DIAS EXTRAÑOS con Santiago Camacho: ¿Un español víctima del tráfico de órganos? Entrevista a Blanca Martínez y Ferran Barber

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MIGUEL ANGEL

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“Yo me he sentido (y me siento) super sola y abandonada por las Instituciones” Onda Vasca 05/05/2018

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Un cadáver sin corazón, mentiras policiales y tráfico de órganos… ¿Quién mató a Mikel?

Blanca trata de aclarar la muerte de su hermano 12 años después; Suecia calla y la Audiencia Nacional ha pedido cuatro veces exhumar su cadáver, que está enterrado en Londres

Foto: Miguel Ángel Santamaría junto a su hermana Blanca en una foto de archivo cedida por la familia.Miguel Ángel Santamaría junto a su hermana Blanca en una foto de archivo cedida por la familia.

ROBERTO R. BALLESTEROS

02.05.2018 – 05:00 H.

Ya va camino de cumplirse 13 años desde que Blanca recibiera la peor llamada de su vida. El 29 de septiembre de 2005, un policía nacional de la comisaría de Bilbao marcó su número. Ella descolgó el terminal. “Ha aparecido un cadáver en el agua en avanzado estado de descomposición, con la mano derecha cortada, que podría corresponder al de su hermano Miguel Ángel”, le indicó el agente a la mujer, que llevaba cinco meses sin saber nada del chico. En concreto, desde abril de ese año, cuando el muchacho emprendió el último viaje de su vida, un Interrail que acabaría presuntamente en las gélidas aguas de Estocolmo.

Tras recibir la fatídica llamada, Blanca -que era la pequeña de los cuatro hermanos que encabezaba Miguel Ángel- fue con su madre a la comisaría de Bilbao. Ya no estaba el policía que les había llamado y tuvieron que regresar al día siguiente. Un nuevo funcionario les atendió. Les mostró un fax que había llegado de la capital sueca y que daba cuenta del hallazgo del cadáver, del mal estado en el que se encontraba así como de la imposibilidad de identificarlo por la ausencia de la mencionada extremidad superior. En el mismo escrito, de hecho, las autoridades nórdicas solicitaron las huellas dactilares de la mano izquierda y los datos dentales para poder determinar la filiación del hombre con certeza, ya que de momento solo podían atestiguar que era él por una fotocopia del DNI que el joven portaba en un bolsillo a nombre de Miguel Ángel Santamaría.

En el fax, los agentes suecos relataban también que el chico había protagonizado dos meses atrás un llamativo episodio en una sucursal bancaria de Estocolmo. En concreto, el 1 de agosto de aquel 2005, detallaban, el ciudadano español fue a esta entidad para efectuar una transferencia desde su cuenta de la BBK, donde tenía 12.000 euros. Explicó que se le había rayado la tarjeta, que no podía sacar dinero y que necesitaba un traspaso de efectivo. Sin embargo, según el fax, como el vizcaíno no tenía documento de identificación, el director del banco se negó a hacerle la transferencia y el chico dijo que no se movía de allí hasta recibir los fondos. Ante este último anuncio, el responsable de la entidad llamó a la policía, que hizo acto de presencia a los pocos minutos y detuvo a Miguel Ángel.

Los funcionarios se llevaron al español a comisaría, donde estuvo desde las 10 de la mañana hasta las cuatro de la tarde, según dijeron los agentes suecos a Blanca vía consulado. La hermana pequeña del desaparecido, sin embargo, supo luego que había estado más tiempo, ya que la Policía Nacional le reveló posteriormente que sus homólogos suecos les habían confesado que le identificaron a las 19 horas. “Pusieron menos tiempo porque a las seis horas tienen que llamar al abogado del detenido”, entiende hoy la mujer, que recuerda aquello como la primera mentira que pilló a las autoridades nórdicas.

Miguel Ángel Santamaría. (Foto cedida por la familia)
Miguel Ángel Santamaría. (Foto cedida por la familia)

El fax constaba de diez páginas y siete de ellas estaban dedicadas a relatar el episodio del banco. Las otras tres, según explica hoy Blanca, que leyó el documento aquella mañana del 30 de septiembre junto a una amiga, detallaban que la Policía sueca había encontrado el cadáver en aguas de Estocolmo en las condiciones antes descritas tras sufrir una muerte violenta. “Los dos sucesos estaban relacionados, seguro, por eso los contaron juntos“, reflexiona la hermana del fallecido, quien añade que durante 12 años la Interpol de Suecia ha sostenido que aquel día en la sucursal bancaria el visitante no tenía documentación. En enero de 2018, sin embargo, cambió la versión. “La Policía de Estocolmo me remitió un informe en el que asegura que ese 1 de agosto de 2005 Miguel Ángel sí portaba documentación”, subraya Blanca.

Tras leer el fax, la mujer le pidió a sus padres que se hicieran la prueba de ADN. Esa misma tarde, ambos se sacaron muestras con el fin de que las autoridades suecas pudieran identificar a su hijo con certeza científica. Sin embargo, los policías españoles paralizaron la gestión porque habían recibido nuevas noticias de sus homólogos nórdicos. En concreto, estos últimos dijeron que ya no hacía falta la prueba de ADN porque habían conseguido “limpiar el dedo índice con alcohol, hacer un molde y comprobar” que este correspondía con la huella del ciudadano español que mandó la Policía Nacional. “No nos dijeron ni siquiera si era el dedo de la mano izquierda”, recuerda Blanca todavía sorprendida.

¿Suicidio, asesinato o ahogamiento?

Por la vía diplomática las respuestas también eran extrañas. El cónsul le pidió inicialmente a Blanca tiempo para enterarse de lo que había ocurrido cuando esta llamó por primera vez el mismo 30 de septiembre. Dos días después, al ver que el diplomático no respondía, la hermana del fallecido insistió. El cónsul le explicó que le había costado hablar con el jefe de la Policía sueca, pero que al final lo había conseguido y que este le había contado lo mismo que relataron sus agentes en el fax, aunque también le había añadido que el caso estaba bajo secreto de sumario. Tampoco esto último resultaría ser cierto.

La familia pidió -vía diplomática también- viajar a Suecia para ver el cuerpo de Miguel Ángel. La respuesta, sin embargo, fue que el joven había fallecido de “muerte natural”, que había sido un “suicidio” y que los responsables policiales no estarían disponibles durante esos días. “A la semana siguiente viajamos a Suecia, pedimos ver el cadáver, pero no nos dejan; solicitamos ir al sitio donde había aparecido para depositar flores, pero sorprendentemente nos dicen que no saben dónde había emergido“, cuenta Blanca. Tras insistir, continúa, el policía trata de localizar el sitio sobre un mapa de Google. “Primero nos lleva a un lugar, nos dice que no, que se ha equivocado; luego nos lleva a otro, pero tampoco allí había elemento alguno que hiciera pensar que había parecido ahí”, recuerda aún asombrada.

Copia del DNI de Miguel Ángel Santamaría encontrada supuestamente en su bolsillo.Copia del DNI de Miguel Ángel Santamaría encontrada supuestamente en su bolsillo.

A continuación, rememora, los familiares fueron a recoger algunos enseres del fallecido. “Nos dieron un reloj de mi hermano, varios billetes que tenía en el bolsillo, una cadena, la fotocopia de su DNI y un documento en el que pone que la muerte se ha producido por un accidente de tráfico“, relata Blanca, a quien ya le habían dado cuatro causas diferentes de la desaparición de su hermano: el suicidio, el accidente, la muerte violenta y el ahogamiento. No podía ser todo a la vez y ella lo sabía. “Ni los billetes ni el papel con su DNI tenían signos de haber estado un mes y medio bajo el agua”, concluye hoy.

Ni siquiera el trabajo forense ayudaba a arrojar luz. “A los cinco meses de recibir la primera llamada, me entregan dos papeles en los que pone que posiblemente es Miguel Ángel, que posiblemente fue un suicidio lo que acabó con su vida y que posiblemente fue por ahogamiento“, relata Blanca sobre esos primeros ‘aperitivos’ de la autopsia, que no llegó completa hasta marzo de 2007. Mientras esta venía, la familia quiso enterrar el cadáver para poner fin a la pesadilla. “Yo tenía tres hijos y mis padres estaban ya mayores; solo pensábamos en enterrarle y queríamos hacerlo en Londres“, añade la mujer, que recuerda que ese era el deseo de su hermano, que justo antes de salir en Interrail vivía en la casa familiar de Algorta (Bizkaia), pero que previamente había estado trabajando durante tres años como celador en un hospital de la City y como ‘housekeeper’ en diferentes hoteles de la capital británica.

La familia comenzó entonces los trámites para remitir el cadáver a Londres. Una vez en suelo inglés, sin embargo, las cosas volvieron a complicarse. El Reino Unido no permite enterrar a nadie sin conocer antes las causas de la muerte, por lo que el Coroner de Westminster, oficina forense para las muertes violentas competente en la zona, abrió una investigación en noviembre de 2005. Los familiares, sin embargo, no podían esperar más para enterrar al fallecido, por lo que fueron al consulado español en Londres para acabar con la angustia. “Por fin lo hacemos en noviembre de 2005”, afirma con tristeza Blanca, quien admite sin embargo que tampoco ahí pudo ver el cadáver de su hermano.

Miguel Ángel Santamaría. (Foto cedida por la familia)
Miguel Ángel Santamaría. (Foto cedida por la familia)

Yo pedí verlo, pero la funeraria me dijo que en ese mes y medio que el cuerpo había permanecido custodiado por las autoridades suecas se había deteriorado aún más y que ahora sí que no se podía ver”, explica Blanca, que 12 años después reconoce que ni ella ni nadie de su familia llegó a ver a Miguel Ángel sin vida. También admite que “hoy por hoy” no tiene “ninguna prueba fehaciente” de que su hermano sea el que enterraron. “Tampoco sé si realmente apareció flotando, porque no existe ningún documento que lo atestigüe”, argumenta la mujer, que tras el entierro decidió acudir al Ministerio de Asuntos Exteriores para pedir “un certificado de identificación”. El ministerio se dirige a la Policía de Estocolmo, pero esta le responde de malos modos que el caso está cerrado y que no van a contestar más preguntas sobre este tema.

En marzo de 2006, Blanca recibe el examen ‘postmortem’ efectuado por el Coroner de Westminster, que concluye que el estado de los pulmones era normal y que, por lo tanto, el chico no había muerto por ahogamiento. Señalaba además que los golpes que el joven tenía en la espalda “no son compatibles” con ese supuesto suicidio y que “no se podía determinar la muerte por la ausencia del corazón“.

Este nuevo sobresalto provocó que Blanca volviera a contener la respiración antes de pedir explicaciones. La hermana del fallecido escribió directamente a la autora de la autopsia, Petra Rasten, que curiosamente era la jefa del departamento forense del Instituto Karolinska, que entrega anualmente los Premios Nobel de Medicina, para preguntarle qué pasaba con el corazón, que no podía haberse desintegrado. La especialista, sin embargo, respondió a su interlocutora que el corazón lo tenía, que pesaba 200 gramos y que estaba “todo normal”. No podía haber, por lo tanto, más despropósitos en tan poco tiempo.

La Audiencia Nacional pide exhumar el cadáver

Blanca fue entonces a la Policía Nacional para que esta reclamara a sus homólogos toda la documentación y les trasladara una serie de preguntas con el fin de aclarar qué estaba pasando. Pero los agentes españoles no satisficieron la demanda de la vizcaína porque, respondieron, “la superioridad” no se lo permitía. “Todos aquellos con los que hablaba veían lo mismo que yo, muchas cosas raras, pero nadie hacía nada para ayudarnos”, se queja hoy Blanca, quien durante estos 12 años se ha reunido con representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores, del Gobierno Vasco, de la Policía Nacional y de los partidos políticos en el Senado. Además, ha escrito al Parlamento Europeo -que le respondió que entendía su caso pero que no podía hacer nada-, a Interpol o al Defensor del Pueblo, que le respondió que tanto ella como su familia habían sufrido una doble victimización.

Este último organismo se refería al hecho que sus padres y ella padecieron la muerte de Miguel Ángel, primero, y la impotencia de no poder hacer nada por aclarar las circunstancias del fallecimiento, después. “Solo hemos recibido humillaciones e insultos, porque muchos me han dicho que cómo iba a denunciar sin documentación y otros ni me respondían”, relata. “¿Pero cómo voy a presentar papeles que no me dan en Suecia?”, se pregunta Blanca, quien aún recuerda la carta que le mandó Alfredo Pérez Rubalcaba cuando era ministro del Interior. “Me dijo que lo de mi hermano había sido un accidente lamentable; le pregunté qué tipo de accidente, pero nunca me contestó”, se lamenta.

