó a decir que es habitual que algunos de los cuerpos que llegan repatriados desde fuera vengan sin órganos. Me han insinuado igualmente que le pudieron quitar el corazón para que no pudiera determinarse la verdadera causa de su muerte.

Y a pesar de todos los datos que apuntan, inequívocamente, y en el peor de los casos, a la clara existencia de irregularidades en el proceso de investigación que se siguió, o no se siguió, ni siquiera los británicos han atendido la petición de la Justicia española para que se exhume el cadáver.
Así es. Se han cursado varias comisiones rogatorias y ninguna ha sido respondida.

¿Qué piensa hacer, en tal caso?
Seguir denunciando a las autoridades responsables en cuantas instancias sea necesario y, a ser posible, tratar de divulgar lo sucedido en Suecia. Hasta la fecha, los periodistas del país se resisten a hablar del caso.

http://www.publico.es/sociedad/misterioso-caso-cadaver-joven-vasco-le-robaron-corazon.html

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¿LAS INSTITUCIONES PUEDEN SEGUIR EN SILENCIO?

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