“Solo me escuchó el fiscal Juan Calparsoro“, apunta en referencia al que fuera jefe de la Fiscalía del País Vasco, quien pidió toda la documentación a las diferentes embajadas, a Exteriores y a las autoridades suecas. “Me dijo que para seguir investigando había que exhumar el cadáver y así lo reclamó, pero la Audiencia Nacional le quitó el caso y, según me dicen, ya han pedido cuatro veces al Ministerio del Interior de Londres la extracción del cuerpo”, relata Blanca, quien censura sin embargo lo que a su juicio es un mal proceder por parte del tribunal. “Me dicen en la Audiencia Nacional que no les contestan, pero claro, es que no hay que hacer la petición al Ministerio del Interior, sino al Coroner”, critica la mujer, que también se queja de que no le dejan personarse en la causa para conocer los detalles a pesar de que la ley de víctimas la ampara.

 

https://www.elconfidencial.com/espana/2018-05-02/muerte-mikel-cadaver-corazon-trafico-organos-mentiras-policiales_1547369/

 

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Público: BAJO LA SOMBRA DE STIEG LARSSON: Las 15 claves de la “chapuza” policial del caso del joven vasco al que robaron el corazón

La oficina del forense de Westminster, donde se realizó la segunda autopsia del joven, envió una carta a la familia del difunto dándoles a entender que la exhumación que solicitan podría acelerarse si la pagasen de su bolsillo

Tumba de Miguel Ángel Santamaría, en el cementerio de Gunnesbury. Foto familiar.Cementerio de Gunnesbury en Londres

Si hay algo incuestionable, a juicio de la familia de la víctima, es que una autopsia realizada por las autoridades inglesas apunta a que al vasco Miguel Ángel Martínez Santamaría le quitaron el corazón y la mitad del hígado durante un viaje a Suecia. Claro que en torno a ese suceso truculento del que Público se hacía eco recientemente, han surgido en parejo decenas de dudas paralelas que nadie, hasta la fecha, ha logrado resolver. Nunca, antes, en los anales de la Justicia europea, se ha registrado una chapuza policial de envergadura semejante. Es de factura sueca, aunque con ramificaciones en España y en el Reino Unido.

Por situar los hechos, Martínez (Erandio, 1960) dejó Euskadi a finales de abril de 2005 con el propósito de conocer Escandinavia. Su familia ya no volvió a tener noticias suyas hasta el 29 de septiembre de ese mismo año, fecha en la que un funcionario español de la comisaría de Bilbao comunicó a su madre que había aparecido muerto en los aledaños de Estocolmo. La Policía sueca atribuyó la muerte de Santamaría a un suicidio y, amparándose en las conjeturas de la forense Petra Rästen Almqvist, terminó cerrando el caso sobre las siguientes conclusiones: Miguel Ángel se quitó deliberadamente la vida lanzándose desde un ferry. El examen forense realizado por Rästen atribuía su muerte a un ahogamiento.

Nadie hubiera puesto en entredicho esta versión sueca oficial si Miguel Ángel no hubiera consignado entre sus voluntades últimas el deseo de ser enterrado en la capital británica. En cumplimiento de su deseo, su cadáver fue trasladado el 4 de noviembre de 2005 al aeropuerto de Heathrow, en Londres. Claro que los ingleses no sólo decidieron no enterrar de inmediato al vasco, sino que le practicaron una segunda autopsia que contradecía a la primera y apuntaba de manera inequívoca a que el cadáver enviado por los suecos carecía de corazón y de la mitad del hígado.

Más de doce años ha dedicado desde entonces la hermana de la víctima, Blanca Martínez Santamaría, a reunir información sobre todas las zonas oscuras que rodean este caso. A pesar de que las pruebas de irregularidades reunidas por la familia son abrumadoras, los tribunales suecos de Justicia a los que han acudido en demanda de amparo no aprecian nada en el proceso que aconseje reabrir el caso. Stieg Larsson no lo hubiera hecho mejor. He aquí un listado de las contradicciones que, según Blanca Martínez, demuestran el “chapucero” proceder de la Policía y de todas las instancias oficiales implicadas. Todas y cada una de las afirmaciones aquí realizadas se hallan respaldadas por pruebas documentales. “Cuanto más tratan de encubrir sus negligencias, en más contradicciones incurren”, dice la hermana de Miguel Ángel.

Miguel Ángel Santamaría. Foto cedida por la Familia.Miguel Ángel Santamaría

1. Datos falseados en comisaría. La última vez que Martínez fue visto con vida fue en compañía de la Policía sueca, quien lo trasladó a comisaría para su identificación después de que este protagonizara un pequeño incidente sin transcendencia en una sucursal del Nordea Bank de la ciudad de Karlstad, el 1 de agosto de 2005. Con arreglo a la versión oficial de los escandinavos transmitida por la oficina de Europol (Sirene), los agentes suecos se lo llevaron en custodia desde las 10.25 AM hasta las 4.20 PM. En vista de que, supuestamente, Miguel Ángel carecía de DNI o de pasaporte, los policías se pusieron en contacto con las autoridades españolas para que éstas les ayudaran a identificarlo. De acuerdo al registro de salida, la Policía española envió la requerida copia de su DNI a las 7.12 de la tarde de ese mismo día. Es decir, casi tres horas después de que, según los suecos, abandonara sin cargos la comisaría.

2. No hurgaron en sus bolsillos. Semanas después del mencionado arresto, tras el supuesto hallazgo de su cadáver sobre las aguas de un fiordo de una barriada de Estocolmo, el 22 de septiembre de 2005, el cuerpo de Miguel Ángel fue enviado a La Morgue como un “muerto sin identificar”. Fue la enfermera de origen español Isabela Franco Cereceda -hermana de un destacado médico del departamento de cirugía cardiovascular del hospital Karolinska de Estocolmo- la que halló esa misma fotocopia remitida desde España. Franco se encontraba esa noche de guardia en el depósito de cadáveres y según indicó en Estocolmo a este equipo de reporteros, encontró “el papel en uno de sus bolsillos”.

3. Contradicciones policiales. En efecto, Miguel Ángel fue finalmente identificado debido a una serie de disparatadas circunstancias fortuitas por una enfermera que se hallaba de guardia en el depósito de cadáveres. Tras dar con ella en Estocolmo, la hispano-sueca nos explicó que sintió curiosidad al descubrir la sábana que cubría su rostro porque le pareció apreciar que tenía inequívoco aspecto de español. Fue después de ver sus facciones cuando decidió registrar entre sus ropas. Isabela Franco Cereceda identificó al muerto gracias a esa misma fotocopia del DNI remitida por Sirene a la comisaría de Karlstad, algunos meses antes. ¿Cómo es posible que la fotocopia se hallara en los bolsillos de Miguel Ángel si este, supuestamente, había abandonado la comisaría de Karlstad tres horas antes de que la remitiera la Policía española?

Orilla del fiordo de Lidingo, donde supuestamente apareció el cadáver del vasco. Ferran BarberOrilla del fiordo de Lidingo, donde supuestamente apareció el cadáver del vasco. Ferran Barber

4. Sin noticias de “Sara Adams”. Con arreglo a esa primera versión de la Policía escandinava, el cadáver del vasco fue hallado flotando en avanzado estado de putrefacción junto a la orilla del puente que conecta Estocolmo con Lidingö, un barrio residencial de clase alta situado en la periferia de la capital sueca (el lugar puede verse en la fotografía tomada por los periodistas, y que Público reproduce en este reportaje). La Policía sueca atribuyó el hallazgo a una ciudadana británica a la que identificó como Sara Adams, equivalente británico de, digamos, “Pepa Pérez”. Ni hizo constar en el sumario su dirección, ni cualquier otra seña que permitiera dar con ella posteriormente (ver documento adjunto en el reportaje). Jamás se supo de ella. ¿Es ese, en verdad, el protocolo estándar con el que los suecos toman nota de los autores de hallazgos de muertes violentas?

5. Pereza policial. Dos días después de que las autoridades españolas comunicaran la muerte del vasco a la familia, la Policía sueca informó de que las circunstancias de su fallecimiento apuntaban a que Miguel Ángel se había suicidado. Un año y medio más tarde, Blanca Martínez recibió la versión definitiva sueca de los hechos, a través de la autopsia que firma Petra Rästen Almqvist. La forense atribuía la muerte a un “ahogamiento” y, literalmente, especulaba con la posibilidad de que el español se hubiera suicidado lanzándose desde uno de los ferris que realizan el trayecto entre Helsinki y Estocolmo, semanas antes del día (22 de septiembre de 2005) en que Sara Adams halló su cuerpo. Se da la circunstancia de que todos los pasajeros de esos barcos deben ser identificados al adquirir un billete desde que, en 1999, se produjo un hundimiento de un buque con fatales consecuencias. Asimismo, entre sus pertenencias nunca se halló un billete ni ninguna otra prueba de que hubiera viajado en ferry. Los investigadores suecos, sin embargo, no llegaron nunca a comprobar si Miguel Ángel figuraba entre los pasajeros de uno de esos buques.

6. Semanas en el agua, y completamente secos. De acuerdo a la versión policial de los hechos, el vasco llevaba varias semanas flotando en el agua cuando su cadáver fue hallado. No obstante, ni los billetes suecos que la Policía encontró entre sus pertenencias, ni la copia del DNI que no halló porque nadie hurgó en los bolsillos de sus pantalones, estaban completamente secos y no mostraban signo alguno de haber permanecido dentro del agua.

Este es el aspecto que presentaba la copia del DNI de la victima, tras pasar supuestamente varias semanas sumergida en el agua

 Este es el aspecto que presentaba la copia del DNI de la victima, tras pasar supuestamente varias semanas sumergida en el agua.

7. Ceguera de la forense. En su informe, la forense Petra Rästen Almqvist señalaba que el cuerpo del vasco presentaba hematomas en la zona costal y en la cápsula suprarrenal derecha, que, en su opinión, podían deberse a un golpe violento causado por el impacto contra el agua al caer de cierta altura desde uno de los ferris. De acuerdo a los forenses y peritos independientes consultados por este diario, no es descartable en ningún caso que su muerte estuviera relacionada con los golpes contundentes que dejaron mella en su espalda. A juzgar por su apariencia fueron producidos por un objeto metálico y hubieran bastado, por sí solos, para ser mortales de necesidad. Ni la Policía sueca, ni la médico consideraron jamás esta posibilidad. Pero aún hay algo más, la autopsia de la forense Petra Rästen omitió un dato que sí hicieron constar los policías que se personaron en Lidingö: Miguel Ángel presentaba una herida en la ceja derecha.

8. Para ahorrarles un disgusto. A dos familiares del vasco que viajaron a la capital sueca para interesarse por lo sucedido se les impidió ver el cadáver de su primo “debido a su avanzado estado de putrefacción”. ¿Forma también parte del protocolo sueco de investigación de un crimen impedir la identificación de la víctima a sus familiares y no identificar al muerto mediante fotografía, prueba dactilar o test de ADN, para ahorrarles “un mal trago”?

9. Encharcamiento sin agua. La autopsia de Petra Rästen Almqvist -experta también en cirugía cardiovascular, además de médico forense- apunta a que Miguel Ángel Martínez murió por ahogamiento, amparándose en el hecho de que su cadáver presentaba signos de “encharcamiento pulmonar”. En otras palabras, cuando uno muere ahogado se hallan rastros de agua en el interior de los pulmones. El segundo examen post-mortem hecho a iniciativa de la Policía británica apunta, literalmente, en sentido contrario y precisa que los pulmones no presentaban otros cambios diferentes a los propios del proceso de descomposición. Y si, en efecto, esos órganos no presentaban signos de ahogamiento, la familia se pregunta las razones por las que la Policía escandinava no llegó siguiera a considerar la posibilidad de que el cuerpo de Miguel Ángel, si es que en verdad es él quien yace en Londres, fuera arrojado muerto al agua.

En este cementerio británico, Gunnesbuy, yace Santamaria, de acuerdo a sus deseos de ser enterrado en Londres

 En este cementerio británico, Gunnersbury,  de acuerdo a sus deseos de ser enterrado en Londres

10. No ven irregularidades. Santamaría consignó entre sus últimas voluntades que deseaba ser sepultado en la capital británica. Allí trabajó dos años, en el hospital de Brompton, y allí yace también la que fue su novia. Cinco días permaneció su cuerpo inerte en una cámara frigorífica del aeropuerto de Heathrow tras ser trasladado en avión desde Estocolmo, antes de que las autoridades inglesas resolvieran que no iban a darle sepultura. Según los funcionarios británicos, los suecos no habían remitido ni el salvoconducto mortuorio ni todos los preceptivos documentos legales. En vista de ello, el entonces responsable de la oficina forense de Westminster, Terry Lovegrove, ordenó llevar a cabo una segunda autopsia, el 17 de noviembre de ese mismo año de 2005. El documento que rubrica el médico forense Peter Witkins echa por los suelos el examen médico post-mortem de la sueca Rästen Almqvist y señala, literalmente: “Ambos pulmones han sido diseccionados y no presentan cambios patológicos específicos diferentes a los de la descomposición (…). Fueron identificados 600 gramos de un hígado parcialmente seccionado. (…) El corazón no fue identificado. En el momento del examen no fue posible conocer la causa de la muerte debido a la ausencia del corazón…” De prestarse crédito a esa segunda autopsia efectuada por los ingleses, del cuerpo de Miguel Ángel desaparecieron, en algún momento, el corazón y tres quintas partes del hígado, cuyo peso acostumbra a alcanzar los 1.500 gramos entre los adultos. Hay que aclarar, a este respecto, que en los casos de trasplante se utiliza a menudo una parte de ese órgano, y no necesariamente su totalidad. 

Fragmento de la autopsia británica donde se dio a conocer que su cadáver carecia de corazón y parte del hígado

 Fragmento de la autopsia británica donde se dio a conocer que su cadáver carecía de corazón y parte del hígado.

11. El corazón se pudrió de camino a Inglaterra. Confrontada con esta segunda autopsia y consultada acerca de las razones por las que, a su juicio, podrían haber desaparecido el corazón y parte del hígado, Petra Rästen Almqvist insistió en que el cuerpo partió entero de Estocolmo hacia Inglaterra, “pesaba 261 gramos y tenía la forma y los tamaños habituales”. Para justificar lo sucedido, la forense sueca insinuó en una carta dirigida a la familia que el corazón podría haberse reducido, hasta resultar prácticamente indetectable, debido al proceso de putrefacción. Se sabe, sin embargo, que el corazón es justamente uno de los órganos que más tiempo tardan en corromperse. Forenses españoles consultados por este diario aseguran, en relación a ello, que su descomposición natural no podía finalmente conducir a su “total evaporación”. ¿Cabe la posibilidad de que la médico sueca retirara esos órganos para realizar la autopsia y olvidara incorporarlos nuevamente al cadáver del vasco? Lo habitual, en los procedimientos forenses, es que se sirvan de un pedazo de tejido, y no de la totalidad del órgano. El protocolo obliga, asimismo, a dejar constancia de todas y cada una de las acciones llevadas a cabo. De hecho, la propia Rästen precisó que únicamente tomó un pedazo de 2 x 2 cm para realizar las pruebas pertinentes, y al concluir su trabajo, devolvió el tejido al cuerpo. La forense sostiene igualmente que fue la descomposición del cuerpo lo que impidió que ella apreciara la herida sobre la ceja que los policías que levantaron el cadáver describieron. Un ayudante sueco de Rästen Almqvist consultado en Estocolmo por este equipo de periodistas durante una visita al centro de Medicina Forense realizada en ausencia de su jefa, aseguró literalmente, tras conocer los detalles de este caso, que se sentía “perplejo”. La familia, en este caso, se pregunta por qué se desvaneció selectivamente un corazón y más de la mitad de un hígado, retirado del cadáver mediante un limpio corte quirúrgico, que son justamente dos de los órganos más requeridos para los trasplantes. 

12. Un molde de sus huellas dactilares. Hace ahora una semana, el Ministerio de Asuntos Exteriores español informó de que no certificaría la muerte de un miliciano orensano, Samuel Prada, fallecido mientras combatía contra los turcos en la defensa de la ciudad siria de Afrin si las autoridades kurdas en cuyas filas prestaba servicio el gallego no remitían la correspondiente documentación identificatoria. Casi de forma inmediata, la hermana del vasco, Blanca Martínez, replicaba que hubiera deseado que los funcionarios de la legación diplomática española en Estocolmo hubieran puesto el mismo celo en exigir a los suecos pruebas de que, en efecto, la persona identificada por una fotocopia de un DNI era, en verdad, su hermano. Para respaldar sus tesis, Martínez recordó que el examen post mortem sueco se realizó cinco días más tarde de que se encontrara el cadáver, “lo cual comprometió sus conclusiones inevitablemente”. Entre los documentos remitidos por los suecos no había, incomprensiblemente, fotos de la autopsia, donde tampoco se especifican los cambios cadavéricos -fundamentales para establecer la fecha de la muerte- ni mención alguna a los hongos, las algas o las lesiones secundarias causadas habitualmente por organismos acuáticos. Ahora, los suecos aseguran que han sometido a una segunda identificación al cadáver recurriendo a un molde de su dedo índice que tomaron en su día, hace trece años. Blanca Martínez, sin embargo, se resiste a creer que las autoridades escandinavas “tomaran un molde de su dedo, cuando ni siquiera se molestaron en hurgar en sus bolsillos”.

13. “El pito del sereno”. Blanca Martínez tiene claro que a su hermano lo mataron para quitarle sus órganos porque pensaron que era un indigente de quien nadie iba a ocuparse. “Los suecos asumieron que era un inmigrante sin recursos y lo trataron como tal, como a basura. Con lo que no contaban era conmigo, de manera que todo lo que después ha sucedido es una cadena de chapuzas aún mayores llamadas a ocultar todas esas irregularidades. Que se nieguen siquiera a investigar lo ocurrido ante tal apabullante cantidad de pruebas da una idea de lo que digo”, cuenta. Entre tanto, la Justicia española ha enviado a la británica cuatro comisiones rogatorias en las que se solicita que se exhume el cuerpo de su hermano para una nueva identificación. Las peticiones fueron emitidas por el fiscal superior del País Vasco y por la Audiencia Nacional desde 2014 a 2017. Lo que Blanca desea es que se someta al cuerpo de Miguel Ángel a una segunda autopsia y a unas pruebas de identificación mediante técnicas de ADN para que sus resultados sean luego cotejados con los de las pruebas practicadas a sus padres.

14. Pagar la investigación de su bolsillo. Quienes sí han respondido a la familia de la víctima son los empleados de la oficina del forense de Westminster donde se realizó la segunda autopsia. La carta les llegó el pasado día 28, miércoles, tan sólo horas después de que Público se hiciera eco en una información de la negativa del Ministerio de Interior británico a responder a la petición de exhumación del cadáver cursada desde la Audiencia Nacional. Literalmente, se afirmaba: “El forense [cuyo auxilio usted solicitó] es ahora lo que se conoce como functus officio y ya no puede ayudar porque carece de competencias. Sin embargo, me ha pedido que le informe de que puede […] usted dirigirse a los responsables de los crematorios funerarios y preguntarles sobre la exhumación [de su hermano]. Ellos le asesorarán sobre el proceso. Entiendo que el entierro tuvo lugar fuera de la jurisdicción de este tribunal. En cuanto al costo, no podría decirlo. Para recabar esa información, puede usted dirigirse a los directores de las funerarias”. En otras palabras, la carta del forense inglés no sustituye a la que, en verdad, deberían haber remitido las autoridades británicas en respuesta a las comisiones rogatorias de la Audiencia Nacional, pero viene a sugerirle a la familia del difunto que paguen de su bolsillo la exhumación, para acelerar ese proceso. 

15. Suecia es un buen mercado para los traficantes de órganos. Una de las razones que más comúnmente se aducen a la hora de descartar, casi a priori, la posibilidad de que un suceso de esas características sea digno de ser investigado en Suecia, se basa esencialmente en un prejuicio positivo de nula validez jurídica -como cualquier otro prejuicio-, que puede resumirse de este modo: “Algo así no puede suceder en Suecia”. ¿Es posible que haya suecos dispuestos a pagar por adquirir un órgano ilegalmente incluso a costa de la muerte de un extranjero o un sin techo?, se pregunta la familia. La respuesta es que sí. Un estudio hecho público en 2011, firmado por la profesora sueca Susanne Lundin, del hospital Karolinska de Estocolmo, demostraba con datos que no menos de treinta suecos han llegado a pagar hasta 80.000 dólares durante los últimos años para adquirir un órgano en el extranjero, con o sin el beneplácito del donante. Mucho más recientemente, a finales del pasado año, se mencionaba a Suecia como el país de origen de parte de la clientela que recurría a una mafia egipcia para adquirir riñones de inmigrantes. Los desesperados refugiados que renunciaban a un riñón percibían a menudo unos pocos cientos de dólares por el órgano. Blanca ignora qué le pasó a su hermano, pero tiene muy claro que quien quiera que le robó su corazón y lo arrojó a las aguas de un fiordo como un cubo de basura, jamás contó con ella.

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DESAPARECIDOS 11 Tve1

 

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The corpse of this Basque traveler was sent to England without heart and without liver

gunnersbury

Ferran Barber

The National High Court of Spain has issued four “rogatory commissions” to the British authorities asking for the exhumation of the corpse of a Basque traveler, Miguel Ángel Martínez, whose body was supposedly sent in 2005 for burial from Sweden to London without a heart and without part of his liver after his alleged suicide. According to a post-mortem medical exam made thirteen years ago by the forensic office of Westminster, both his heart and three fifth parts of his liver were removed from the Martinez’s body by a clean surgical cut before his corpse was sent to England from Stockolm.

https://spark.adobe.com/page/DJp0nytyJDrs1/

 

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DEIA 18.03.2018 “Necesitamos saber sí el cuerpo sin corazón enterrado es el de mi hermano”

EN EL CEMENTERIO LONDINENSE DE GUNNERSBURY

Una familia vizcaina pide exhumar un cadáver para identificar mediante el ADN si pertenece a Miguel Ángel Martínez

Sandra Atutxa  – Domingo, 18 de Marzo de 2018

Blanca Martínez Santamaría, con un informe.

Blanca Martínez Santamaría, con un informe. (Oskar M. Bernal)

BILBAO– Una lápida sin nombre se asoma entre las miles de tumbas en el cementerio londinense de Gunnersbury. Hace más de una década fueron enterrados los restos de quien podría ser Miguel Ángel Santamaría (Erandio, 1960). Sin embargo, a día de hoy no existe ninguna prueba fehaciente que lo acredite;su familia sigue solicitando respuestas que nunca llegan. “Es una historia truculenta… Cuando la lea voy a pensar que no es la nuestra”, confiesa Blanca Martínez Santamaría, hermana del desaparecido.

El caso del niño almeriense, Gabriel Cruz ha removido las entrañadas de esta familia que solo desea que nadie pase por el mismo calvario. “Mi aita me ha dicho alguna vez: Blanca, no has conseguido nada. Es duro.Ahora continuo en solitario y ayudo a familias de personas desaparecidas”.

Lo único que saben con certeza es que Miguel Ángel abandonó la casa familiar en Getxo el 28 de abril de 2005 para iniciar un viaje por Europa. Nunca volvió. Desde hace más de cuatro años están intentado que la autoridad central jurídica del Reino Unido cumplimente la comisión rogatoria solicitada por la Fiscalía de la Audiencia Nacional y se proceda a la exhumación de un cadáver para que, mediante las pruebas de ADN, pueda confirmarse que pertenecen a Miguel Ángel Martínez.

“Todo se hizo mal desde el principio; a mis padres les tomaron muestras de ADN, pero llegaron ocho meses después

Blanca es quien capitanea desde hace años una batalla en la que, según explica ha recibido “buenas palabras, palmaditas en la espalda, pero no la ayuda esperada”. Las sombras que arrojan esta muerte y los deficientes trámites administrativos le hicieron dudar desde el primer momento de que el cadáver -en avanzado estado de descomposición- fuera correctamente identificado. La aparición del cuerpo tuvo lugar el 22 de septiembre de 2005, flotando en una zona residencial de Estocolmo.

La hermana del fallecido afirma que el hallazgo y posterior levantamiento del cadáver fueron las primeras piezas de una cadena de despropósitos y errores que nunca se han reconocido. “No se presentó ninguna autoridad judicial ni forense para proceder al levantamiento del cadáver, no se hicieron fotografías de ese acto ni de la autopsia y no se permitió a la familia identificarlo visualmente. Dicen que todo está correcto y el caso lo cierran”, denuncia Blanca Martínez. Dos archivadores repletos de documentos le acompañan en el encuentro con DEIA. “En casa tengo mucho más”, aclara. En una de las hojas plastificadas afloran fotos de su hermano y el informe de autopsia practicada en Suecia. Se resume en apenas seis líneas: Hombre no identificado, posiblemente se trata de Miguel Ángel Martínez Santamaría. “Todo se hizo mal desde el principio. A mis padres les tomaron muestras de ADN para enviarlas a Suecia, pero se quedaron en un cajón”, cuenta Blanca. En un primer momento la policía dijo que el hallazgo del cadáver correspondía a un acto criminal; después pasó a ser un suicidio y, finalmente, un accidente de tráfico. “Se creyeron que la persona no tenía familia y que nadie le iba a reclamar”, lamenta. Cinco días después, la forense sueca Petra Rästen-Almqvist le realizó la autopsia. El cuerpo presentaba una retención de agua y órganos internos bastante normales, aunque en estado cadavérico. Se le realiza un estudio odontológico que nunca es entregado a la familia. Fue a ese cadáver a quien se le atribuyó la identidad de Miguel Ángel Martínez al encontrarse una fotocopia de su DNI “mojada y doblada” en un bolsillo del pantalón. “La Policía y la Fiscalía me han dicho que si esta fotocopia hubiera estado en el agua, habría estado más destrozada”.

FUNERAL EN LONDRES Miguel Ángel deseaba, en caso de morir, ser enterrado en el nicho donde reposaban los restos de su novia en un cementerio de Londres, donde vivió. El cadáver fue trasladado sin salvoconducto mortuorio y sin que, en el certificado de defunción, se detallara el motivo de la muerte. Según recoge la ley no se puede repatriar un cadáver sin que se conozca la causa de la muerte. “En la inscripción de la defunción de la Embajada de España en Suecia, esa casilla aparece vacía”, dice Blanca. Pero la historia no termina ahí. La investigación abierta por un juez de Londres para determinar la identificación y la causa de la muerte, -obligatorios en el Reino Unido- se cerró el 22 de marzo de 2006 con una conclusión sorprendente: sus pulmones eran normales, pero no se pudo concretar de qué murió porque no tenía corazón. La familia interpuso una denuncia en Suecia por tráfico de órganos, pero desconocen si se han investigado. “Necesitamos saber si el cuerpo sin corazón que enterramos es el de mi hermano”, reclama.

Los restos del que fue identificado como su hermano descansan en el camposanto de Gunnersbury. “Le hicimos el funeral que siempre quiso. La familia estuvo allí”. Pasa el tiempo y la lápida continúa vacía. “Mi hermano está muerto, pero no sabemos si es quien está enterrado allí”. Blanca es una mujer fuerte que ha aprendido a contener el dolor, pero los sentimientos afloran y en un momento se rompe: “Esta es la historia de mi familia. La que nos ha cambiado la vida para siempre”.

http://www.deia.eus/2018/03/18/bizkaia/necesitamos-saber-si-el-cuerpo-sin-corazon-enterrado-es-el-de-mi-hermano

DEIA

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El País “La extraordinaria historia de un cadáver menguante”

La familia del bilbaino Miguel Ángel Martínez denuncia 12 años de silencio institucional en torno a su extraña muerte y mutilación en 2005

Blanca Martínez, con la documentación sobre el caso de su hermano, Miguel Ángel. Blanca Martínez, con la documentación sobre el caso de su hermano, Miguel Ángel.                        FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

El 29 de septiembre de 2005, María Isabel Santamaría, la madre de Miguel Ángel Martinez, recibió una llamada de la comisaría de la Policía de la calle Gordóniz, en Bilbao: “El cadáver de su hijo ha aparecido flotando en aguas de Lidingo, Estocolmo, con la mano derecha cortada”. El mundo se le vino abajo. Sospechaba que a su hijo de 44 años le había pasado algo, pero no imaginaba, ni por asombro, que 12 años después no tendría en sus manos una identificación del cadáver mínimamente seria, ni sabría la causa del fallecimiento.

Nadie en su sano juicio hubiera podido imaginar entonces que la policía sueca no había hecho fotos del levantamiento del cadáver, o que el certificado de defunción había sido fabricado sin una identificación definitiva. Pero lo que estaba a años luz incluso, de las mentes más novelescas, era que 12 años después toda su familia se iba a estar torturando con la imagen de un cadáver que no les han dejado ver pero que es imposible no recrear cuando cierran los ojos: según una segunda autopsia realizada en Londres varios meses después de morir en Estocolmo, Miguel Ángel no tenía ni corazón ni el 75% de su hígado.

La extraordinaria historia de un cadáver menguante

“Esta es una historia que nadie quiere oír”, lamenta Blanca Martínez, su hermana, “pero quienes menos queremos escucharla somos nosotros”, explica con dos carpetas de papeles oficiales que ha ido recopilando luchando con uñas y dientes ante la insolidaridad, la incomprensión y el oscurantismo de las mismas instituciones que los emitieron. Blanca, sus padres, y también algunos especialistas relacionados con la medicina forense, con la judicatura y con la policía española creen que, detrás de los documentos oficiales que apuntan a un suicidio de Miguel Ángel –primero se pudo tirar de un puente, luego de un barco- se esconde una gran mentira: “La verdad es que creemos que fue asesinado”.

El viaje de Miguel Ángel comenzó el 28 de abril de 2005, fecha en la que salió del País Vasco, pero todavía nadie puede certificar, a ciencia cierta, que terminó en aquel lago. Cogió una mochila, -unos 11.000 euros en su cuenta-, una tarjeta de crédito y su documentación para viajar en tren, con Interrail por Europa, y, el 22 de septiembre, casi cinco meses después, un policía judicial de Bilbao telefoneó a su madre para comunicarle su muerte.

copia dniFotocopia del DNI presuntamente sumergida durante varias semanas.

La última persona que escuchó su voz fue un funcionario de la embajada de España en Estocolmo al que solicitaba ayuda para comunicar con el director de una sucursal de la antigua Bilbao Bizkaia Kutxa, para que le transfiriera fondos. Quedó en volver a llamar , pero esa llamada nunca se produjo. Al parecer tenía problemas con su tarjeta. De hecho, una semana antes se apostó en una sucursal de Nordea Bank, en una localidad próxima a la capital, y dijo que de allí no se movía si no le gestionaban fondos de su cuenta.

Se lo llevó la policía sueca a una comisaría donde estuvo retenido un número indeterminado de horas. Los agentes fueron los últimos –que se pueda documentar- que le vieron con vida. Curiosamente el DNI que apareció en el pantalón trasero del cadáver fue el que, remitido desde España, permitió su identificación. Sin embargo, ese documento llegó a la comisaría sueca en la que estaba retenido Miguel Ángel tres horas después de que según el registro policial fuera liberado. “¿Cómo es posible que los policías que localizaron a Miguel Ángel en el lago no lo detectaran en su bolsillo y que, después, en la morgue, lo encontrara una persona que temporalmente ayudaba en el servicio forense”, se cuestiona Blanca. ¿Cómo es posible?, se pregunta, que después de tanto tiempo en el agua la fotocopia de papel de su DNI esté perfecta cuando llevaba en el agua varias semanas.

Los agentes de la policía sueca fueron los últimos que le vieron

En el informe forense preliminar comunicado el 27 de septiembre, cinco días después de aparecer el cadáver, -aunque en la fecha de emisión figura el 27/8/2005- la médica certifica que el cadáver presentaba hematomas “posiblemente por la caída/salto desde un lugar elevado, pero por lo demás, los órganos internos bastante normales aunque en estado cadavérico”, debido a que había estado en el agua muchas semanas. Ese informe es ampliado y comunicado a la familia a través del Ministerio de Asuntos Exteriores en febrero de 2006 confirma: “Hombre no identificado, posiblemente Miguel Ángel Martínez”… “se sospecha se tiró al agua desde un buque que hace la línea Estocolmo Helsinki. Presumiblemente los pulmones con señales de haber muerto ahogado. Las circunstancias podrían indicar que se haya podido suicidar , pero las investigaciones forenses no han podido determinar las causas concretas. La causa del fallecimiento es poco clara”.

La extraordinaria historia de un cadáver menguante

Cuando los familiares de Miguel Ángel se trasladaron a Estocolmo, el 12 de octubre, la policía no les permitió reconocer el cadáver. No había fotografías para poder identificarlo. Desde que le despidieron en 2005 en la estación del tren, no le han vuelto a ver. Las sospechas de que extraordinario estaba pasando empezaron a tomar cuerpo. No creían de ninguna manera en la tesis del suicidio pese a que sufría una esquizofrenia paranoide controlada que nunca le había impedido trabajar. De hecho, estuvo dos años trabajando como bedel en el hospital Brompton de Londres. Allí convivió con la que fue su novia hasta que falleció. Dejó escrito en sus últimas voluntades que quería ser enterrado en Londres, junto a ella.

Esa previsión acabó siendo clave para enturbiar más el asunto. Cuando el cadáver viajó a Londres en noviembre de ese año, el juez de instrucción de la oficina forense de Westminster abrió una investigación para corregir, si fuera posible, las imprecisiones del informe forense sueco. El shock fue monumental. “No es posible identificar la causa de la muerte por ausencia del corazón. Ambos pulmones sin otros cambios patológicos distintos de la descomposición –no aprecia muestras de encharcamiento o muerte por ahogamiento-. 600 gramos de hígado (faltan 743) de 1343”, dejó escrito el forense Peter Witkins. Le faltaban dos órganos.

Hombre no identificado, posiblemente Miguel Ángel Martínez”

La forense sueca ratificó años después que los órganos estaban en Suecia en el cadáver de Miguel Ángel. Pero la identificación seguía sin ser fiable. Los informes a veces dicen que lo identificaron con el dedo índice derecho (que no existía) y otras con el entre el dedo índice izquierdo. ¿A quién creer? se pregunta Blanca. Varios expertos en medicina forense les dijeron que las lesiones no son compatibles con alguien que se tira de un barco o un puente. No tenía ningún hueso roto, pero sí eran compatibles con los que produce una barra o porra. El corte en una ceja que apreciaron los policías que le encontraron tampoco aparece en el informe sueco.

“Nos animaron a denunciar”, y es lo que estamos haciendo desde entonces. Presentaron una denuncia en Estocolmo por homicidio y tráfico de órganos, y desde entonces lo han denunciado en todas las instancias posibles, desde el Parlamento Europeo al vasco pasando por los defensores del pueblo. Incluso la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha solicitado documentación adicional a Gran Bretaña y la posibilidad de exhumar el cadáver para identificarlo. Nada de nada. “El Ararteko (Defensor del Pueblo Vasco) me reconoció que ha habido, cuando menos actuaciones incorrectas e incluso irregulares por parte de la policía sueca, de la administración de aquel país,  y también por parte de las autoridades españolas (Ministerio de Asuntos Exteriores) que han intervenido.

“Mis padres tienen 85 y 87 años. Se van a morir sin saber qué ha sido de su hijo. Si lo mataron, o quien lo mató, por qué lo mutilaron. Nadie aclara nada. Es difícil imaginarse un infierno más cruel”, lamenta Blanca.

https://politica.elpais.com/politica/2018/03/03/diario_de_espana/1520062941_138497.html

 

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Público: El misterioso caso del cadáver del joven vasco al que le robaron el corazón

Las autoridades británicas han desoído cuatro comisiones rogatorias cursadas por la Justicia española con el fin de que se exhume para una nueva identificación el cadáver de Miguel Ángel Martínez Santamaría, un viajero vasco enterrado en Londres cuyo cuerpo fue a Inglaterra desde Suecia sin corazón y sin parte de su hígado tras su supuesto suicidio.

BARCELONA 27/02/2018 17:05 Actualizado: 28/02/2018 07:00

FERRAN BARBER @diasporasmagaz

La historia grotesca y truculenta del joven vasco Miguel Ángel Martinez acaeció en 2005 y fue dada por primera vez a conocer hace ahora dos años por reporteros españoles a partir de las pesquisas llevadas a cabo por la hermana del vasco. Los hechos pueden resumirse de este modo: Miguel Ángel Martínez (Erandio, 1960) abandonó en tren el País Vasco en abril de 2005 con más de 10.000 euros en su cuenta y el deseo de viajar por toda Europa. Su familia ya no volvió a saber de él hasta el 29 de septiembre de ese mismo año, fecha en la que recibió una llamada de una comisaría de Bilbao en la que se les comunicaba que Miguel Ángel había aparecido flotando muerto en avanzado estado de putrefacción junto a la orilla del fiordo de Lidingö, un barrio residencial de clase alta situado en la periferia de Estocolmo.

Dos días después de la llamada, supieron que la policía sueca atribuía la muerte a un suicidio y, un año y medio después, les remitieron la autopsia definitiva donde se enunciaba la versión que, con variantes, vienen manteniendo las autoridades escandinavas desde entonces. Lo que esencialmente sostienen, a través de diferentes documentos cuajados de contradicciones, es que Miguel Ángel se arrojó desde uno de los buques que efectuaban el trayecto entre Helsinki y Estocolmo semanas antes del día (22 de septiembre de 2005) en que una ciudadana del Reino Unido de la que jamás después se supo, Sara Evans, encontrara su cadáver en los aledaños del barrio de Lidingö. Con arreglo al examen post mortem firmado por Petra Rästen-Almqvist, el vasco murió por ahogamiento.

Pese a las contradicciones de los suecos y al disparatado procedimiento que se siguió para su identificación y para la investigación del fallecimiento, esa hubiera sido, de hecho, la versión dada por buena entre los allegados del difunto de no haber concurrido una circunstancia fortuita adicional. Miguel Ángel hizo constar entre sus voluntades finales el deseo de ser sepultado junto a una antigua novia en la capital británica, ciudad en la que trabajó durante dos años y medio. Atendiendo su deseo, su cadáver fue trasladado por una compañía funeraria el 4 de noviembre de 2005 al aeropuerto de Heathrow, en Londres. Sin embargo, los británicos se negaron a autorizar su inhumación aduciendo que los suecos no habían remitido la documentación precisa. Las dudas que semejantes irregularidades suscitaron entre los ingleses aconsejaron realizar una segunda autopsia al responsable de la oficina forense de Westminster el 17 de noviembre de ese mismo año.

Las conclusiones que en ella recoge el forense Peter Witkins no dejan lugar a dudas. El cadáver enviado por los suecos carecía de corazón y de la mitad del hígado. Literalmente, el documento señalaba: “Ambos pulmones han sido diseccionados y no presentan cambios patológicos específicos diferentes a los de la descomposición (…). Fueron identificados 600 gramos de un hígado parcialmente seccionado. (…) El corazón no fue identificado”. En otras palabras, del cuerpo de Miguel Ángel Martínez -si es que en verdad ese era su cadáver- había desaparecido el corazón y tres quintas partes del hígado, cuyo peso en el caso de un adulto acostumbra a alcanzar los 1.500 gramos. Confrontada con esta nueva autopsia, la forense Rästen-Almqvist, se limitó a insistir en que “el cuerpo partió hacia Londres con el corazón. Este pesaba 261 gramos y tenía la forma y los tamaño habituales”. La credibilidad de esta versión ha sido puesta en duda incluso por uno de los colegas que trabajaban bajo las órdenes de esta funcionaria, consultado por Público en el instituto forense de Estocolmo. “Que el corazón desapareciera de camino a Londres es simplemente imposible”, nos aseguró en la capital de Suecia. Contradiciendo las conclusiones de la forense sueca, la autopsia británica reveló también que los pulmones no mostraban signos de ahogamiento ni de encharcamiento.

¿Qué le sucedió a este vasco desde que abandonó su tierra hasta su muerte? En realidad, lo único que se sabe a ciencia cierta es que la última vez que se le vio con vida se hallaba en compañía de los agentes de policía que le arrestaron en la ciudad de Karlstad, tras protagonizar un incidente en una oficina bancaria. Las “chapuzas” realizadas para identificar a Miguel Ángel y las contradicciones que contienen las versiones oficiales resultan, en verdad, tan evidentes, que el caso revestiría la apariencia de un sainete de no implicar la muerte de un humano. En verdad, la familia no se encuentra ya segura ni de la verdadera identidad del muerto al que se dio sepultura en la capital británica.

Blanca Martínez, hermana del joven, se aferra ahora a dos opciones: denunciar a las fuerzas de seguridad suecas ante la fiscalía de su país y/o conseguir que algún medio de comunicación escandinavo se haga eco de su historia para recabar, de esa forma, la colaboración ciudadana. Quizá alguien, en algún lugar, fuera testigo de algo, pero para solicitar la ayuda popular es preciso divulgar los hechos y, por sorprendente que parezca, ni un sólo diario sueco ha juzgado hasta ahora pertinente informar de lo ocurrido pese a que Martínez respalda sus acusaciones con documentos lo suficientemente contundentes como para que la propia Audiencia Nacional haya terciado en el asunto.

Por otro lado, nuevas averiguaciones realizadas por Blanca Martínez desde entonces confirman, en su opinión, que los funcionarios escandinavos que se ocuparon del asunto han tratado de levantar deliberadamente una cortina de desdén y de humo para enmascarar los procedimientos chapuceros que emplearon para investigar la muerte de Miguel Ángel y atribuirla falsamente a un suicidio. La hermana sostenía entonces y se reafirma ahora en que su hermano pudo ser asesinado para utilizar sus órganos poco después de ser arrestado por la policía sueca.

Puente junto al que supuestamente se halló el cadáver del joven vasco

Las autoridades británicas han desoído cuatro comisiones rogatorias cursadas por la Justicia española para que se exhume para una nueva identificación. Las peticiones fueron emitidas por el fiscal superior del País Vasco y por la Audiencia Nacional desde 2014 a 2017 en demanda de que se sometiera al cuerpo a una segunda autopsia y a unas pruebas de identificación mediante técnicas de Adn, cuyos resultados pretendían ser cotejados con los de las pruebas practicadas anteriormente a sus padres. Según la hermana de la víctima, Blanca Martínez Santamaría, el Reino Unido ni siquiera ha respondido a estas peticiones. Claro que ni la falta de colaboración de los ingleses ni la negativa de la policía de Estocolmo a reabrir el caso para investigar lo sucedido han logrado persuadirla para que deje de indagar en la suerte de su hermano.

Han pasado cerca de tres años desde que dimos a conocer públicamente por primera vez el caso de su hermano y sigue sin saber la suerte que corrió. ¿Han aparecido nuevos datos que puedan ayudar a esclarecer lo sucedido? -le preguntamos a la hermana del difunto.

Lo que han aparecido son nuevas evidencias de que la versión de la forense se sostiene sobre falsedades. La propia policía sueca me aseguró durante una visita a Estocolmo que mi hermano no pudo lanzarse desde ningún ferry porque desde 1999, y a raíz del hundimiento de un buque, se identifica a todos los pasajeros, y jamás se reunieron pruebas de que Miguel Ángel viajara en alguno de esos barcos. También hemos hallado nuevas contradicciones en las fechas de los hechos que se detallan y, en general, en todo el procedimiento que la policía siguió tanto para identificar a mi hermano como para determinar la causa de su muerte. Por ponerle un ejemplo, en el libro que mandó la policía se dice que mi hermano estaba identificado el 26 de septiembre; la forense sostenía que el día 4 en la autopsia y en el papel que la policía le manda a la forense, consta el día 5 de octubre. Hágase usted cargo del celo que pusieron en investigar la causa de la muerte de mi hermano. En 2014, volvieron a identificar nuevamente a mi hermano, sirviéndose, según afirman, de un molde que sacaron de su dedo índice. Vaya usted a saber…

Supuestamente, el joven se suicidó lanzándose de uno de los ferries que hacen la línea a Finlandia.

Y definitivamente, usted cree que la policía sueca pudo estar detrás de ello…
No, yo no digo que fuera la policía, sino que la historia de mi hermano comenzó un 1 de agosto en una comisaria de policía, tras unos incidentes que protagonizó en una oficina bancaria y que condujeron a su arresto. Estoy convencida de que en aquella comisaria sucedió algo y de que la policía -algunos agentes de policía- conocían cosas que ocultaron. Ahora, hemos sabido también que entre sus cosas se hallaron pastillas, cuando mi hermano se resistía por sistema a tomar cualquier clase de medicación, hasta el punto de que cuando le ingresaban en algún hospital se veían obligados a inyectarle la medicación. [La última vez que se supo de él fue a raíz de una llamada que supuestamente hizo a la embajada de España en Estocolmo desde un centro sanitario u hospital].

Usted está también convencida de que a su hermano lo mataron para servirse de sus órganos, bien es verdad que existen evidencias que apuntan en tal sentido y, entre otras, una autopsia británica digna de todo el crédito.

Sí, en efecto, eso es lo que creo, que a Miguel Ángel lo mataron para robarle el corazón. De hecho, en 2014 llegué a presentar una denuncia por tráfico de órganos que fue rechazada por el fiscal de Malmoe. Me dijeron que el caso había prescrito, cuando en realidad este tipo de delitos no prescriben jamás. Posteriormente, traté de denunciar a la policía sueca por maltrato a mi familia, por ocultación de documentación y por dejación de funciones en su deber de investigar un crimen, pero mi denuncia fue automáticamente rechazada. Curiosamente, presenté una nueva denuncia en Estocolmo en el que el policía, tras evaluar los datos de los que le hice entrega, se refería a mi hermano como “desaparecido”. Mi única alternativa ahora es acudir a la Fiscalía.

¿Y no es extraño que no se hayan dado nuevos casos de ello?
Verá, de lo que sí se han dado casos es de desapariciones de personas sin recursos que nadie jamás ha investigado. La muerte de mi hermano hubiera sido el crimen perfecto si no hubiera aparecido yo en escena. Lo que falló fui yo. Estoy convencida de que algunas de esas desapariciones guardan relación con el mismo tipo de crímenes, personas sin recursos, inmigrantes o indigentes secuestrados y asesinados para privarles de sus órganos de los que nadie sabe nada. Como usted sabe, mi hermano hubiera terminado casi con certeza enterrado de manera anónima de no haber concurrido una serie de excepcionales coincidencias. [Según dijeron inicialmente los suecos, lo mandaron a la Morgue como un difunto anónimo, fue la enfermera que estaba de guardia quien halló en su bolsillo una copia de su DNI]. Un forense español cuyo nombre no puedo mencionar me llegó a decir que es habitual que algunos de los cuerpos que llegan repatriados desde fuera vengan sin órganos. Me han insinuado igualmente que le pudieron quitar el corazón para que no pudiera determinarse la verdadera causa de su muerte.

Y a pesar de todos los datos que apuntan, inequívocamente, y en el peor de los casos, a la clara existencia de irregularidades en el proceso de investigación que se siguió, o no se siguió, ni siquiera los británicos han atendido la petición de la Justicia española para que se exhume el cadáver.
Así es. Se han cursado varias comisiones rogatorias y ninguna ha sido respondida.

¿Qué piensa hacer, en tal caso?
Seguir denunciando a las autoridades responsables en cuantas instancias sea necesario y, a ser posible, tratar de divulgar lo sucedido en Suecia. Hasta la fecha, los periodistas del país se resisten a hablar del caso.

http://www.publico.es/sociedad/misterioso-caso-cadaver-joven-vasco-le-robaron-corazon.html

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¿LAS INSTITUCIONES PUEDEN SEGUIR EN SILENCIO?

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¿DONDE ESTAN LAS AUTORIDADES ESPAÑOLAS?

Hoy a las 20.00 horas hace 12 años que una llamada de teléfono cambió mi vida y la de mi familia “Le llamo de la Comisaría de Policía de Bilbao, hemos recibido un fax de Suecia que hace una semana ha aparecido un cadáver flotando en aguas de Estocolmo en avanzado estado de descomposición, le han matado, le han cortado la mano derecha para no ser identificado y en el bolsillo de su pantalón han encontrado una FOTOCOPIA del DNI de su hermano Miguel Angel….”

¿ESTA FOTOCOPIA HA PODIDO ESTAR DÍAS EN AGUA?

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Estos 12 años me he dedicado a investigar el homicidio de mi hermano, he intentado conocer causa, fecha, circunstancias y lo que es peor, sí el cadáver que enterramos es el de mi hermano Miguel Angel porque ni eso lo podemos decir con certeza.

En un principio la Policía sueca informa que puede ser un acto criminal, el caso está bajo secreto de sumario y que no puede ser identificado por huellas dactilares. Pero al día siguiente todo cambió, se trataba de un suicidio, no había secreto sumarial ni tan siquiera investigación policial o judicial y fue identificado por huellas dactilares : “Identificación persona muerta en RMV, Solna. De acuerdo a los acuerdos de desactivación 26/09/05. Persona identificada a través del dedo INDICE IZQUIERDO” 10.10.05 (La policía española mandó un fax con la huella del dedo índice derecho).

La primera vez que pedí el certificado de identificación fue el 15 de noviembre de 2005 a través del Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid. 12 años pidiendo sin éxito este certificado a la Policía de Estocolmo, Policía española,  forense sueca, Ombudsman (Defensor del Pueblo sueco), ……..etc.

Hace 3 años, Fiscalía de la Audiencia Nacional de Madrid ha solicitado la exhumación del cadáver a Londres (ciudad donde enterramos el cadáver) y la realización de prueba genética para su identificación.

La Autopsia comienza “Hombre desconocido posiblemente se trata de Miguel Angel Martínez Santamaría”

“La familia de Ignacio Echeverría está pasando una situación inhumana y desesperante” Así denunciaba el Juan Ignacio Zoido, ministro de interior, y Alfonso Dastis, ministro de exteriores, lamentando la tardanza de las autoridades policiales británicas en llevar a cabo el proceso de identificación, había pasado una semana desde el atentado terrorista en Londres.

Mi familia lleva 12 años esperando una prueba de ADN y saber qué ocurrió, una TORTURA INSTITUCIONAL.

A pesar de la gravedad del delito (homicidio e incluso posible tráfico de órganos), contradicciones policiales ninguna Institución ha hecho nada por defender los derechos de mi hermano Miguel Angel ni por su familia generando una doble victimización, como así lo acredita el Ararteko (Defensor del Pueblo del País Vasco).

Durante estos 12 terribles años se me ha negado la documentación relativa al caso de mi hermano por parte de la Policía sueca y aunque parezca increíble, la policía española también, alegando que eran documentos oficiales y privados.

La policía de Estocolmo afirma que no existen fotografías del cadáver y que no estuvo presente en el levantamiento del cadáver ni forense ni autoridad judicial. La forense afirma que no hizo fotografías durante la Autopsia y que la ropa fue eliminada sin analizar tras consultar con la policía. La policía de Estocolmo no nos permitió identificarle y el policía encargado de la investigación desconocía el lugar donde había aparecido el cadáver, únicamente nos entregó un croquis.

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Aunque parezca increíble los policías no miraron entre su ropa y fue una enfermera de origen español la que en la morgue miró en su bolsillo y encontró milagrosamente una FOTOCOPIA intacta y legible del DNI de Miguel Angel.

Para la Policía sueca estaba claro desde el principio, había muerto AHOGADO, a pesar de que los pulmones eran normales. En Londres, siguiendo el protocolo de muerte violenta, se le realizó un examen postmortem donde certifica que los pulmones son normales pero que no se puede determinar la causa del fallecimiento por AUSENCIA DEL CORAZÓN.

Años de contradicciones, mentiras, ocultación de documentos y SILENCIO.

En una primera versión policial,  se había tirado del Puente que une Lidingö con Estocolmo pero la forense determinó que se había lanzado desde un buque procedente de Finlandia (sin ticket, testigos, lista de pasajeros). La forense también determinó que tenía un golpe violento en la zona costal derecha ocasionado por violencia con objeto metálico no incisivo, preguntado al policía encargado de la investigación se había producido por “causas naturales”.

Cuando pregunto en inglés a la Policía de Estocolmo  qué ha pasado con el corazón, responden en sueco  “Según la forense, cogió únicamente dos trozos pequeños de 2x2cm para enviar a analítica. La forense indica asimismo que, puesto que el cuerpo estaba en tan mal estado, pudo ser difícil detectar el corazón. Por esta misma razón, es también imposible decir con certeza que el fallecido haya muerto ahogado”. Un mes después, había pasado año y medio, la forense me mandó la autopsia donde ponía “El corazón pesa 261 gr. y tiene forma y tamaño habituales”.

A pesar de la ley europea sobre repatriación de cadáveres, fue repatriado y enterrado sin causa de fallecimiento, sin un certificado relativo a la identificación y sin salvoconducto mortuorio (documento obligatorio).

Durante estos años he intentado sin éxito denunciar los hechos en Suecia hasta el 3 de enero de 2014 donde tras contar todo lo ocurrido a un policía de Estocolmo puso una denuncia por homicidio y tráfico de órganos pero nadie nos llamó para testificar ni aportar documentación.  La respuesta: SILENCIO

Denuncié los hechos en el Defensor del Pueblo, Parlamento Europeo, Ministerio de Asuntos Exteriores, Embajada de Suecia en Madrid, Amnistía Internacional, Gobierno Vasco, instituciones suecas, políticos,… pero nadie hizo nada. El 5 de mayo de 2009 el Ombudsman contestó “Ciertamente lamento que considere que las respuestas que le dieron directamente las autoridades suecas sean oscuras y contradictorias, No obstante debemos negar la reapertura de la investigación finalizada por mi oficina. De acuerdo a nuestra legislación de autorización, el Defensor del Pueblo sueco debería solamente bajo circunstancias muy especiales investigar casos donde los acontecimientos tuvieron lugar hace más de dos años” . ¿Un homicidio no es una circunstancia especial? ¿Una denuncia por tráfico de órganos no es una circunstancia especial?

¿LAS VICTIMAS EN EL EXTRANJERO QUÉ AYUDA TENEMOS DEL MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES, DE LOS CONSULADOS Y EMBAJADAS?

Nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores asiste y se encarga de la repatriación de presos españoles en el extranjero. El 29 de setiembre han repatriado a 67 presos desde Peru. Además subvencionan anualmente con 30000€ a condenados a muerte, este año además de Pablo Ibar, el “descuartizador de Bangkok” puede acogerse a esta subvención.

La semana pasada decidí ir a Estocolmo con  kilos de documentos que he ido recopilando con mucho esfuerzo estos años, esa ciudad que tanto miedo me daba, y me presenté en la Comisaría de policía acompañada de un periodista chileno que vive en Estocolmo. El Cónsul de España en Estocolmo se negó a acompañarme a Comisaria tras una petición presencial en el Consulado.

En la Comisaría Central de Estocolmo contamos lo vivido estos 12 años,  presentamos documentación y el jefe de policía me pregunta: ¿DONDE ESTÁN LAS AUTORIDADES ESPAÑOLAS? ¿POR QUÉ LAS AUTORIDADES ESPAÑOLAS NO HAN PEDIDO EXPLICACIONES A SUECIA? Y pensé “es lo mismo que llevo pensando estos 12 largos y terribles años”.

Quería denunciar a la Policía de Estocolmo por maltrato continuado de 12 años, vulnerando derechos de una víctima provocando una doble víctimización, omisión de investigar un delito y ocultación documental.

Salí de Comisaría con una denuncia   “la hermana del DESAPARECIDO dice……….”

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EL CORREO “12 años buscando el corazón de Miguel Ángel” David Olabarri

http://www.elcorreo.com/bizkaia/anos-buscando-corazon-20170924225919-nt.html

12 años buscando el corazón de Miguel Ángel

Blanca muestra parte de la documentación que ha recopilado durante años sobre el «asesinato» de su hermano mayor. / PEDRO URRESTI

Esta vizcaína viaja a Suecia para que se investigue la muerte de su hermano mayor, cuyo cuerpo apareció sin varios órganos vitales

David S. Olabarri

DAVID S. OLABARRI Blanca sigue luchando. Lleva haciéndolo desde que el cadáver de Miguel Ángel Martínez, su hermano mayor, apareció hace 12 años a orillas del fiordo de Lindingö, una zona acomodada de Estocolmo (Suecia). Su objetivo siempre ha sido el mismo: saber quién mató a su hermano y extrajo su corazón y parte de su hígado.

Blanca lleva peleando desde entonces. Contra la «opacidad» y la «falta de sensibilidad» de la administración sueca, pero también contra la «inacción» de las instituciones vascas y españolas. La Policía escandinava sostiene que Miguel Ángel, un vecino de Algorta que estaba haciendo un viaje por Europa, se suicidó. Pero Blanca acumula en su casa cientos de documentos oficiales que muestran «infinidad de irregularidades» en la investigación de la muerte de su hermano. Entre otras muchas, no existen fotografías del levantamiento del cadáver ni de la autopsia. De hecho, su familia no supo que le faltaban varios órganos hasta que el cuerpo llegó a Londres en 2005, donde fue sometido a un segundo examen forense. Blanca sospecha que a su hermano -que estaba diagnosticado de esquizofrenia, aunque tenía la enfermedad controlada desde hacía años- le mataron y le quitaron los órganos porque pensaron que era un extranjero que no le importaba a nadie.

Cronología

22 de septiembre de 2005.
El cuerpo de Miguel Ángel Martínez, un vecino de Algorta de 45 años, aparece a orillas del fiordo de Lindingö, un barrio de clase alta de Estocolmo. La Policía sueca habla de suicidio y afirma que no existen signos de violencia en su muerte.
Noviembre de 2005.
El cuerpo llegó a Inglaterra, donde es sometido a un segundo examen forense. Comprueban que ha llegado sin corazón y sin más de la mitad del hígado. Sólo identifican seis órganos. Empieza la lucha por saber qué le pasó a Miguel Ángel.
Septiembre de 2017.
Blanca ni siquiera tiene pruebas de que el cadáver que enterraron fuese el de su hermano. Viaja a Suecia para pedir que se reabra la investigación.

Su esfuerzo, hasta ahora, no ha dado frutos. Ni siquiera sabe a ciencia cierta -censura- que el cuerpo que enterraron fuese el de su hermano, porque nunca les han proporcionado una prueba científica de ello. Ahora mismo están a la espera de que se autoricen en Inglaterra nuevos análisis que permitan despejar, al menos, esta incógnita. El propio Ararteko certificó que la familia de este vecino vizcaíno no ha recibido la atención debida durante todos estos años, en los que su caso apenas trascendió a la opinión pública porque las autoridades les pidieron que no denunciasen públicamente lo que había pasado, y que se han producido numerosas irregularidades.

Blanca, sin embargo, no está dispuesta a darse por vencida. Se lo debe a su hermano y a sus padres. Esta semana ha viajado a Estocolmo, «sola, sin apoyo institucional». Lo que quiere es acudir en persona a la Policía sueca, de la que ha recibido «numerosos portazos», con la esperanza de que abran una investigación «de verdad». Allí también tiene previsto entrevistarse con el cónsul de España. Ha viajado con una pequeña maleta con ropa y con copias de los cientos de documentos que ha recabado sobre la extraña muerte de su hermano. Ya sólo quiere saber la verdad.

Fotocopia del DNI

Blanca llega con muchas preguntas y espera poder aclarar algunas de ellas. Miguel Ángel iba a ser enterrado como un cadáver sin nombre. Sin embargo, fue identificado más tarde en el depósito de cadáveres por una enfermera sueca de raíces españolas, que revisó por «casualidad» sus bolsillos. Allí apareció una fotocopia del DNI del vizcaíno «doblada y mojada». Blanca sospecha que alguien puso ahí esa fotocopia con posterioridad a su fallecimiento porque cuando se lo entregaron, junto al resto de pertenencias de su hermano, estaba perfectamente conservada, algo físicamente imposible si se tiene en cuenta que el cadáver quizá estuvo varias semanas en el agua.

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Blanca sostiene que a su hermano, hallado a orillas de un fiordo, le asesinaron y quiere respuestas

INCÓGNITAS

También le gustaría saber qué pasó los días anteriores a su muerte. Miguel Ángel llevaba unos días con problemas con su tarjeta de crédito. Y fue detenido, indocumentado, porque se negaba a salir de la entidad sin antes sacar algo de dinero de su cuenta de la BBK, en la que tenía más de 12.000 euros. La fotocopia del DNI, sin embargo, no llegó a las autoridades suecas hasta tres horas después de que fuese puesto en libertad sin cargos, según consta en los registros oficiales recabados durante años por Blanca.

También le gustaría saber cómo es posible que a su hermano le extrajeran el corazón y parte del higado y nadie lo advirtiese en Estocolmo. De hecho, es algo que su familia no conoció hasta que el cadáver llegó a Londres, donde Miguel Ángel quería ser enterrado después de había vivido varios años allí. Y cómo es posible que, en esa segunda autopsia, no apreciasen signos de ahogamiento en los pulmones. Muchas preguntas.

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ELINDEPENDIENTE: UNA FAMILIA VASCA ESPERA DESDE HACE 3 AÑOS QUE LONDRES HAGA UNA PRUEBA DE ADN

Domingo, 11 de Junio de 2017

 Una familia vasca intenta desde hace más de tres años que la autoridad central jurídica del Reino Unido cumplimente la comisión rogatoria solicitada por la Fiscalía de la Audiencia Nacional y se proceda a la exhumación de un cadáver para que, mediante las pruebas de ADN, pueda confirmarse que es el vizcaíno Miguel Ángel Martínez Santamaría (Erandio, 1960) la persona enterrada bajo tal identificación en el cementerio londinense de Gunnersbury.

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Desde hace casi 12 años, Blanca Martínez Santamaría libra una batalla en los despachos para tratar de conocer las causas del fallecimiento de su hermano y si fue correctamente identificado debido al estado de descomposición que presentaba el cuerpo, ante las sombras que arroja esta muerte y los deficientes trámites administrativos posteriores. Ella aventa el caso enmedio de la indignación que ha supuesto en España la tardanza de las autoridades británicas en confirmar si una de los ocho víctimas mortales tras el atentado terrorista del pasado sábado en Londres era Ignacio Echeverría, para lo que tuvieron que transcurrir cuatro días. “Si en un caso tan mediático y dramático como el de Ignacio Echeverría, 48 horas después del atentado su familia desconocía aún su paradero, imagínense lo que puede vivir una familia si su desaparecido o la muerte de su familiar no es noticia ni importante”, se lamenta.

La única certeza que tiene Blanca es que su hermano abandonó la casa familiar de Algorta -barrio del municipio vizcaíno de Guecho- el 28 de abril de 2005 para iniciar unas vacaciones por Europa. No hubo viaje de vuelta. Según la tesis de la Policía sueca, Miguel Ángel Martínez Santamaría habría muerto supuestamente ahogado tras arrojarse desde un ferry que cubre el trayecto entre Helsinki (Finlandia) y Estocolmo (Suecia) semanas antes de que su cuerpo apareciera flotando en aguas próximas al barrio de Lidingö, en la capital sueca. El tiempo transcurrido no ha logrado despejar las numerosas dudas que envuelven este caso.

MAMS-1440x808La aparición del cuerpo tuvo lugar el 22 de septiembre de 2005. La hermana del fallecido sitúa ahí el origen de la cadena de despropósitos que, más de una década después, les impide tener la certeza de que la persona identificada como Miguel Ángel Martínez Santamaría es realmente él. No se presentó ninguna autoridad judicial ni forense para proceder al levantamiento del cadáver y no se tomaron fotografías, denuncia Blanca Martínez Santamaría.

“En la exploración externa e interna, el cadáver presentaba estado cadavérico, retención de agua, hematomas en tejidos blandos zona costal derecha, diafragma y cápsula suprarrenal derecha, seguramente en relación con la caída/salto desde un lugar elevado; por los demás, órganos internos bastante normales, aunque en estado cadavérico. Se le realiza un estudio odontológico”, detalla la autopsia realizada por la forense sueca Petra Rästen-Almqvist cinco días después de la aparición del cuerpo. A éste se le atribuyó la identidad de Miguel Ángel Martínez Santamaría al encontrarse una fotocopia de su DNI “mojada y doblada” en un bolsillo del pantalón que vestía, lo que cuestiona abiertamente la familia. “La Policía y la Fiscalía me han dicho que es imposible que esa fotocopia hubiera estado en el agua, habría estado más destrozada”, denuncia. Otra incógnita más.

Según cuenta Blanca, su hermano deseaba que, en caso de morir, fuera enterrado en el nicho donde reposaban los restos de su antigua novia en un cementerio de Londres, ciudad en la que había vivido varios años. El cadáver se trasladó a la capital inglesa sin salvoconducto mortuorio y sin que, en el certificado de defunción, se detallara el motivo de la muerte. “No se puede repatriar un cadáver, según la ley, sin que se conozca la causa de fallecimiento. Y en el certificado que emite la Embajada de España en Suecia esa casilla aparece en blanco”, comenta. Sea como fuere, el cuerpo sin vida de Martínez Santamaría llegó al Reino Unido el 4 de noviembre de 2005 y, dos semanas después, tuvo lugar el entierro en Gunnersbury.

La investigación abierta por un juez de Londres para determinar la identificación y la causa de la muerte, obligatorios en el Reino Unido, se cerró el 22 de marzo de 2006 con una conclusión sorprendente: sus pulmones eran normales, pero no se pudo concretar de qué murió Miguel Ángel Martínez Santamaría por ausencia del corazón. Así se detalla en el examen post mortem, conocido cuando el cuerpo levaba enterrado cuatro meses. La familia española interpuso una denuncia en Suecia por tráfico de órganos, pero asegura desconocer si se han investigado los hechos.

La Policía sueca dio por terminada la investigación el 12 de enero de 2006, una vez conocido el resultado final de la autopsia realizada en el país escandinavo tras el hallazgo del cuerpo y que se hubiera constatado la inexistencia de pruebas que apuntaran a un homicidio. El fax enviado a la Policía española era concluyente: “El caso está cerrado. Se trata de un suicidio”

Todos los intentos realizados por la familia para que se reabra el caso en Suecia a la vista del dictamen del examen post mortem realizado en Reino Unido han sido infructuosos y las incógnitas siguen planeando 11 años y ocho meses después. “Durante mi investigación, no encontré nada que indicara un manejo ilegal o incorrecto del caso por parte de la Policía o forense. Ciertamente lamento que usted considere que las respuestas que le dieron directamente las autoridades suecas sean oscuras y contradictorias. No obstante, debemos negar la reapertura de la investigación finalizada por mi oficina. De acuerdo a nuestra legislación, debería solamente bajo circunstancias muy especiales investigar casos en los que los acontecimientos tuvieron lugar hace más de dos años”, respondió el Defensor del Pueblo sueco a Blanca Martínez Santamaría en 2009 tras su segunda queja por la presunta negligencia policial.

Esta mujer ha llamado a muchas puertas y ha pisado muchos despachos en la batalla que libra para conocer si el cuerpo que le entregaron como si fuera el de su hermano es realmente el de él. Ha entregado un dosier de 257 páginas a la Embajada de España en Estocolmo, al Ministerio de Asuntos Exteriores, al Gobierno Vasco, al Parlamento Europeo, a Amnistía Internacional, a la Policía española y al Defensor del Pueblo del País Vasco… Y la gran incógnita sigue sin resolverse.

A la vista del escaso avance, a principios de 2014 solicitó a la Fiscalía Superior del País Vasco que requiriera una copia íntegra del expediente de Miguel Ángel Martínez Santamaría a la Policía sueca y a la Embajada de España en Londres, así como una comisión rogatoria a las autoridades judiciales de Londres para que se pueda proceder a la exhumación del cadáver a fin de que se le practiquen las pruebas de ADN. El caso se derivó a la Fiscalía de la Audiencia Nacional por ser el órgano competente.

Desde hace casi tres años, la Audiencia Nacional espera que las autoridades judiciales del Reino Unido cumplimenten la comisión rogatoria y accedan a exhumar el cuerpo supuestamente de Miguel Ángel Martínez Santamaría para que pueda llevarse a cabo la prueba de ADN y la familia pueda al fin descansar: conocer si el cuerpo enterrado en Gunnersbury corresponde verdaderamente al de su familiar. Hasta que no se cierre definitivamente el caso en España no pueden acudir al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, una de las escasas puertas que les queda por llamar después de casi 12 años de lucha.

FISCALIA AUDIENCIA NACIONAL

“Si eres víctima de un delito o desaparición en el extranjero no esperes que nadie defienda tus derechos. No esperes nada de tu embajada, Ministerio de Asuntos Exteriores o Policía. Dirán que no tienen competencias (incierto) y te convertirás en un don nadie”, concluye Blanca Martínez Santamaría, que exige que los países cumplan la directiva europea sobre víctimas de delitos violentos. “Estamos mandando a nuestros hijos a Europa y si pasa cualquier cosa, ¿estamos protegidos o dependemos del interés del país donde ocurra?” se pregunta en voz alta.

http://www.elindependiente.com/politica/2017/06/11/una-familia-vasca-espera-desde-hace-tres-anos-que-londres-haga-una-prueba-de-adn/

  REDACTOR 
   
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3 AÑOS TRAS PRUEBA ADN EN LONDRES

FISCALIA AUDIENCIA NACIONAL

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IGNACIO ECHEVERRIA DESAPARECIDO EN LONDRES

La familia de Ignacio Echeverría, madrileño desaparecido tras los atentados de Londres, lleva 2 días buscando desesperadamente a Ignacio y ni las autoridades inglesas ni españolas han sabido darles una respuesta. Esta familia es víctima de los atentados de Londres por la falta de respuesta institucional, por el silencio de las autoridades inglesas.

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El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ha pedido este lunes  “tranquilidad” a los familiares de Ignacio, al mismo tiempo que ha apuntado que  “puede estar” entre los heridos que fueron atendidos y “sedados” tras  el ataque. ¿Tranquilidad? ¿Qué familia estaría tranquila si su hijo, hermano,… está desaparecido 48 horas después de un atentado donde un amigo cuenta que vio como le apuñalaban? ¿El lo estaría?

El ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, ha asegurado  que, de momento, las autoridades españolas no tienen novedades sobre su paradero pero que están presionando a las autoridades británicas para que les den acceso a los nombres de los fallecidos y al registro de los hospitales. ¿Presionar para que les den acceso a los nombres de fallecidos y heridos?

Increíble, inaceptable, insoportable,…  Terrible para su familia a la que me gustaría mandar todo mi apoyo y  que aparezca lo antes posible.

Llevo 11 años denunciando la falta de apoyo institucional, de respuesta a los ciudadanos y a sus familias que tienen la desgracia de ser victimas de delito violento o desaparición en el extranjero.

Sí en un caso tan mediático y dramático como el de Ignacio Echeverria, su familia pasadas 48 horas tras el atentado su familia desconoce su paradero, imagínense lo que puede vivir una familia sí su desaparecido o la muerte de su familiar no es noticia ni importante.

Hace 11 años la Policía de Estocolmo nos entregó un cadáver “quizás” el de mi hermano Miguel Angel. 2 meses después lo enterramos en el Cementerio de Gunnesbury en Londres, como era su deseo tras vivir varios años en esa ciudad. En Londres le realizaron un examen postmortem certificando que sus pulmones eran normales pero que no se podía determinar la causa de su muerte por la ausencia del corazón.  La Policía sueca nos había hecho creer que había muerto ahogado alegando que había aparecido en el agua y que se había tirado desde un ferry procedente de Finlandia, aunque no encontraron billete ni testigos y lo que era más extraño, no tenía ningún hueso roto.

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También nos dijeron que no se podía saber la causa ni circunstancias del fallecimiento por el estado de descomposición en el que se encontraba el cadáver aunque en del bolsillo de su pantalón encontraron “milagrosamente” esta COPIA del DNI de Miguel Angel.

La Policía de Estocolmo afirma que no sacaron fotografías en el levantamiento del cadáver, es más, el policía encargado de la investigación desconocía el lugar exacto donde había aparecido; en el Departamento Forense de Solna, Karolinska, tampoco hicieron fotografías durante la autopsia. No nos permitieron identificar el cadáver. En 11 años nadie ha entregado el Certificado de la prueba de identificación tal y como he solicitado reiteradamente.

¿Y sí el cadáver que hemos enterrado no es Miguel Angel?

Hace 3 años La Fiscalia de la Audiencia Nacional ha solicitado a Londres la exhumación del cadáver para la realización de una prueba de ADN, dicen que Londres no ha respondido, SILENCIO

En el caso de Miguel Angel todo se ha hecho mal desde el principio, ni la identificación.

Estos años, he vivido en primera persona, con rabia y perplejidad, la inexistencia de un Departamento, Entidad o Asociación alguna donde dirigirme, e incluso he tocado puertas donde “legalmente” debería haber encontrado apoyo (Policía sueca; Defensor del pueblo sueco “Ombudsman”, español y Ararteko; Interpol; Sirene; Policía judicial de Bilbao; Ministerio del Interior;  Embajada de España en Estocolmo; Subdirección General de Protección de españoles en el extranjero del Ministerio de Asuntos Exteriores; Departamento de Derechos Humanos del Gobierno Vasco; Servicio de Atención a la víctima; Parlamento Europeo; Políticos varios; Asociaciones de victimas; y en la mayoría de los casos,  lo único que he encontrado ha sido  frases como “tienes toda la razón pero no te podemos ayudar porque como ha ocurrido en Suecia”o  SILENCIO ADMINISTRATIVO (debería estar prohibido). He realizado miles de llamadas de teléfono y escritos sin respuesta alguna;  alguna promesa incumplida; alguna respuesta ofensiva.

Mi conclusión: Sí eres víctima de un delito o desaparición en el extranjero no esperes que NADIE defienda tus derechos. No esperes nada de tu Embajada, Ministerio de Asuntos Exteriores o Policía, dirán que NO tienen COMPETENCIAS (incierto) y te convertirás en un DON NADIE.

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11 AÑOS TRAS UNA PRUEBA DE ADN

Suecia nos entregó un cadáver que no fue identificado y al que faltaban varios órganos vitales entre otros el corazón; un certificado de defunción de la Embajada de España en Estocolmo y cuatro fotocopias.

En un principio no se sabía si se trataba de un “ACTO CRIMINAL”, cuando reclame me confirmaron con rotundidad que era un “SUICIDIO” (se había tirado de un puente pero finalmente se tiró de un barco proveniente de Finlandia sin ninguna prueba y sin ningún hueso roto),  5 años después el Ministerio de Interior español lo definió como “LAMENTABLE ACCIDENTE” y hace un mes la fiscalía de la Audiencia Nacional me ha remitido la traducción de un documento en sueco donde dice “ACCIDENTE DE TRÁFICO”.

En cuanto la causa de fallecimiento la Policía sueca certificó que se había ahogado (alegando que había aparecido flotando en el agua) pero un segundo examen postmortem negó el ahogamiento (pulmones normales) aunque  no pudo determinar la causa de fallecimiento por ausencia del corazón.

11 años llevo intentando conocer las causas del fallecimiento de mi hermano Miguel Angel y lo que es peor sí el cadáver que hemos enterrado sea el suyo.

11 años intentado denunciar irregularidades en la investigación policial en Suecia, irregularidades forenses en Suecia y me ha resultado IMPOSIBLE, en Suecia es casi imposible denunciar a la policía.

No existen fotografías del cadáver ni del levantamiento ni de la Autopsia, no nos permitieron identificarlo, no existió investigación policial,.. etc. pero sobre todo muchas mentiras. Nos entregaron este papel legible, fotocopia del DNI de Miguel Angel, afirmando que una enfermera del Departamento forense (no la policía) lo había encontrado en el bolsillo de su pantalón, increíble pero cierto, este papel pudo permanecer mes y medio en el agua……DNI REMITIDO Y ENCONTRADO2

En estos 11 años he acudido a Protección de españoles en el extranjero del Ministerio de Asuntos Exteriores, a la Embajada de España en Suecia, Policía nacional,  Defensor del Pueblo, Delegado del Gobierno en el País Vasco, Parlamento europeo, Ombudsman sueco,  Justicia, Senado, Parlamentarios, ……etc. y NADIE ha hecho nada.  Lo peor es que me han insultado, me han preguntado a ver si estaba loca como mi hermano, me han mandado al psicólogo,… esas personas que se creen y que algunas personas consideran  “superiores” por ocupar un cargo de mayor o menor importancia se creen estar por encima del bien o del mal, menospreciando y humillando sin ningún tipo de empatía a toda persona que vaya pidiendo explicaciones sobre su mala gestión. He coincidido con “personas” que públicamente dan clases de moralidad pero que en petit comité son sanguijuelas.

Hace 11 años descubrí que sí tienes la mala suerte de ser víctima en el extranjero nadie te va a defender, es más, tu Embajada no va a mover un dedo. A los que ocupan ciertos sillones les das igual, es más, se ríen de tu desgracia.

En caso de fallecimiento no hay que permitir la incineración aunque tu Embajada te lo aconseje para ahorrar costos. Pero sobre todo hay que exigir a las Embajadas y Consulados no permitir la repatriación de un cadáver sin estar documentada su identificación y  causa de fallecimiento.

Espero que muy pronto permitan la exhumación, tal y como lo ha solicitado la Fiscalia de la Audiencia nacional, del cadáver  que nos entregó Suecia y saber con certeza que el cadáver es el de mi hermano Miguel Angel, algo que deberían haber certificado hace 11 años.

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ETB2 AHORA 27.10.2016

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11 AÑOS DE SILENCIO

En 11 años y 10 meses NINGUNA AUTORIDAD POLICIAL o JUDICIAL ha presentado una prueba de identificación (no hay fotos del cadáver, no nos permitieron identificarlo ni existe un certificado de identificación). LA RESPUESTA durante estos años ha sido SILENCIO

Quizás, a mi hermano Miguel Angel le mataron  y  pudo ser objeto de tráfico de órganos en Suecia pero no se puede investigar el caso porque no existe prueba alguna de que sea Miguel Angel la persona que enterramos.

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Si he llegado a esta conclusión es por todo lo que llevo viviendo y escuchando durante estos 11 últimos años, por la documentación que he ido recopilando y porque NADIE ha investigado el caso ni se han molestado en intentar convencerme con argumentos de lo contrario.

Hace más de 11 años una llamada telefónica cambio mi vida y la de mi familia. Eran las ocho de la noche y estaba cambiando los pañales a mi hija. Dudo que olvidé algún día esas palabras “¿Eres la hermana de Miguel Angel? Le llamo de la Policía de Bilbao, su madre me ha pedido que le llame, ha aparecido un cadáver en avanzado estado de descomposición flotando en aguas de Estocolmo que portaba una fotocopia del DNI de su hermano Miguel Angel, le han matado, le han cortado la mano derecha para evitar su identificación…..”. No podía asimilar lo que me estaba contando, mi único pensamiento era mi madre.

Así comenzó una pesadilla que dura 11 años, en los que me he dedicado en cuerpo y alma en investigar qué pudo ocurrir a mi hermano. He suplicado a Instituciones suecas, españolas, europeas, vascas y NADIE ha hecho absolutamente nada y todo lo que he conseguido ha sido a base de pelear, insistir y aunque ha habido muchos momentos que pensaba que no podía más, siempre he tenido a mi lado alguien que me ha animado a seguir. He recibido humillaciones, insultos,  personas con cargos importantes, defensoras de derechos humanos, “gente buena” sólo en apariencia, pero lo que más me ha dolido es la indiferencia, el desprecio hacia la persona de mi hermano Miguel Angel, para mi solo era y es MI HERMANO EL MAYOR.

Además de la tristeza por la pérdida de un hermano tuve que decidir entre la resignación, seguir con mi vida cotidiana como si nada hubiese ocurrido o  seguir luchando por defender los derechos de mi hermano y los de mi familia,  si estoy aquí es porque decidí luchar. Porque tenemos derecho a conocer las circunstancias de su muerte, tenemos derecho a que nos traten con dignidad, respeto y las Instituciones tienen la obligación de garantizar que nuestros derechos se cumplan.

Los suecos le trataron como un “sin nombre”, es más, así ordenó la Policía que lo enterraran y aquí ha recibido el mismo trato.

La Policía española no me ha entregado los documentos relacionados con la muerte de mi hermano alegando que son privados, en cambio, por diferentes Instituciones se han enviado sus informes médicos, indignante.

11 años después no sabemos  causa, fecha, circunstancias de su muerte ni tan siquiera si el cadáver que hemos enterrado sea el suyo. ¿Tortura Institucional?

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 ¿Alguien puede creer que este papel (copia del DNI) permaneció mes y medio en el agua?

En todo este tiempo, he vivido en primera persona, con rabia y perplejidad, la inexistencia de un Departamento, Entidad o Asociación alguna donde dirigirme, e incluso he tocado puertas donde “legalmente” debería haber encontrado apoyo (Policía sueca; Defensor del pueblo sueco “Ombudsman”, español y Ararteko; Interpol; Sirene; Policía judicial de Bilbao; Ministerio del Interior;  Embajada de España en Estocolmo; Subdirección General de Protección de españoles en el extranjero del Ministerio de Asuntos Exteriores; Departamento de Derechos Humanos del Gobierno Vasco; Servicio de Atención a la víctima; Parlamento Europeo; Políticos varios; Asociaciones de victimas; Alcalde de Getxo…etc.) y en la mayoría de los casos,  lo único que he encontrado ha sido  frases como “tienes toda la razón pero no te podemos ayudar porque como ha ocurrido en Suecia”o  SILENCIO ADMINISTRATIVO (debería estar prohibido). He realizado miles de llamadas de teléfono y escritos sin respuesta alguna;  alguna promesa incumplida; alguna respuesta ofensiva.

He tenido que escuchar como una jabata (porque sí gritas eres una loca) que le han matado por ser un ser un DON NADIE,  un ser marginal, en definitiva, un vagabundo además de loco,  alguien que no cuenta,  que no sirve, que no importa. Estaban hablando de mi hermano y encima les he tenido que agradecer por atenderme.

NINGUNA INSTITUCIÓN SUECA, ESPAÑOLA, EUROPEA O VASCA HA HECHO ABSOLUTAMENTE NADA y estoy convencida que por esta falta de acompañamiento mi familia se encuentra en esta situación de desamparo e injusticia.

11 años de SILENCIO, nadie ha llamado a mis padres, Angel e Isabel, con 86 y 84 años y siguen esperando respuestas, no quieren morir sin saber sí es su hijo el que está enterrado en Londres.

11 años intentando buscar respuestas, poner una denuncia (algo que en Suecia no permiten) y ayuda institucional. El 3 de enero de 2014 por fin la Policía de Estocolmo nos permitió denunciar los hechos (en inglés), recibimos una copia de la denuncia (en sueco) y no hemos tenido noticias de la misma ni nos ha llamado para testificar. Una denuncia por tráfico de órganos de un ciudadano europeo y no se ha abierto una investigación.

Sí he decidido hacerlo público es porque mi familia, mis padres necesitamos saber si la persona que hemos enterrado es Miguel Angel. Queremos que se abra una investigación en Suecia y evitar que otras familias pasen por lo esta situación tan terrible. Porque pienso que hay muchos más casos como el de mi hermano aunque quizás ni sus familias tengan conocimiento de ello. Y lo que es más importante, para que ninguna familia se encuentre en la misma situación de desamparo y silencio como la que a mi familia nos ha tocado vivir y todavía seguimos viviendo.

No nos engañemos, existen leyes de repatriación, Directivas que defienden los derechos de víctimas de delitos violentos, Directivas que defienden a las víctimas de trata de personas (tráfico de órganos) a nivel europeo pero las Instituciones de los diferentes países, no la ciudadanía, incumplen estas leyes que ellos mismos han firmado para hacernos creer que existe la Justicia, pero la realidad es otra bien diferente

La Fiscalia de la Audiencia Nacional ha pedido la exhumación a Londres y la realización de una prueba de ADN para saber sí el cadáver que enterramos es el de Miguel Angel, Londres no ha contestado y quizás nunca lo haga porque ninguna Institución sueca, europea, española o inglesa tiene el mínimo interés por esclarecer los hechos.

FISCALIA AUDIENCIA NACIONAL

Quizás, a pesar de tanta lucha, no consiga ni tan siquiera la realización de esta prueba de ADN que acabaría con la tortura institucional que ya dura 11 años.

Sí mi hermano o cualquier ciudadano hubiese cometido un delito habría pagado por ello, en cambio sí el delito lo cometen Instituciones públicas no existe ni tan siquiera una investigación y de Justicia mejor ni hablar.

¿ES EUROPA  UN ESPACIO DE LIBERTAD, SEGURIDAD Y JUSTICIA?

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Respuesta UE a la denuncia “sin investigar” de Tráfico de órganos

Casi 11 años después seguimos esperando una explicación pero sobre todo la realización de una prueba de ADN que confirme que la persona que hemos enterrado es Miguel Angel.

Casi 11 años después la respuesta de las instituciones suecas, europeas, inglesas y españolas es SILENCIO

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COMPARECENCIA EN EL PARLAMENTO VASCO

SOSDESAPARECIDOS EUSKADI pide apoyo por igual a las familias de desaparecidos

Exige en el Parlamento Vasco un protocolo único a nivel europeo

Martes, 14 de Junio de 2016

GASTEIZ – La coordinadora de SOSDesaparecidos Euskadi, Blanca Martínez Santamaría, pidió ayer la apertura de oficinas que atiendan a las familias de desaparecidos con personal especializado y la creación de un protocolo de asistencia y apoyo integral para tratar a todas por igual.

Blanca Martínez Santamaría, cuyo hermano Miguel Ángel desapareció en 2005 en Suecia, compareció en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco junto a Ana María Herrero, madre de Borja Lázaro, el fotoperiodista gasteiztarra desaparecido hace ya dos años en Colombia, y María Jesús, madre de Sabino Llona, el joven bilbaíno desaparecido en Florida (Estados Unidos) en el año 2004.

La coordinadora de SOSDesaparecidos Euskadi explicó ante la Comisión de derechos Humanos del Parlamento Vasco que en Europa 10.000 personas al año, nunca vuelven a aparecer, en su mayoría menores  vulnerables y, lo que es peor, nadie les está buscando.

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Un 8% de las denuncias de personas desaparecidas no vuelven a aparecer nunca más y advirtió a los parlamentarios de que aunque parezca “un porcentaje mínimo, al tratarse de personas, este dato se vuelve una barbaridad”.

 

En este sentido, opinó que no se trata de un problema familiar sino de “un drama social y una tragedia internacional” en la que las familias buscan respuestas “porque necesitan encontrar a sus seres queridos aunque sea para enterrarlos”.

Blanca Martínez Santamaría también lamentó que haya desaparecidos “de primera y de segunda” porque algunos casos jamás salen en los medios de comunicación y las familias no reciben ningún apoyo.

En este sentido, la coordinadora de SOSDesaparecidos Euskadi exigió que haya un protocolo único de actuación a nivel europeo para todos los casos y, en este sentido, aplaudió el hecho de que el Gobierno Vasco esté actualmente abanderando la elaboración de este protocolo, que será “un referente” para el resto de comunidades y para Europa.

No obstante, también solicitó de que se escuche la voz de las familias para su elaboración porque recordó que nadie mejor que los propios afectados “para saber dónde están los fallos y qué se debe mejorar”.

La coordinadora de SOSDesaparecidos Euskadi también pidió que se elabore un registro oficial de desaparecidos, la identificación de los 4.000 cadáveres que esperan a serlo en las morgues españolas, y unidades especializadas en desapariciones.

En su intervención, Blanca Martínez Santamaría relató el problema de la victimización secundaria, que se produce cuando “las instituciones que deberían proteger a las familias, en algunos casos no sólo no lo hacen sino que además humillan” a las familias.

RESPETO PARA LAS FAMILIAS En este sentido, coordinadora de SOSDesaparecidos Euskadi también pidió respeto para las familias de los desaparecidos y denunció que todavía hoy en día tiene que escuchar “cosas que no debería” cuando acude a una institución a pedir ayuda para encontrar respuestas. “Necesitamos saber desde el primer momento a dónde dirigirnos, queremos que se nos informe y no tener que estar suplicando a las instituciones apoyo a algo tan normal como conocer en qué punto está la investigación”, indicó.

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Asimismo, Blanca Martínez Santamaría advirtió de que cuando las desapariciones se producen en otros países las dificultades a las que se enfrentan las familias se multiplican y una queja recurrente es el “desamparo” que sienten los familiares por parte de las Embajadas y Consulados.

 

Por último, durante su comparecencia quiso agradecer a los ayuntamientos de Arrigorriaga, Galdakao, Gasteiz, Getxo y Bilbao su solidaridad al haber aprobado declaraciones institucionales de apoyo y, por ese motivo, la coordinadora de SOSDesaparecidos Euskadi también quiso solicitar el del Parlamento Vasco porque ese gesto les daría “mucha fuerza para seguir luchando”.

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